Usted tiene una gran idea y se la explica en detalle a un potencial cliente antes de cerrar el trato. Adivine lo que pasa: acaba de regalar un negocio.
No puedo pasar por el local de galletitas Mrs Fields sin probar una - huelen bien, saben mejor y, dado que recuerdo limpiarme el chocolate de la comisura de mi sonriente boca, no dejan huellas de mi debilidad momentánea. Las muestras ayudan a mantener el negocio de las galletitas, de la misma manera que ha ayudado a otros grupos a hacer crecer sus ventas.
Sin embargo, las degustaciones y muestras sin cargo no son una estrategia de ventas que les sirvan a todos los negocios y, muchas veces, pueden ser un arma de doble filo.
Consideremos una carta que recibí recientemente de Karen, una diseñadora quien relataba como ella y su socio se entrevistaron con el dueño de un negocio local para conversar sobre el site de la empresa. Mientras conversaban, para impresionar al potencial cliente, su socio hizo unos bocetos sobre cómo debería verse el site. "Al otro día le enviamos el presupuesto", comenta. Dos días más tarde y sin tener noticias del empresario, se sintió "shockeada, asombrada y herida" al comprobar que éste había usado el diseño sugerido en un atractivo aviso en el diario local.
La experiencia de Karen está lejos de ser única. Prácticamente toda persona cuyo trabajo consiste en vender ideas o diseño se sintió, en algún momento, perjudicada y herida por haber dado "muestras gratis". Si un representante de ventas sucumbe a la necesidad de alardear, puede costarle muy caro. "Estamos tan enojados" escribió Karen, comentando en tomo furioso, que me hubiera gustado vengarse - salvo que necesitaba el trabajo. Siento darte malas noticias, Karen, todas las posibilidades indican que nunca verás un trabajo de este señor, quien probablemente ni siquiera piense que reciclar el boceto que le dejaron, sea gran cosa.
Algunos clientes vienen derecho a pedir muestras. Como conferencista profesional, a menudo me piden que de una charla sin cargo, tentándome con la idea de que, posiblemente, alguno de la audiencia podría conocer a alguna otra persona interesada en contratarme para dar una conferencia en algún lugar. En mi caso, establezco un cierto límite para las charlas gratuitas que me interesa dar y me mantengo. Me ayuda a rechazar esas invitaciones sin sentirme como Ebenezer Scrooge (el famoso personaje de "Un cuento de navidad" de Dickens, famoso por lo miserable).
Karen se merece crédito por tener el coraje de confesar su error y también por buscar formas de no repetirlo. Siempre digo, "Cuando uno gana, obtiene beneficios, pero cuando pierde, lo mejor que puede hacer es aprender." El punto es: ¿cómo demostrar a un cliente potencial que se tienen grandes ideas sin echar a perder el negocio?
A continuación desarrollo algunas ideas que le evitarán caer en esa trampa:
Recuerde, si los potenciales clientes la/o presionan para que les adelante una solución de diseño, recuérdeles que los consejos gratis valen exactamente el precio que pagan -- nada.
Como decía Charles Dickens, las muestras pueden ser "la mejor de las ideas, la peor de las ideas." Si es propensa/o a impresionar a su potencial cliente dando muestras sin cargo, en el fondo puede ser peor que el mayor malversador. Dicho en forma sencilla: Se está robando a sí misma/o. Sin embargo, si la muestra está bien pensada, puede colaborar a hacer crecer su negocio más rápido que lo que tardo en decirle al vendedor de Mrs. Fields, "Por supuesto, me llevo una docena!" Felices ventas
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Michelle Nichols