Península Valdés: la Danza de la Ballena Austral

Avistaje de la ballena franca austral en aguas del Golfo Nuevo

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En la inmensidad del océano murmuran las olas. Parece como si nada pudiera perturbar esa imagen tan calma y a la vez monumental. Hasta que de golpe surge del mar una especie de surtidor enorme, una gigantesca criatura negra se balancea y supera fácilmente los barcos que navegan por la zona.

Como en un acto simbólico, el enfrentamiento deja mal parado a las invenciones humanas en su manía de superar a la naturaleza. Tal vez una alusión al teatro del absurdo… La obra que se representa en medio del mar, acompañada por vientos fríos, es la danza de la ballena franca austral, la especie más grande después de la ballena azul. Lugar de la escena: la Península Valdés y las aguas vecinas del Golfo Nuevo y del Golfo San José cerca de la ciudad de Puerto Madryn, provincia de Chubut, en la Patagonia argentina.

Un poco de turismo aventura en la Patagonia argentina

Para hacernos una buena idea de las gigantescas medidas de “estos reyes de la península” debemos saber que las hembras alcanzan longitudes de entre 12 metros y los machos 13 metros, y su peso es todavía más impresionante: los machos pueden pesar hasta 30 toneladas, mientras que las hembras, cuando están embarazadas, pueden llegar hasta las 40 toneladas (¡el bebe pesa 3 toneladas al nacer!). En comparación: Un Boeing 737 tiene un peso propio de aproximadamente 33 toneladas. En estos pesos pesados se resiente un poco la velocidad ya que no pueden nadar a más de 11 km/h.

Es interesante observar sus marcas blancas en el dorso de la cabeza y otras partes del cuerpo (costras y crustáceos), las que a veces nos recuerdan las tiras de algunos artículos deportivos. Y ya que hablamos de los reyes y reinas de la península, es importante destacar que además de ballenas, la península también aloja a poblaciones de lobos marinos, elefantes marinos y delfines y unos 180 kilómetros más al sur también encontramos pingüinos magallanes.

El ritual de aparemiento de la ballena franca austral

Entre Mayo y Diciembre las ballenas se instalan en Península Valdés y alrededores para parir a sus crías, luego de un embarazo de 12 meses, en zonas protegidas del fuerte oleaje del Atlántico. La cosa más excitante de la vida también se realiza en las aguas patagónicas (advertencia a mirones: el acto se realiza debajo de la superficie del mar). El acto de aparearse parece surgido de un guión de telenovela. La hembra, que al comienzo no le gusta demasiado el asedio de los machos, se esfuerza para escapar de la situación poniéndose panza arriba para evitar la cópula. Los machos trabajan juntos en una estrategia de apareamiento que consiste en un cortejo conjunto.

Finalmente, cuando ella se decide por un candidato, se da vuelta para permitir la cópula. Aunque a diferencia de otras especies donde hay un macho que “gana la competencia”, aquí los machos se turnan, esperando que uno pueda fecundarla. La solidaridad masculina no deja de funcionar en ese momento. Al contrario: Los otros machos sostienen a la hembra para brindarle más confort a su compañero de género. Como si quisieran probar que el machismo no es ningún asunto restringido a la vida humana.

El resto del año viven en el Antártico, donde a través de un sistema de alimentación complejo pueden amontar y almacenar krill que es su alimento básico para la larga temporada en las aguas argentinas. El krill será procesado en estructuras de grasa importantes que están accesibles bastante tiempo. La forma de nutrición de la ballena franca austral se distingue considerablemente de la de otras especies ya que pertenece a las ballenas que tienen barbas en vez de dientes. De tal manera ingieren grandes cantidades de agua que presionan contra las barbas en las cuales se enreda el krill mientras el agua es empujada fuera – lo que causa el famoso efecto “surtidor”.

