En esencia, el marketing personal es saber venderse, y para lograr este objetivo se utilizan las mismas técnicas que se emplean para promocionar empresas y productos.
Un profesional debe saber venderse desde el momento que conoce al cliente, porque de la impresión que se lleve el cliente puede marcar la diferencia entre conseguir un contrato o no.
Hay que sintonizar los deseos y necesidades del cliente, seguir al pie de la letra el viejo dicho “El cliente tiene siempre la razón” y saber en todo momento qué es lo que el cliente quiere oír.
Para llegar a desarrollar un plan de marketing, es necesario analizar estos hechos. Es muy común escuchar a un profesional diciendo frases como “lo que yo necesito es publicidad”, pero ello no siempre es conveniente, e inclusive puede llegar a ser contraproducente dependiendo de la especialidad de la que se trate.
Por ejemplo, un psicoanalista raramente sacará provecho de la promoción tradicional, ya que nadie elige un médico o arquitecto sólo por un aviso en el diario, y en casos como éstos tienen un peso mayor la imagen y el prestigio.
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