Una Visión Crítica Sobre China Desde el Centro del Poder Global

Chalmers Johnson está finalizando una trilogía de libros dedicados a la declinación del poder global de los EE.UU.

Estos son “Blowback: The Costs and Consequences of American Empire”. Publicado en castellano como: “Blowback. Costes y consecuencias del imperio americano” (New York: Holt Metropolitan Books, 2000) fue el primero y The Sorrows of Empire: Militarism, Secrecy, and the End of the Republic, publicado por Metropolitan en 2004. El libro fue traducido al castellano como “Las desgracias del imperio: militarismo, espionaje y fin de la república”

Blowback ganó, en el 2001, el American Book Award de la Before Columbus Foundation.
Ambos libros han sido traducidos al portugués (por el grupo brasilero Editorial Record – www.record.com.br ) y al castellano (por la Editorial Crítica de Barcelona – www.ed-critica.es – y por la Editorial Laetoli de Pamplona – www.laetoli.net ). El libro final de la trilogía se titula Twilight of the American Republic y se trata de “las consecuencias del imperialismo y militarismo Americano”.

El argumento principal de la trilogía: Los EE.UU. se embarcaron en un camino no tan diferente del de la Unión Soviética en su período de declinación.

“Los EEUU. eran por lejos el más saludable de los dos superpoderes de la Guerra Fría, por lo que le tomará más tiempo a la esclerosis producir el colapso de todo el edificio”, declaró Chalmers a Gurusonline.

Esta decadencia de los EE.UU. le da a los contrincantes globales una ventana de oportunidad. Chalmers Johnson es presidente del Japan Policy Research Institute, una organización sin fines de lucro dedicada a la investigación y los asuntos públicos, con sede en California, que brinda educación pública en lo concerniente a Japón y a las relaciones internacionales en el Pacífico.

Durante cuarenta años (1962-1992) enseñó en los campus de Berkeley y San Diego pertenecientes a la Universidad de California y fue titular de cátedra en Política asiática en ambos.

En Berkeley se desempeñó como director del Center for Chinese Studies y, también como director del Department of Political Science. Tanto su título de grado como su Master y Ph.D. en Economía y en Ciencia Política, los obtuvo en la Universidad de California, Berkeley. Su historia personal está ligada a Asia. Vistó Japón por primera vez en 1953 como official de la marina norteamericana y vivió y trabajó allí, junto a su esposa la antropóloga Sheila K. Johnson, desde 1961 hasta 1998. Chalmers fue distinguido con fellowships de la Ford Foundation, el Social Science Research Council, y la Guggenheim Foundation; y en 1976 fue elegido fellow de la American Academy of Arts and Sciences.

Ha escrito numerosos artículos y reseñas, además de diez y seis libros, incluyendo Peasant Nationalism and Communist Power on the Chinese Revolution, An Instance of Treason, sobre el famoso espía japonés, Revolutionary Change sobre la teoría de los movimientos de protestas violentos, y MITI and the Japanese Miracle, sobre el desarrollo de la economía japonesa. Es director del comitée de consejo académico para las series televisivas de PBS: “The Pacific Century,” y tuvo un rol destacado en el documental de la PBS “Frontline” y en “Losing the War with Japan.” Ambos ganaron el Emmy awards. Chalmers Johnson es miembro del American Empire Project.

La entrevista con Chalmers Johnson

¿Está el Poder Global de los EE.UU. al final de su ciclo geo-politico? O pueden los EE.UU. duplicar el mandato hegemónico como hicieron los británicos por más de 200 años?

Creo que hoy los Estados Unidos están recorriendo el mismo camino que siguió la anterior Unión Soviética antes de su colapso en 1991. Hubo tres causas principales de la desintegración de la Unión Soviética, todas ellas están comenzando a asaltar seriamente los Estados Unidos.

¿Puede darnos algunos detalles?

Primero, extrema rigidez en las instituciones económicas, dictadas por una excesiva lectura literal de la ideología capitalista o de la Marxista-Leninista. Los Estos Unidos se caracterizan hoy por una unión entre los barones-bandoleros y los políticos de extrema derecha, muy similar a la denominada “edad dorada” de 1890 a 1914. La corrupción en los negocios del gobierno es profunda e institucionalizada, tal cual vemos en casos como Enron, la débil vigilancia sobre la industria farmacéutica y en la aniquilación de las leyes de protección ambiental a favor de las grandes corporaciones.

