Una Entrevista con Eva Joly, la Jueza del Caso Elf

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Durante el fin de semana previo a conocer a Eva Joly, leí su libro “Impunidad: la corrupción en las entrañas del poder” una vez y media.

Es de esos libros que se leen rápido, casi de un tirón; más que el relato de una Jueza de Instrucción del Fuero Económico, parece un thriller policial.

Pero la diferencia crucial reside justamente en el “parece…”. “Impunidad…” no es una novela negra. Es el relato cargado de tensión de esta mujer, miembro de la judicatura francesa, que una soleada mañana al final del invierno de 1996, mientras repasa el caso Bidermann junto a sus ayudantes de la Brigada Fiscal, repara en un montón de pequeños detalles que llaman su atención. “La intuición es un músculo que se entrena, sumario a sumario” dice Eva.

La intuición es un músculo que se entrena, sumario a sumario - Jueza Eva Joly Clic para tuitear

Pero ¿quién es esta chica?

Eva Farsth nació en 1943 en Oslo, Noruega, en el seno de una familia de cultivadores de frutillas. A los 22 años tuvo que abandonar el país de los fiordos para vivir en París, como empleada doméstica en una familia de clase media que le da vivienda y le permite estudiar en la universidad.

Y, cual típico culebrón televisivo, termina enamorándose del hijo de la familia para la cual trabaja. Así, en 1967, se casa con el joven médico Pascal Joly, con quien tuvo 2 hijos. De ahí en más pasó a ser conocida como Eva Joly Farsth.

Su carrera profesional

En los años 70, se inicia profesionalmente como consejera jurídica de un hospital psiquiátrico, puesto en el que estuvo durante seis años. En 1980 ingresa en la carrera judicial y en 1981 es nombrada Jueza suplente en los alrededores de París.

Luego integra una comisión del Ministerio de Hacienda destinada a encontrar soluciones para empresas al borde de la quiebra. Fue ascendida a Jueza de Instrucción del fuero financiero y comercial.

Es naturalmente en ese fuero donde, entre los asuntos que debe investigar, aparecen casos de corrupción en los que las dimensiones económicas y políticas comienzan a esfumar sus bordes.

El número de magistrados franceses es el mismo que existía en tiempos de Madame Bovary

eva_joly02Durante los poco más de seis años que dura su investigación, Eva y su pequeño equipo ponen al descubierto los manejos turbios de la petrolera Elf, una de las mayores tramas de corrupción de Francia y el caso más importante de corrupción europea desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

De paso por Buenos Aires, donde se entrevistó con el Ministro de Justicia Gustavo Béliz, Eva conversó con medios locales, entre los que se encontraba Mujeres de Empresa.

Al día siguiente viajó a Montevideo, Uruguay, para participar del Encuentro Internacional organizado por el BID: “La agenda ética pendiente de América latina”, en el que varias personalidades presentaron experiencias de avanzada mundial.

La Gran Corrupción

La corrupción es un problema universal.
Lo que vemos no es un fenómeno único, no es algo curioso,
no son individuos que han perdido el norte.
Es un Sistema.

Eva Joly, ganadora del Premio Integridad en el 2001

A diciembre de 1993, la empresa Elf era la número uno de Francia, pertenecía al Estado y su presidente era nombrado por el Presidente de la República. El grupo Elf estaba oficialmente asentado en 100 países, poseía más de 800 filiales, 90.000 empleados y acciones en más de 350 sociedades. Su facturación, a fines del año fiscal 1993, alcanzaba los 31.860 millones de los actuales euros.

Y, en esta sociedad tan honorable, sus directivos consiguieron malversar fondos equivalentes a un año de beneficios. Estos fondos eran dirigidos hacia empresas off-shore, como también a cuentas bancarias en Suiza, Lichtenstein y Mónaco; cuentas que eran administradas directamente por el segundo de la empresa, Alfred Sirven, y por André Tarallo, responsable de la producción de petróleo.

Naturalmente esos fondos escapaban a cualquier control accionario. Parte de esos fondos financiaron tanto placeres privados como la oposición a ciertos gobiernos (en algunos casos se financió tanto al partido oficial como al opositor…), la guerra civil en Angola, la obtención de contratos, en fin, todo tipo de acciones fraudulentas.

Es muy interesante ver la complicada red de relaciones tejida (un excelente ejemplo de networking con objetivos delictivos) entre algunos altos miembros del gobierno, jefes de estado extranjeros, algunos políticos y miembros de los servicios secretos franceses, e importantes bancos que impulsan los paraísos financieros a través de sus sucursales off-shore.

