Mujeres, Entre la Tradición y el Hipermodernismo

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Gilles Lipovetsky opina sobre el nuevo feminismo

El siguiente artículo fue publicado por María José Errázuriz en el diario El Mercurio de Chile y expresa el pensamiento del filósofo francés Gilles Lipovetsky.

El filósofo francés Gilles Lipovetsky asegura que a futuro no se va a dar ese mentada igualdad de los roles masculino y femenino, sino que se mantendrá la disimetría porque las mujeres, en su autonomía, querrán preservar algunos roles vinculados desde siempre con ellas.

La nueva mujer, el nuevo feminismo

Cuando el discurso mundial y permanente es igualar al hombre y la mujer y repartir roles que tradicionalmente ejercen las mujeres, llama la atención que alguien asegure que ello no se va a dar porque las mujeres no lo quieren y que, es más, ellas mismas han buscado recuperar algunos roles de los cuales hace algunas décadas quisieron desprenderse.

“Hay una mezcla entre querer ser consideradas iguales a los hombres y también ser diferentes a los hombres” es la clara visión del filósofo francés Gilles Lipovetsky.

Invitado por Comunidad Mujer y la Universidad Pérez Rosales, el autor de “La era del vacío. Ensayo sobre el individualismo contemporáneo” y “La tercera mujer. Permanencia y revolución de lo femenino” sacudió a sus escuchas al señalar que las diferencias entre hombre y mujer no van a desaparecer con el paso del tiempo, porque la mujer va a perpetuar aquellos roles que la identifican con lo femenino.

A su juicio, cuando se habla de la mujer moderna, la tercera mujer, aquella que comenzó hace unas cuatro décadas a liberarse, a dirigir su propio destino, sin estar predeterminada por la sociedad, no se debe hablar de una mujer que se ha liberado de la tradición. Para Lipovetsky el cambio que se ha producido no es absoluto.

Si bien la mujer ahora toma sus decisiones y no se somete a los espacios que la sociedad le había definido desde la prehistoria, o sea, adquirió autonomía, no se ha desprendido del todo de la diferenciación de los roles masculinos y femenino y, es más, ese esquema se está recomponiendo.

“Es falso que los roles son intercambiables. No ha desaparecido la disimetría de los roles”, sentenció. Y da una serie de explicaciones para ello, pero la principal es que “esas normas o valores o roles no son incompatibles con la autonomía de la mujer”.

En definitiva, para este filósofo francés lo que caracteriza a la tercera mujer es una situación de indefinición de roles; el hombre y la mujer son libres y a futuro lo que hay es autonomía, no similitud de roles.

Si bien la tradición ha definido esos roles, el hipermodernismo –según Lipovetsky- no implica la destrucción de ellos, si no la construcción a partir del individualismo. “La tercera mujer reúne la persistencia de la tradición, pero también lleva el principio de la autonomía”, explicó.

El pensador aseguró que la mujer puede dejar a futuro –y de hecho lo está haciendo- varias tareas domésticas y algunas están siendo asumidas por los hombres, pero que otras vinculadas desde siempre al rol de la mujer como el cuidado de los hijos, los mantendrá porque tienen que ver con su identidad, con la maternidad, con el sentido de ser mujer. “Los códigos que permiten la construcción de la mujer se perpetúan porque no son obstáculo” para su desarrollo, señaló.

“La mujer se va a mantener en los roles que la reconocen en su femineidad y en su autonomía”, arguyó.

La realidad lo demuestra

La tesis de Gilles Lipovetsky pareciera ajena al discurso actual, pero como él sostiene, la realidad confirma lo dicho con los hechos.

Si un observa el mundo del trabajo, aunque la mujer ya no está recluida en la casa y no saca un título profesional para después no ejercerlo al casarse, lo cierto es que cuando los hijos se enferman, la madre es la que los cuida; es más preocupante que el hombre esté cesante, no la mujer; la mujer que se dedica más a su trabajo y menos a la casa es considerada mala madre, en cambio el padre ausente es comprendido.

Es decir, la mujer ha avanzado, pero sigue concentrándose en cierto tipo de carreras que hacen su vida más compatible con la familia; ganan menos que los hombres y si bien los hombres ayudan, la responsabilidad de la casa recae en ellas.

Si se ve lo que pasa en el mundo de la seducción y el amor, a pesar de la revolución sexual, según Lipovetsky, la mujer sigue priorizando la relación amorosa por sobre la física que busca sólo placer.

También, aunque toma la iniciativa más que antes, lo hace en un porcentaje menor porque no se ha producido una reversión de los roles en el campo sexual. Ella es discreta y selectiva, él abierto y por lo tanto, se acerca a las desconocidas.