La segunda causa fue la sobre expansión, como la definió el historiador Paul Kennedy. Los EE.UU. tienen hoy más de 700 bases militares en 132 países que hay que mantener, además de las aventuras militares en Irak y Afganistán. Esta es una condición fatal.

Tercero, incapacidad para reformar. En el caso de la Antigua URSS, Gorbachov intentó reformar el sistema con la “perestroika” y el “glasnost” pero falló. Los EE.UU. ni siquiera tratan de reformarse. En cambio, han reelegido al suicida George W. Bush como presidente.

Primera Idea: “El mundo cambió el 2 de noviembre de 2004. La guerra de Bush se convirtió en la Guerra de América”.

Para conseguir un período de hegemonía extendido en medio de un gran cambio en la arena geo-política, ¿ qué es más “adecuado” para el Poder Global de EE.UU. – “un enfoque indirecto” o una estrategia “preventiva”? Al votar por George W. Bush para un segundo período, la mayoría de los norteamericanos han expresado, aparentemente, sus “sentimientos” que los EE.UU. deben actuar abiertamente como un poder hegemónico solitario, en el tradicional estilo de potencia ofensiva que dominó la geo-política después de la Segunda Guerra Mundial?

El mundo cambió el 2 de noviembre de 2004. Hasta ese entonces, los ciudadanos comunes de los EE.UU. podían argumentar que nuestra política externa, incluida la invasión a Irak, era cosa de George W. Bush y de que no lo habíamos votado. En 2000, Bush perdió el voto popular. Esta vez lo ganó por más de 3.5 millones de votos. El resultado fue que la guerra de Bush se convirtió en la Guerra de América

¿Cuáles son las consecuencias?

Lo hayan querido o no los ciudadanos norteamericanos, ahora se los ve como que han apoyado la tortura a los prisioneros en la prisión de Abu Ghraib en Irak, en la base aérea de Bagram en Kabul, y en Guantánamo, Cuba; una economía adulterada basada en registros fraguados y déficit fiscal. La mayor dependencia de secretos de cualquier gobierno norteamericano de posguerra, el reemplazo de la ley internacional por la guerra preventiva; una epidemia de proliferación nuclear y muchas otras aberraciones que solo pueden producir hostilidad y reacciones defensivas en todas las otras naciones del mundo. Para los que apoyan el imperialismo norteamericano, un enfoque indirecto, como el que tenía el anterior presidente Clinton, era muy preferible. Camuflaba la hegemonía norteamericana bajo rúbricas tipo “Intervención humanitaria” (Serbia y Kosovo) y “globalizacion” (usando al FMI para hacer que los países pobres latinoamericanos fueran todavía más pobres) y fingiendo apoyar el Consejo de Seguridad de las UN.

George W. Bush se quitó la máscara y proclamó el derecho unilateral de producir cambios en los regímenes que resistan el balance imperial norteamericano (el “eje del mal”). Como resultado, el mundo hoy está creando, silenciosamente e indirectamente, estructuras para frustrar absolutamente todo lo que los norteamericanos tratan de hacer en el mundo. Cuando ocurra el colapso del imperio norteamericano, el mundo no sentirá más pena que cuando ocurrió el del soviético.

¿Terminó la tercera ola de globalización de los años “70 y “80 como menciona en su reciente libro?

Como argumento en el capítulo nueve de The Sorrows of Empire, la globalización ahora se revela como una farsa patrocinada por los Estados Unidos. La globalización es un intento de camuflar el imperialismo económico norteamericano alegando que la conducta norteamericana en el exterior es dictada por fuerzas inevitables y desarrollos tecnológicos, no por política conciente.

Fueron las secuelas del 11 de septiembre de 2001, las que más o menos deletrearon el fin de la globalización. Mientras que la administración Clinton sustentaba fuertemente el imperialismo económico, la de Bush está inequivocadamente comprometida con el imperialismo militar. Sin embargo, cuantas veces quiera que la globalización pueda dañar los intereses económicos norteamericanos, es invariablemente ignorada (como en la protección de la industria doméstica del acero y los agros negocios). Cada vez más, aún la gente que creía en soluciones pro-globalización para los problemas económicos y ambientales internacionales, desiste con desesperación. Los únicos que creen en la globalización son los profesores universitarios de Economía quienes, año tras año, reciclan sus viejas conferencias.