Hemos aprendido todos en la escuela cuales son los cinco sentidos humanos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, pero la PNL ha agrupado juntos el gusto, el tacto y añadido las emociones bajo el término de canal kinésico. Por tanto, los principales canales de la comunicación personal son el Visual, el Auditivo y el Kinésico.
La PNL ha observado que todos tenemos un canal de comunicación dominante, o predilecto; para unos será la vista y para otros el oído, para otros el kinésico.
Es cierto que cuando comunicamos y a pesar de disponer cada uno de un canal dominante, utilizamos los tres en función de las circunstancias, sin embargo, es cuando la comunicación se hace más difícil que tendemos a ceñirnos al dominante. Lo malo es que no tiene porque ser necesariamente el mismo que el de nuestro interlocutor.

Si nuestro canal dominante difiere del de nuestro interlocutor aparece una paradoja, o más bien un círculo vicioso. En efecto, cuanto menos se entienden dos personas, más se ciñe cada uno a su canal dominante lo que hace que se aíslan cada vez más. Este aislamiento aumenta la dificultad y, a su vez, refuerza el canal dominante.
Ahora, seguro que me cree loco. Tal vez, pero no por eso. Veamos un ejemplo: Seguro que cuando Usted conduce por autopista, no le molesta escuchar música en su lector de CD, ni siquiera si el volumen está alto. Pero si llega a la ciudad, si el tráfico se densifica, si hay que sortear obstáculos, me apuesto a que baja la radio. Y más aun si en lugar de música son palabras.
¿La razón? Cuando circula por autopista, solo necesita una concentración visual ligera, tomando impactos visuales relativamente espaciados, por lo que las señales auditivas que llegan a sus oídos no interrumpen la visión.
Pero cuando se halla en un tráfico denso, necesita más información visual y las solicitaciones auditivas que llegan a sus oídos interrumpen este flujo, provocando una pérdida de concentración visual.
Los miopes, como yo, a veces nos quitamos las gafas en interior. En este caso ¿quién de vosotros, miopes, no se ha puesta la gafas para oír mejor a alguien que se encuentra lejos? ¿Os ha parecido ridículo? Sin embargo no es ninguna paradoja.
Si la persona que nos habla se encuentra en una zona de visión borrosa, debemos forzar la vista para verlo. Este esfuerzo incrementa la concentración visual pero a la vez resta concentración auditiva. Al ponernos las gafas, descansamos la vista y podemos oír mejor. Otra solución que adoptamos a veces, es cerrar los ojos.
Del mismo modo que la sucesión de imágenes fijas de una película proyectada en un cine nos da una impresión de movimiento, la sucesión de percepciones por canales diferentes nos da una ilusión de simultaneidad. Pero este equilibrio entre canales es susceptible de verse distorsionado, como lo hemos comentado en los ejemplos anteriores.
Por tanto, podéis imaginar las dificultades de comunicación que surgen cuando una persona a dominante visual intenta comunicarse con otra a dominante auditiva.
¿Podéis pensar en la negociación entre un vendedor Visual y un Cliente auditivo?
¿Imagináis la conversación entre un jefe de departamento Auditivo y un colaborador Kinésico?
Efectivamente, no se entienden y se ponen nerviosos o impacientes. Por consiguiente, una primera condición para comunicar mejor es conocer nuestro canal dominante y, sobre todo, conocer el de nuestro interlocutor. A esto la PNL le llama calibración y nos propone distintas herramientas que analizaremos en una próxima nota.
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