En el mundo de la belleza la desigualdad en los roles también se mantienen y es difícil que desaparezcan.

La realidad habla de que los concursos de bellezas son femeninos, la cosmética se concentra en las mujeres y sólo 10% de la industria está destinada a los hombres y si bien ellos han explorado en esta área, están lejos de igualar a la mujer.

Los cambios aquí han sido lentos y si bien, puede que una mujer no se maquille, si un hombre lo hiciera sería visto como travesti.

Lipovetsky recoge el discurso de las feministas que hablan de la tiranía de la belleza, pero aclaró que hoy la tiranía es menor que hace algunos años y que de hecho, son las mujeres profesionales las que más consumen esto porque entre otras cosas, la presión y los ideales estéticos las han hecho mirarse, considerarse.

Y en el mundo del poder político y el poder económico, el filósofo sostuvo que éstos siguen concentrados en los hombres. Si bien a futuro, van a haber más mujeres en el poder político, se está lejos de llegar a una igualdad porque no sólo las mujeres tienen trabas familiares, si no que tienen menos ambición y ven el poder como un medio, no un fin.

Las mujeres no buscan el poder por el poder y la explicación está en que su sociabilización prioriza lo privado y no lo público; la mujer identifica su existencia con la calidad de los lazos privados.

Según Lipovetsky, el cambio será aún más lento en el poder económico porque ahí no hay presión ni debate público. Las cifras lo demuestran: en Europa sólo un 8% de los directores de las 200 empresas más grandes son mujeres y en EE.UU., son sólo el 13% de las 500 empresas más importantes.

Los contras y el nuevo feminismo

Gilles Lipovetsky aseguró que la transformación hipermoderna que se está dando es positiva porque no sólo por la conquista de su libertad que ha alcanzado la mujer, si no porque ha logrado afirmar su femineidad sin ser dominada por lo masculino como si se expresaba con claridad en la obra “El segundo sexo” de Simon de Bouvier.
“Las mujeres ya no aspiran a ser como los hombres; ya no envidian la suerte de los hombres de haber nacido tales”, dijo.

Pero no todo es fantástico según Lipovetsky: la autonomía tiene su precio y es que las mujeres están alcanzado mayores niveles de angustia, similares a la de los hombres, por querer compatibilizar sus roles. Entre más libertad, mayor es el problema para administrar el tiempo, sostuvo.

Y así como se está dando la feminización del poder, se está feminizando la pobreza.
Lipovetsky aclaró que los cambios que vienen serán promovidos por un nuevo grupo de mujeres en un movimiento mucho mayor que el feminista de los ´60.

“El feminismo del futuro será menos agresivo, las mujeres no se sentirán víctimas y la guerra de los sexos no encontrará eco”.

Se tratará de un feminismo más irónico frente a si mismo y frente a los hombres.

Fuente: María José Errázuriz L. – El Mercurio – Chile

Hasta aquí la nota de El Mercurio.

Contestando a Lipovetsky

Me gustaría releer este artículo dentro de 25/30 años y ver donde estamos entonces pues, en mi opinión, el pensamiento de este reconocido filósofo deja entrever los mismos prejuicios del hombre común (y de muchas mujeres también).

Las explicaciones que apelan a la femineidad como si esta fuera algo indiscutido y congelado en el tiempo, me parecen al menos preocupantes.

Creo que si no entendemos que los conceptos de masculinidad y femineidad son construcciones de los seres humanos y por lo tanto posibles de ir adaptando a nuevas realidades, entonces se transforman en corazas que no nos dejan respirar.

No dejo de preguntarme que es la femineidad y me da la impresión que es un conjunto de características y comportamientos que otros decidieron hace mucho tiempo (nuestra cultura tiene mas de 5000 años) que nosotras deberíamos ser y, además, querer ser…

Según Lipovetsky es más preocupante que falte un hombre a su trabajo que una mujer. ¿Por qué es más preocupante? Me parece que lo que le preocupa al empleador es que falte un/a empleado a su función…

El Sr Lipovetsky parece descubrir que se está femineizando la pobreza, cuando la pobreza siempre fue femenina,  !hasta en la gramática!

Don Gilles masculla: “Hay una mezcla entre querer ser consideradas iguales a los hombres y también ser diferentes a los hombres” … Por mi parte, Gilles, te aclaro, lo que las mujeres queremos no es ser iguales a los hombres (tamaño aburrimiento) sino tener los mismos derechos y estar en igualdad de condiciones (ante la ley y en la vida cotidiana) que no es lo mismo…

Para terminar quiero decir que más me gustaría releer esto dentro de 100 o 200 años, pero claro, es mucha pretensión de mi parte…

Y tú ¿qué opinas?