Stop and Go

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Yo vivía en una casa que tenía una amplia área vidriada en el living. No había momento más agradable en la semana que los sábados por la mañana, tanto en verano como en invierno, cuando el sol invadía el ambiente trayendo luz y calor.

En una de las empresas donde milité, una de ésas a la que dedicamos gran parte de la vida, diversas vicisitudes llevaron al cierre de las actividades después de casi una década de trabajo. Después de años de relación, entre altos y bajos por los que pasa la unión de una pareja, mi casamiento sucumbió.

Yo no quería estar lejos de aquella casa. Pero tuve que desocuparla. Yo no me imaginaba “apagando la luz” de aquella empresa. Pero tuve que hacerlo. Yo no apreciaba la idea de la separación. Pero los sentimientos cambiaron.

Cultivamos un hábito pernicioso, aunque sea inconscientemente. Solemos apegarnos a objetos, personas y eventos. Y, al actuar así, sobrevaloramos estos aspectos. Les damos una dimensión irreal, pasando a vivir en función – y por causa de ellos.

Eso nos nubla la mente, nos bloquea la creatividad, nos arrebata la flexibilidad. Perdemos la capacidad de adaptarnos, de cambiar y de crecer. Y, de esta manera, morimos lentamente…

La palabra es: desprendimiento. Una habilidad sin igual de racionalmente evaluar la relevancia de cosas, personas y situaciones, ponderando objetivamente los pros y los contras, renunciando si es recomendable.

No se trata de una mera desistencia, fruto de la ausencia de persistencia. Se trata de cerrar un ciclo, muy placentero en otros tiempos, pero que ahora es apenas fuente de resentimientos e inquietudes. Es abrir la puerta para dejar que el futuro entre.

Shakespeare decía que guardar rencor a alguien es lo mismo que tomar veneno esperando que el otro muera. Por falta de humildad o por inflexibilidad, muchas veces juzgamos mal a las personas y evaluamos inadecuadamente una situación.

Creamos nuestras propias soluciones y a ellas nos prendemos, como si fueran inmutables, insuperables para sugerencias y perfeccionamientos propuestos por otros.

Aprendí que las personas, en general, no están en mi contra, y sí a favor de ellas mismas. Y en la defensa de sus propios intereses terminan actuando inadvertidamente, hiriendo y lastimando con la aspereza de la palabra o con la dureza de las actitudes. Y aprendí que también soy así, porque soy para otras personas lo que las otras personas son para mí.

Hay rutinas de trabajo que necesitan ser substituidas o abandonadas. Hay productos dentro del mix de las compañías que precisan ser retirados de línea. Hay empresas que deben ser cerradas. Hay relaciones que claman para ser deshechos.

Cuando usted se mantiene preparado para los cambios que con seguridad ocurrirán en su vida, el desprendimiento se torna más fácil y hasta agradable.

En la vida profesional, usted puede hacerlo buscando constantemente actualización técnica y cultural participando de cursos, conferencias, seminarios y encuentros diversos, cultivando el hábito de la lectura, controlando el mercado de trabajo, estando abierto a nuevos aprendizajes, conociendo otras realidades, otras empresas de otros segmentos, otras personas fuera de su círculo de relaciones convencional.

Errores y fracasos son recurrentes. Persistir en el error no es ejemplo de perseverancia, sino de su lado nefasto representado por la obstinación. Tiempo desperdiciado, recursos malgastados, talentos menoscabados.

Hay personas que colocan su futuro y su vida en las manos de otra persona o de una organización, transfiriéndoles una responsabilidad que es absolutamente unipersonal. Hay tanto para ser vivido…

En otras casas viví, con áreas más o menos vidriadas, pero con el sol iluminando igual y calentando mis mañanas de sábado.

En otras empresas actué, en las cuales pude dejar mi huella, colocando mi experiencia a su servicio, ya fuera para estimularlas a continuar la caminata o para sugerirles que terminaran el recorrido.

Otros amores probé, dotados de un placer único en sus peculiaridades, cultivados sin plazo de validez, fuente de eterna alegría a través del ejercicio de la recordación.

La vida profesional y corporativa muchas veces sugiere parar, retroceder o interrumpir. No por la estática, sino por la dinámica de seguir adelante.