¿Cómo se combate la corrupción?
Este combate debe encararse, básicamente, como un combate internacional. Hay que perfeccionar los mecanismos de intercambio de información sobre los movimientos financieros y los mecanismos de colaboración entre los Estados nacionales. En la Declaración de París proponemos una serie de medidas para combatir la gran corrupción y la impunidad que la permite.
¿Los hechos de corrupción se deben a que los delincuentes de guantes blancos son muy hábiles, o a que los poderes políticos y judiciales son muy corruptos?
A menudo ocurren las dos cosas. La habilidad permite que no sean descubiertos aún en regímenes correctos. Y cuando el régimen es corrupto, les permite estar protegidos contra las investigaciones.
¿Existe algún proyecto en Europa en donde la corrupción es tratada como un delito de lesa humanidad que no proscribe?
Una de las razones por el cual éste trabajo es tan dificil es porque en Europa, desgraciadamente, no se ha podido crear un Tribunal Penal Europeo, pues los países han decidido que lo mejor era respetar la soberanía de cada uno y basarse, para combatir esos delitos, en la cooperación entre estados.
¿Usted piensa que hay una conexión entre la gran corrupción y el financiamiento del terrorismo internacional?
Es muy difícil decir que el dinero que proviene de la gran corrupción va directamente al terrorismo. Existen, evidentemente, masas de dinero sin control y las redes son las mismas. Esa es una razón suficiente para poner fin a esta impunidad, o sea hay que cortar los recursos que puedan llegar a ser derivados a financiar actividades terroristas.
¿Qué tipo de soluciones cree que corresponde tomar?
En la Declaración de París proponemos que las sanciones sean directamente proporcionales a la infracción, ya que en este momento son demasiado endebles.
Por ejemplo, en Francia los que falsifican moneda pueden ir presos 30 años, mientras que para la corrupción activa, la pena máxima es de 10 años y además, como es difícil de probar, se puede manipular y salir sólo con 5 años. En Noruega hay una nueva ley que agrava las penas para los delitos de corrupción.
¿Puede existir un sistema capitalista sin corrupción, o para terminar con ésta hay que pensar en cambiar relaciones de organización de la sociedad?
El fenómeno de la corrupción no es nuevo, ya Cicerón hablaba que el administrador de Sicilia era un corrupto. Lo que es nuevo ahora con la globalización, es la posibilidad de lavar grandes sumas de dinero de una manera industrial. Esto es lo más grave que ha sucedido en los últimos 50 años.
No creo que necesitemos cambiar el capitalismo, sino que debemos tender a una transparencia mucho mayor. En eso también tenemos responsabilidades individuales, ya que pensamos que hay un cierto peligro en que el Estado investigue. Esto se debe a un pasado reciente en el que hubo guerras y conflictos. Yo creo que hay que introducir pequeñas modificaciones, por ejemplo habría que permitir que el secreto bancario no fuera un derecho humano inalienable.
¿Cuál es el papel que deberían tener los medios en la lucha contra la impunidad?
Es un papel fundamental. Muchos de los negociados se descubrieron gracias a la prensa. Creo que no hay una verdadera lucha contra la corrupción en un país si no hay libertad de prensa. Pero también pienso que la prensa ofrece para los que trabajan en ella una tentación, algunos quieren quedar bien con sus patrones y también es cierto que hay entendimientos crapulosos. Sin embargo la mayoría de las veces se busca la exclusividad, dar una noticia un poco bomba y sin demasiada premeditación se apunta hacia un juez.
¿Las mujeres son menos corruptas que los hombres o hay menos corruptas porque todavía hay muchísimas menos en puestos de poder?
Mmm, cómo saberlo...
Una llamada a la acción contra la corrupción a gran escala
Nosotros, firmantes de esta declaración, ciudadanos del mundo, venidos de los cuatro rincones de la tierra, de paises ricos y pobres, denunciamos los efectos devastadores de la gran corrupción, con su corolario: la impunidad de sus beneficiarios.
La actual explosión de los mercados abiertos ha favorecido prácticas irregulares de decisiones dudosas, de comisiones y retrocomisiones, que se han multiplicado y desarrollado de forma inquietante, hasta el punto de que parecen estar afincadas en sectores enteros de la vida económica.
Las actividades más sensibles son: la energía, las obras públicas, el armamento, la aeronáutica y la explotación de recursos mineros.
Sobre estos mercados de interés nacional, algunas grandes sociedades han integrado la corrupción como un medio de acción privilegiada. Así, en todo el mundo son miles las personas, responsables de importantes decisiones que escapan a todo control.
La gran corrupción se beneficia de la complicidad de los bancos occidentales. Utiliza el circuito de sociedades offshore y se aprovecha de unos sesenta territorios o Estados que le sirven de refugio seguro.
Provoca pérdidas de riquezas en los paises del Sur y del Este. Favorece la formación de bolsas de dinero negro y de remuneraciones paralelas en la cúpula de las grandes empresas. Destruyen la confianza necesaria para la vida económica. Porque llega, muchas veces, al corazón del poder, la gran corrupción mina los principios democráticos occidentales e impide el desarrollo de los paises pobres y su libertad política.
Mientras que la globalización ha permitido la libre circulación de capitales, la Justicia financiera queda limitada por fronteras que no existen para delincuentes. La soberanía de ciertos Estados bancarios protege. De manera deliberada, la opacidad de los flujos delictivos. Lógicamente, los beneficiarios de la gran corrupción no hacen nada para mejorar la situación.
Conviene resaltar las consecuencias de esta desigualdad frente a la ley, de la que se aprovecha la gran corrupción. Es indispensable restablecer los grandes equilibrios de nuestras democracias. Más que esperar una vana reforma de estos Estados, podemos construir nuevas reglas.
A un cambio del mundo debe corresponder un cambio de reglas.
Por todo ello pedimos:
1. Para facilitar las investigaciones:
2. Para juzgar efectivamente a los delincuentes:
3. Para prevenir la gran corrupción:
Combatir la gran corrupción es un requisito para cualquier acción política auténtica. Se debe restaurar la confianza en las elites políticas y económicas.
A la hora de la globalización, la responsabilidad de los que nos dirigen es inmensa y debe estar a salvo de cualquier sospecha, para permitir la esperanza de todos.
Para firmar la declaración puedes hacerlo en el site: http://www.declarationdeparis.org (texto en francés) ó en http://www.parisdeclaration.org (texto en inglés)
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Eva Joly