El avistaje de ballenas

Como el ser humano ha cumplido con su “deber bíblico” de subordinar el mundo, no teme involucrarse en el espacio vital de los gigantes del mar. Los avistajes (precio por ahí: 20 dólares) en pequeñas lanchas que son ofrecidos por seis compañías y que duran entre una y dos horas se realizan todos desde Puerto Pirámide (es el único lugar habilitado por las excursiones turísticas) le brindan al turista una aventura incomparable.

La probabilidad de encontrar a por lo menos tres, cuatro ballenas personalmente está casi garantizada. El enfrentamiento entre seres humanos y el animal sigue un ritual inexplicable ya que no es el barco el que se acerca a la ballena, sino al revés, como si fuera ella la que sale de avistaje para explorar la extraña especie de los seres humanos.

Cuando la lancha apaga sus motores y se deja llevar por las corrientes, el animal empieza a mostrar curiosidad por los barcos llenos de caras tapadas por cámaras fotográficas. Suelen salir a la superficie unas dos, tres veces al acercarse a la lancha. “Como para mostrarles sus dimensiones verdaderas a los turistas en las lanchas les gusta aparecer a unos pocos metros – a veces la distancia es todavía menor. Si no estuviera prohibido (debido a que tiene una piel de grasa ultra-sensitiva) uno tendría ganas de tocar las ballenas”, cuenta Diego, un guía turístico de Puerto Madryn de 25 años en una charla con Mujeres de Empresa durante un avistaje.

“En este momento los turistas ya están impresionados, pero en muchas ocasiones si la ballena está de buen ánimo falta todavía la parte más espectacular. Lo que pasa es que como de golpe desaparece y mucha gente cree que ya está por retirarse, cuando lo que pasa es que está buceando debajo del barco solamente para aparecer de nuevo al otro lado. Cosa que es inexplicable, no se sabe por qué lo hacen, talvez miran a las construcciones humanas como un juguete.” El hecho evidente es que en tal momento los turistas están totalmente fascinados por el baile al mar abierto.

Las ballenas: Animales pacíficos

El milagro más sorprendente es el hecho de que “desde que se realizan avistajes en la Patagonia nunca pasó nada, no hubo ningún choque, ningún herido, nada”. Debe ser que las ballenas no son lectoras de diarios apasionados y que no saben como muchos de sus congéneres son tratados por el mismo ser humano que las admira en Puerto Pirámide en varias partes del mundo.

“Sería el momento perfecto para tomar simbólica revancha del hombre que, en su afán de lucro, vierte aguas contaminadas provenientes de las fabricas cercanas y hace sufrir infecciones a las mismas ballenas en Chubut. Un golpe con su enorme cola seria suficiente para hundir una lancha. Pero no lo hacen: son pacifistas verdaderas”, dice un biólogo de un centro de investigación en la península que en su totalidad dispone nada menos que 3.600 kilómetros cuadrados.

Aparte del hombre, no tiene enemigos naturales importantes con la excepción de las orcas. Las que de vez en cuando aparecen en la zona para llevarse a los bebes de las ballenas, atacando a la madre y su cría con velocidades de más de 70 kilómetros por hora.

El Doradillo: especial para amantes de la fotografía

Aunque el avistaje (el mejor tiempo es durante los meses noviembre y diciembre cuando hay más ejemplares) es la forma mas aventurera de encontrar a las ballenas –fuertemente cuestionada por los biólogos debido al estrés que les pueden causar a los “dueños del mar” -, una alternativa linda y gratis es el Doradillo, a unos 13 kilómetros de la ciudad de Puerto Madryn.

Ahí las ballenas se acercan en grupos a unos pocos metros a la playa. Para fotógrafos, el Doradillo es un lugar muy apto pues no hay que luchar con los movimientos de las embarcaciones y, además se puede acompañar a los gigantes caminando por la arena.

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Markus Leiter es un periodista austríaco realizando una pasantía en Mujeres de Empresa. En Viena se desempeña en la Agencia Austríaca de Prensa (APA).