Las ex colonias en África funcionaban como una suerte de coto privado de caza francés en el abastecimiento de recursos: Angola, Gabón, Camerún, Costa de Marfil, Nigeria. Es interesante de analizar la relación inversamente proporcional que existe entre el petróleo extraído y el PBN (producto bruto nacional) en Angola.

De alguna manera la investigación realizada constituyó una especie de modelo a escala natural de la impunidad con la que algunos individuos se mueven, considerándose a sí mismos por encima de las leyes. Es interesante leer las declaraciones de algunos implicados que juzgan la situación como la “norma de la industria”. ¡Inclusive algunos destacan que se esforzaron por mantener esas comisiones en el orden del 2,5 al 4% y no entre el 20 y el 40% habituales en el mercado de armas!

Los responsables del caso Elf fueron juzgados en julio del 2003; varios políticos y altos directivos fueron condenados a 5 años de prisión.

De vuelta en Noruega

En 2003, concluida la investigación del caso Elf, Eva Joly vuelve a Noruega. Allí, en una pequeña “hütte” que le presta una amiga, ubicada en una alta planicie de turba cubierta por extensiones de hierbas salvajes que se mecen a merced del viento, esta mujer menuda, aunque de ninguna manera frágil, escribe mientras rememora los siete años pasados.

Durante ese tiempo su vida pendió de un hilo, perdió su privacidad (constantemente custodiada por guardaespaldas), y soportó todo tipo de presiones y tergiversaciones, convirtiéndose, muy a su pesar, en un personaje mediático.

Actualmente se desempeña como asesora del Ministerio Noruego de Relaciones Exteriores en programas de lucha contra la gran corrupción.

¿Cómo se combate la corrupción?
Este combate debe encararse, básicamente, como un combate internacional. Hay que perfeccionar los mecanismos de intercambio de información sobre los movimientos financieros y los mecanismos de colaboración entre los Estados nacionales.

En la Declaración de París proponemos una serie de medidas para combatir la gran corrupción y la impunidad que la permite.

¿Los hechos de corrupción se deben a que los delincuentes de guantes blancos son muy hábiles, o a que los poderes políticos y judiciales son muy corruptos?
A menudo ocurren las dos cosas. La habilidad permite que no sean descubiertos aún en regímenes correctos. Y cuando el régimen es corrupto, les permite estar protegidos contra las investigaciones.

¿Existe algún proyecto en Europa en donde la corrupción es tratada como un delito de lesa humanidad que no proscribe?
Una de las razones por el cual éste trabajo es tan difícil es porque en Europa, desgraciadamente, no se ha podido crear un Tribunal Penal Europeo, pues los países han decidido que lo mejor era respetar la soberanía de cada uno y basarse, para combatir esos delitos, en la cooperación entre estados.

¿Usted piensa que hay una conexión entre la gran corrupción y el financiamiento del terrorismo internacional?
Es muy difícil decir que el dinero que proviene de la gran corrupción va directamente al terrorismo. Existen, evidentemente, masas de dinero sin control y las redes son las mismas. Esa es una razón suficiente para poner fin a esta impunidad, o sea hay que cortar los recursos que puedan llegar a ser derivados a financiar actividades terroristas.

¿Qué tipo de soluciones cree que corresponde tomar?
En la Declaración de París proponemos que las sanciones sean directamente proporcionales a la infracción, ya que en este momento son demasiado endebles. Por ejemplo, en Francia los que falsifican moneda pueden ir presos 30 años, mientras que para la corrupción activa, la pena máxima es de 10 años y además, como es difícil de probar, se puede manipular y salir sólo con 5 años. En Noruega hay una nueva ley que agrava las penas para los delitos de corrupción.

¿Puede existir un sistema capitalista sin corrupción, o para terminar con ésta hay que pensar en cambiar relaciones de organización de la sociedad?
El fenómeno de la corrupción no es nuevo, ya Cicerón hablaba que el administrador de Sicilia era un corrupto. Lo que es nuevo ahora con la globalización, es la posibilidad de lavar grandes sumas de dinero de una manera industrial. Esto es lo más grave que ha sucedido en los últimos 50 años.

No creo que necesitemos cambiar el capitalismo, sino que debemos tender a una transparencia mucho mayor. En eso también tenemos responsabilidades individuales, ya que pensamos que hay un cierto peligro en que el Estado investigue. Esto se debe a un pasado reciente en el que hubo guerras y conflictos. Yo creo que hay que introducir pequeñas modificaciones, por ejemplo habría que permitir que el secreto bancario no fuera un derecho humano inalienable.

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La Arquitecta Silvia Chauvin es editora de Mujeres de Empresa, escribe sobre temas de tecnología y redes sociales.