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La importancia estratégica del "mono número 100"

| Mario Dehter | 5.Octubre.07 |
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En el libro: "The Hundredth Monkey", Ken Keyes describe un fenómeno simple y bastante difundido pero, curiosamente, muy superficialmente tratado considerando que sus observaciones ofrecen una clave estratégica para lograr "éxito" en casi cualquier tipo de objetivo que se pretenda lograr: la importancia estratégica del "Mono-Número-Cien".

Cuando un número limitado de personas conoce una cosa nueva, sólo es propiedad de esas personas. Pero hay un punto en el cual cuando una sola persona más sintoniza este nuevo conocimiento, el campo se refuerza de tal manera que este conocimiento es adquirido por casi todos.

¿Cómo facilitar el salto de un bien cultural desde algunos a todos?

Por aquellos eventos fortuitos de la serendipia encontré este maravilloso relato que si bien se podría considerar superficialmente como "literatura ligerita" de "divulgación científica", creo que quienes se detengan a reflexionar sobre lo que expone, como en mi caso, van a descubrir las claves para dar vuelo a sus ideas innovadoras.

Escribe Ken Keyes, en "The Hundredth Monkey":

"El mono japonés, Macaca Fuscata, fue observado en estado salvaje por un período de 30 años.

En 1952, en la isla de Koshima, al norte de Japón, los científicos comenzaron a proveerles batatas a los monos, arrojándoselas a la arena. A los monos les gustaba el sabor de la batata cruda, pero no la arena pegada a ella.

“...cuando apenas un número limitado de personas conoce una nueva forma, sólo es propiedad consciente de esas personas. Pero hay un punto en el cual cuando una sola persona más sintoniza este nuevo conocimiento, el campo se refuerza de tal manera que este conocimiento es adquirido por casi todos"

Una hembra de 18 meses, llamada IMO, resolvió el problema lavando las batatas en un arroyo cercano. Después le enseñó el truco a su mamá. Sus compañeros de juego también aprendieron esta nueva manera y la enseñaron a sus madres.

Poco a poco, ante los ojos de los científicos, varios monos fueron aprendiendo esta innovación cultural.

Entre 1952 y 1958 todos los monos jóvenes habían aprendido a lavar las batatas con arena para hacerlas más sabrosas. Los adultos que imitaron a sus hijos aprendieron esta mejora social, pero los otros adultos seguían comiéndose las batatas sucias. Entonces sucedió algo sorprendente. En el otoño de 1958, un determinado número de monos en Koshima ya lavaban las batatas (el número exacto se desconoce).

Supongamos que al salir el sol una mañana había 99 monos en la isla de Koshima que habían aprendido a lavar sus batatas. Supongamos también que un poco después, esa misma mañana, el mono número cien aprendió a lavar las batatas.

¡Y entonces sucedió! Esa misma tarde casi toda la tribu lavaba sus batatas antes de comérselas. La energía adicional de este mono número cien, de algún modo, había generado ese avance ideológico.

Sin embargo, cabe hacer notar lo siguiente: algo aún más sorprendente que observaron los científicos fue que el hábito de lavar las batatas entonces saltó y atravesó el mar.

Colonias de monos en otras islas y la tribu principal de monos del continente, en Takasakiyama, empezaron a lavar sus batatas.

De este modo, cuando un determinado número crítico logra un conocimiento, este nuevo conocimiento puede ser comunicado de una mente a otra.

Si bien el número exacto puede variar, el fenómeno del Mono Número Cien significa que cuando apenas un número limitado de personas conoce una nueva forma, sólo es propiedad consciente de esas personas.
Pero hay un punto en el cual cuando una sola persona más sintoniza este nuevo conocimiento, el campo se refuerza de tal manera que este conocimiento es adquirido por casi todos."

La observación

Necesitas conocer como se comporta y necesitas saber reconocer quien es esa persona “mono-número-cien” que vuelca una idea, un conocimiento o un hecho (por ejemplo un producto o un servicio que tu mismo intentes proveer a los demás) desde el pequeño círculo de un pequeño grupo de gente a la cultura social.

Entonces la clave de un éxito (artístico, tecnológico, político, comercial o científico) no está solo en saber reconocer y aprovechar a tiempo las oportunidades, ni en poder acceder a la información estratégica sobre cómo y cuándo hacer, ni en la mera circunstancia de poseer los medios o el contacto apropiado con quienes los tienen.

Si reparamos cuidadosamente en la explicación de Imo, la clave tiene dos llaves:

  • Saber que hay al menos un "mono-número-cien" (¡ya lo sabes!) que va a ayudar a despegar tu emprendimiento desde "tu tablero de diseño" hasta "el deseo y la canasta del consumidor";
  • Saber reconocer quién es y cómo se comporta (o como hay que motivarlo para que se comporte de determinada manera).
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