Metamorfosis Ambulante

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La sociedad no valoriza a los más preparados, sino a los más flexibles y adaptados.

Se necesitaron doce siglos para que la teoría geocéntrica formulada por Aristóteles, según la cual la tierra era el centro del universo, dejara lugar al modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico, en el que los planetas giran alrededor del sol.

Con todo su conocimiento y reputación, el mismo Copérnico que defendía la órbita circular de los planetas, vio sus tesis desmentida en 1609 por Kepler quien demostró que las órbitas eran elípticas.

La historia de la humanidad está llena de cambios semejantes. Son los denominados paradigmas, o modelos científicos aceptados durantes largos períodos y que determinar el desarrollo posterior de las investigaciones y de las ideas.

En la vida social somos igualmente regidos por modelos, patrones, normas, reglas, leyes. Y la inclusión social demanda acatarlos todos. Y adaptarse.

La desobediencia de la constitución nos convierte en infractores/as que deben ser castigados. la inobservancia de las tendencia de moda nos transforma en excéntricos/as.

Estamos produciendo personas convencionales, que no piensan, no reflexionan, no elaboran, no opinan. Personas sin identidad, o mejor dicho, con la misma identidad que todas las demás. Personas encuadradas, presas en un plano bidimensional. La clonación llegó al cerebro antes que al cuerpo físico.

Lidere, siga o apártese

La teoría evolucionista de Charles Darwin se basaba en los siguientes hechos. Los seres vivos se reproducen en progresión geométrica, pero como el número de individuos de cada especie tiende a permanecer relativamente constante, se establece una lucha por la vida en la que se consagra vencedor el más adaptado al medio ambiente.

Cuando miro al mundo corporativo actual, veo con nitidez la aplicación de la tesis darwiniana. El número de trabajadores se multiplica exponencialmente, pero como la cantidad de empleos tiene a permanecer estable o hasta a reducirse, identificamos una lucha por la inserción profesional donde quien conquista la vacante no es el mejor, sino el más adaptado al medio-empresa.

Y el más adaptado puede que resulte ser porque fue recomendada/o por alguien influyente, porque estructuró mejor su CV, porque se comportó adecuadamente en la dinámica de grupo, porque dio las respuestas precisas a las viejas cuestiones en la entrevista, porque durante todo el proceso usó ropas con el corte correcto y el perfume en la cantidad necesaria.

Más adaptado no significa necesariamente ser el/la mejor técnicamente, más preparado/a o más competente. Solamente el/la más flexible. Importa que fue el vencedor…

Si usted tiene una personalidad suficientemente fuerte, puede ingresar en el “sistema” sobre la base del modelo anteriormente descripto.

Primero tendrá que declinar momentáneamente algunas de sus ideas luego, en una segunda instancia, traerlas al juego buscando influenciar a su alrededor. Primero se adapta o muestra haberse adaptado. Después, propone un nuevo modelo y lo conduce. Así se forman los líderes corporativos de hoy.

Puede que éste no sea su perfil de modo que, una vez adaptado/a, se quedará así. Es lo que le ocurre a la mayoría de las personas. Así son los liderados.

Existe, evidentemente, la clase de los que no se adaptan, ni para liderar, ni para ser liderados. Son los que son dejados de lado.

Ideas e Ideales

Hay una distinción entre ideas e ideales. No precisamos quedar presos en los mismos argumentos cuando otros, más convincentes, nos visitan. Es necesario practicar la flexibilidad.

Keynes decía: “cuando cambian los acontecimientos, cambio de idea”. Mas no se debe cambiar de opinión si no se puede también cambiar de conducta.

Los principios son innegociables. Fue la lucha por el ideal de la libertad de Escocia que hizo que William Wallace prefiriese su ejecución a jurar lealtad a Inglaterra, como bien retrata el film “Corazón Valiente”, protagonizado por Mel Gibson.

Como ejemplo de esta metamorfosis ambulante que somos, nada mejor que el amor propio y sus idiosincrasias. La tenue línea que separa el amor del odio, atención e indiferencia, cariño y omisión.

García Márquez nos enseñó que amamos a otra persona no por quien es, sino por quien nos volvemos en su presencia. “Amar”, dice Mario Quintana, “es mudar el alma de casa”.

Muchos son los lares que la vida nos reserva…