Munich de Costanera Sur. Construido por el arquitecto húngaro Andrés Kálnay en 1927 ese pequeño palacio, fue durante tres décadas un lugar frecuentado por la clase alta porteña. La terraza del primer piso ofrece una mirada espectacular del río alrededor de la reserva ecológica que se encuentra enfrente.
Cerca del Centro de Museos de Buenos se puede visitar el Museo de Calcos, ofreciendo calcos de conocidas esculturas egipcias, griegas (arcaicas, clásicas y helenísticas), romanas, románicas, góticas y renacentistas llegadas al país entre 1923 y 1930.
Entre las más destacadas se encuentran: El David, La Piedad y el Moisés de Miguel Angel, junto a la Venus de Milo, la cabeza de Nefertiti, La Victoria de Samotracia. Vale la pena visitarlo, las esculturas, si bien no son las originales, son un calco exacto y se realizaron durante la Primer Guerra mundial, pues se temía que pudieran perderse.


El Museo se encuentra en el mismo edificio que la Escuela
de Arte Sívori, en sus jardines, los concesionarios del kiosco que atendía
a los alumnos, han ido ampliando modestamente las instalaciones y ahora hay
una pequeña parrilla para comer un asadito, adorable. Un dato extra,
pueden pedir una mesa debajo de unas esplendorosas higueras, muy recomendable
en el verano.
El lugar es muy económico y hasta los que concurrimos
a pasear en bicicleta a la reserva Ecológica, solemos parar aunque sea
a comer un choripán (sándwich de chorizo).
Cruzando el parque y caminando a lo largo del río por la hermosa costanera que baja hasta la laguna de los Coipos, paralelo a la avenida costanera Tristán Achaval, nos dirigimos hasta la entrada principal de la reserva ecológica. Al costado de la entrada hay un precioso boulevard que se adentra en el río, es el espigón Plus Ultra. Enfrente, en una pequeña plazoleta en medio de la avenida, se ubica la Fuente de las Nereidas, una obra monumental de la escultora Lola Mora, realizada en 1903 en mármol de Carrara. En el grupo escultórico, la diosa Venus surge del mar acompañada por un séquito de nereidas y tritones que la sostienen.
La reserva misma se formó espontáneamente alrededor del año 1970, debido a los trabajos de relleno realizados por el club de futbol Boca Junios para construir allí su ciudad deportiva. Cuando el club abandonó el proyecto, debido a los trabajos de relleno realizado y a los barros y arenas que el río arrastra (es el desague del Paraná) se fueron formando rápidamente islas que luego se consolidaron. En una área de 30 hectáreas la flora y fauna representativa de la región se vengó de la ciudad. Espontáneamente se formaron lagunas, bañados, cortadera, pastizales, malezas, yuyos, sauces, alisos, álamos; luego, el mismo río trajo a los ocupantes: patos, garzas, lagartos overos, chiflones, cardenillas, zorzales y tijeretas entre más de cien especies.
El parque está bien armado, tiene senderos amplios, frente de las tres lagunas (Laguna de las Gaviotas, Laguna de los Patos y Laguna de los Coipos) que forman parte de esa naturaleza espectacular y que le dan su forma característica. Pero si va en busca de tranquilidad y descanso no hay que preocuparse, pues hay suficientes prados distantes de los senderos (muy poblados durante los fines de semana), en los cuales uno puede disfrutar del ambiente natural o hacer un picnic romántico, lejos del estrés. Frente a la reserva, próximo a las nereidas, hay también un pequeño teatro al aire libre, un lugar para reponerse en unos de esos días del caliente verano porteño; a veces hay música o fiestas en la calle, muy divertidos. La zona se encuentra en constante crecimiento, nuevas construcciones se alzan en medio del verde y numerosos parques se habilitan continuamente.
Guía de viaje: cómo llegar a Puerto Madero
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Markus Leiter
Departamento amoblado en alquiler en Buenos Aires