Rigoberta Menchú Tum: Una Vida de Luchas

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Rigoberta Menchú Tum, la primera mujer indígena que recibe el Premio Nobel de la Paz, nació en Chimel, Guatemala en 1959, desciende de la antigua cultura Maya-Quiché y fue en la ciudad donde descubrió las aflicciones de los pueblos indígenas guatemaltecos.

“Soy hija de la miseria y la desigualdad social; soy un caso ilustrativo de marginación por ser maya y mujer; he sobrevivido al genocidio y la crueldad”.

Inmersa en un régimen dictatorial, Rigoberta debió ajustarse a una cruda realidad. Como líder de sus hermanos indígenas sufrió la persecución de las fuerzas represivas guatemaltecas y el exilio. Se trasladó a México en 1980, pero antes de partir sus familiares más cercanos fueron víctimas de la mano dura de los militares.

“El tiempo que compartí con mis padres fue muy corto. Primero porque para sobrevivir tuve que trabajar desde temprana edad y segundo, porque la muerte de mis padres fue prematura. Mi papá murió en la masacre de la embajada de España y mi mamá fue torturada y muerta por los militares “, recuerda con profundo dolor.

A estas dos muertes se suman las de Patrocinio y Víctor, sus hermanos. Sin embargo, esta tragedia causada por la dictadura en Guatemala no frenó su deseo pacificador sino, todo lo contrario.

“Cuando murió mi padre no había tomado mucha conciencia, pero cuando ocurrió lo de mamá dije: jamás me voy a callar frente a esto!. Desde entonces no tuve otra ilusión que defender la vida de ellos por medio de la denuncia … después se ampliaron mis horizontes y reconocí una tragedia universal, por eso me siento parte de esta lucha para reivindicar la honorabilidad de la vida y la historia”, afirma.

El tiempo ha pasado y Rigoberta agradece el que su familia se haya convertido en un caso ilustrativo importante, que permite defender el honor y la memoria de miles de víctimas.

“Creo que el coraje y la fuerza nacen de las huellas que van dejando la experiencia y la crudeza de los sucesos vividos. Los años nos hacen madurar”, dice Rigoberta … aunque reconoce que, “no me siento una mujer extremadamente fuerte. Si así fuera, quizás podría aceptar la crueldad, la marginación, el hambre y la pobreza, que se ven en regiones como Guatemala, Chiapas o Ruanda. Todo esto ha formado en mí una conciencia social”. Viviendo en el extranjero, Rigoberta centralizó su vida en la defensa y promoción de los derechos de los pueblos indígenas en América. Ahí, su esfuerzo y trabajo fueron reconocidos.

Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992 y el de Asturias. Fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad en el Año Internacional de los Pueblos Indígenas, en 1993; y asesora personal del Director General de la Unesco y presidente de la Iniciativa Indígena para la Paz.

A pesar de su esfuerzo a favor de la Humanidad y de los reconocimientos, Rigoberta Menchú Tum todavía enfrenta en su propio país un fenómeno contradictorio, en donde no todos apoyan su labor.

Frente a esta realidad, ella dice, “Asumo que es por el complejo y controvertido papel que jugamos como persona y como Fundación. Es normal que la respuesta sea controversial porque abordamos temas complicados”.

Y agrega: “La globalización implica abrir los ojos ante errores globales que se han cometido, no sólo negociar con el dinero, sino también globalizar los contenidos humanos. El mundo reconoce una crisis generalizada, la confrontación es una experiencia cotidiana de quienes no han tenido la oportunidad de convivir pacíficamente”, explica.

Para Rigoberta, ser premio Nobel de La Paz y trabajar por resolver las carestías sociales, en ocasiones ha sido frustrante y en general, nada fácil.

“Todas las luchas que tienen como fin último la verdad y que tocan los poderes conllevan riesgos. Allí están también los victimarios vivos. Me produce escalofríos pensar que viven en Chile, Argentina y Guatemala. Pero no sólo temo a los ejecutores directos, sino también a los poderes detrás de ellos”, dice con la esperanza de que la historia no se vuelva a repetir.

Dispuesta a enfrentar adversidades para seguir adelante con su trabajo, Rigoberta planea en el futuro inmediato terminar de escribir un libro para niños y jóvenes. Participar en la Campaña Mundial por la Justicia Universal y contra los Delitos de Lesa Humanidad; y ser parte propositiva en el Año Internacional para una Cultura de Paz, son sus metas para este año.

Y después de eso aún tiene para rato. Del 2000 al 2010 pretende participar en la “Década por una Cultura de Paz, contra la violencia y por un Mundo Intercultural”; y durante este tiempo, también fortalecer la Fundación, contribuir a un movimiento nacional de mujeres mayas y crear una escuela política de transmisión de experiencias para convertirse, bajo el sustento de la cultura ancestral de los pueblos mayas, en líderes del mañana.

Para esta ejemplar mujer, el fin del trabajo duro es un futuro mejor, aquel que muchos quieren y por lo que pocos luchan. Pero ese no es el caso de Rigoberta Menchu Tum quien da este mensaje a todos: “soñemos un milenio de paz, que se eviten los derramamientos de sangre, se condenen y sancionen las atrocidades.. un llamado a que nos involucremos en la lucha por la paz, que no la veamos como una tarea de otros y que sintamos amor y entrega por la Humanidad. Hay que rescatar el verdadero sentido de la solidaridad”.