Las vans nos pasaron a buscar a las 9 de la mañana, ligeramente cansadas pero entusiasmadas, comenzamos un viaje de 2 hs hasta una pequeña granja a orillas del río Manso, donde desayunamos. El lugar es idílico, un prado de un increíble color verde profundo, un río moteado, cielo azul y rodeado por increíbles montañas. La gente del equipo que organiza la excursión son amables, prontos a ayudar y parecen estar muy bien entrenados, nos sentimos en buenas manos a pesar de que algunas de nosotras no hemos hecho rafting anteriormente y la idea nos da un poco de temor.
Entusiasmadas nos pusimos los ajustados trajes de buceo, chalecos salvavidas, cascos y nos abocamos a solucionar el asunto del calzado… Se puede usar zapatillas (que quedarán empapadas) o sandalias. Pero en caso de caer del bote, perderá su calzado y, como uno de los guías comentara: “sus zapatos se van para Chile junto con el río!” dado que no teníamos sandalias apropiadas se nos ocurrió una idea: usar los cordones de las zapatillas para atar las ojotas lo que sorprendentemente resultó una buena idea, ¡ninguna de nosotras perdió su calzado!
Luego de que el guía nos diera algunos consejos comenzamos nuestro rafting a Chile. Una experiencia increíble y muy divertida. Nuestro grupo sigue cuidadosamente las instrucciones que va dando el líder: “Adelante! Adelante!”, “Stooop!”. Ocupadas con los remos en este caudaloso río no pudimos realmente disfrutar el paisaje, sólo a veces entre las partes más agitas hay un poco de calma, el gomón flota en el río y de repente se escuchan los aaaahhhh y wooooowww!, sencillamente el paraíso, haciendo rafting en el corazón de los Andes!
Las partes más álgidas del río son para palear como el diablo y una de nosotras cayó al agua helada, aún así es tan divertido y los botes son tan seguros y los guías atentos que inmediatamente socorren si alguien cae del bote, por lo que no hay realmente razón para temer. Al finalizar nuestra experiencia, heladas y exhaustas, arribamos a un adorable miradero desde donde se ve la frontera y tomamos las obligadas fotos junto al cartel que indica CHILE con la ropa de rafting. Finalmente nos quitamos los trajes de neoprene y de vuelta a la van, felices y exhaustas emprendimos el viaje de vuelta a la granja donde, luego de un corto descanso nos esperaba un típico asado argentino, ¡yum, yum!
En el viaje de vuelta no quedó nadie despierto, imposible hacer algo durante el resto de la tarde, nuevamente temprano a la camita. Dicen que Bariloche tiene una gran vida nocturna, lamentablemente no estábamos en condiciones de aprovecharla…
Para el día siguiente, nuestro último en Bariloche, también teníamos grandes planes: ¡paseo a caballo en una estancia! Nuevamente nos pasan a buscar a las 10 de la mañana y viajamos hacia el medio de la nada que termina en una hermosa estancia llamada “Fortín Chacabuco”.
El edificio es de muy buen gusto, la familia es muy amable y unos 20 caballos nos aguardan al frente de la casa. Todos parecen calmos y fáciles de manejar, hasta un miembro de nuestro grupo que les tiene miedo toma coraje y monta uno para comenzar el paseo. Uno detrás del otro, cabalgamos en un hermoso paisaje, atravesamos el bosque y recorremos los campos. Es el escenario perfecto para una película de vaqueros, un poco como la publicidad de Malboro pero mil veces mejor. ¡Disfrutar el aroma, el silencio, el espacio abierto, mientras montamos a caballo es realmente increíble! Es totalmente distinto a la equitación que se practica en Europa, no hay senderos, no hay reglas, sólo la inmensidad y cabalgar libremente.

Algunas de nosotras somos buenos jinetes y el dueño de la estancia nos lleva a buscar sus caballos que pastan libremente en el campo. Encontramos 3 caballos en lo alto de una colina y los hicimos bajar al valle, donde nos esperaban otros 3. Galopando a gran velocidad sobre la pradera nos acercarnos a los caballos y los hacemos agrupar con el resto. Así perseguimos 6 caballos, gritando y voceando para mantenerlos juntos. Las chicas nos sentimos como vaqueras detrás de una misión- ¡una experiencia inolvidable!
Luego de dos horas de una interminable experiencia al natural, retornamos a la estancia donde la familia había preparado una sorprendente parrillada que nos perdimos pues teníamos que volver para tomar el ómnibus a Puerto Madryn.
En la semana publicaremos las otras dos etapas de este agitado viaje por la Patagonia argentina.
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