Bajo un increíble cielo mendocino recorremos junto a Susana Balbo las viñas de Dominio del Plata. Luego de visitar la Bodega persiste la sensación de haber encontrado a una mujer exitosa que se muestra equilibrada y contenta al reflexionar tanto sobre su pasado como sobre su presente. La más reconocida y famosa enóloga de Argentina hizo de su carrera un ejemplo de una mujer firme que supo mantenerse en un negocio tradicional dominado por el hombre. Pero en Dominio de Plata este asunto no parece a tener gran relevancia. Más bien Susana Balbo parece tener otros valores. Mientras recorremos las veintiuna hectáreas de sus viñedos aprendemos algo más que de viticultura. Susana nos cuenta que el conocimiento no serviría de nada si no se condujera con pasión y amor al destino buscado. Cierto que Susana Balbo encontró su sitio en este mundo. Tiene fama en el campo de vino, pero allá en la paz de su bodega brilla con una modestia y amabilidad impresionante.
En el centro del Distrito de Agrelo, Luján de Cuyo, a 20 kilómetros de la ciudad de Mendoza, Susana Balbo empezó una etapa más en su carrera. Pero eso no quiere decir que es la última, como acota la enóloga. Quién conoce el pasado de esta mujer, siempre enfrentándose a nuevos desafíos, lo cree sin problemas. Tiene un fuerte sentido de lo que quiere. De sus vinos, de su vida, de su futuro. Siempre lo tuvo. Después de haber recibido con honores, en 1981, la Licenciatura en Enología, Susana fue en enseguida contratada para hacerse cargo de la Bodega de la Sucesión Michel Torino en Cafayate, Salta. Para una estudiante recién graduada esa es una gran responsabilidad. La enfrentó, se hizo cargo de la calidad del vino y logró transformar los vinos comunes en los de que hoy son conocidos como unos de los emblemas de la vitivinicultura nacional. En la provincia de Salta, Susana Balbo se quedó nueve años. Luego siguieron años de desempeño tanto en la bodega familiar como en las de Martins o de Nicolás Catena.

23 años en la vitivinicultura han formado a Susana Balbo en la mujer que es hoy: Una emprendedora, una empresaria, mujer innovadora y progresista con un reconocimiento internacional. Es la primera enóloga argentina contratada en el exterior. Susana Balbo se define como una empresaria no solo por hacer vino. El vino, a parte de ser un producto industrial, es más bien una obra de arte. Con satisfacción observa que el vino argentino poco a poco obtiene una mejor reputación en los mercados vitivinícolas del mundo. Para fomentar esa tendencia, Susana Balbo publica como directora editorial la revista de Management y gestión de vinos y bebidas “EnoGestión”. Con la misma nació un espacio en el cual los lectores y colegas puedan intercambiar impresiones, experiencias y informaciones útiles.
La pasión por la búsqueda de la perfección y por el vino llevó a Susana Balbo al pie del Cerro Plata de donde tomó el nombre su bodega Dominio de Plata. Con la primer plantación de sus viñas en 2001 Susana Balbo y Pedro Marchevsky eligieron Luján de Cuyo como hogar futuro de un propio proyecto. La bodega es un proyecto surgido de la necesidad, como dice Susana, de la pareja por encontrar una expresión individual a su amor y el amor por la vitivinicultura. Con su nuevo establecimiento no sólo construyeron un lugar para hacer vino sino la base de ambos como familia. Allá la pareja vive y trabaja, con excepción de 90 días de estancia en el exterior y su Engagement en otros viñedos propios o de terceros. La bodega está dotada con la más moderna tecnología. Hoy, un año después de la primer cosecha, la viña ya produce entre 9000 y 10 000 kilos de uvas por hectárea de las variedades Cabernet Sauvignon, Malbec, Petit Verdot y Cabernet Franc.
Dörte Ahlgrimm:- ¿Cuál fue el motivo que la llevó a dedicarse al vino?
Susana Balbo :- Cuando inicié mi carrera universitaria, fue con la intención de
hacer el ciclo básico de ingeniería y llegar a cumplir los 21
años necesarios en Argentina para tener autonomía de decisión;
pues quería estudiar Ingeniería Nuclear y mis padres no me autorizaban
a trasladarme a Bariloche donde estaba la universidad. La carrera de Licenciatura
en Enología tenía en común con ingeniería el ciclo
básico y me habilitaba a poder trasladarme luego a otra universidad.
No obstante creo firmemente que el vino y su encanto me eligió, porque
tuve excelentes profesores que me transmitieron su amor por esta profesión
y supieron incentivarme a seguir un camino de constante creatividad como es
el del Vino.
D. A:- ¿El amor y la pasión
por el vino están
en los genes?
S.B.:- Creo firmemente en el amor y la pasión por lo que se hace, ya sea vino,
una buena comida para mi esposo y mis hijos, un proyecto nuevo de algún
vino, un prolijo plan de negocios, etc., etc. En definitiva creo que el amor
y la pasión están en los genes, pero también se aprende
del ejemplo y en este caso ha sido una gran influencia en mi vida la persistente
laboriosidad de mis padres, quienes siempre tenían una actitud positiva
y proyectada hacia resultados de excelencia en todo lo que hacían.
Susana
Balbo