Los Pasajes Cubiertos de París

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Los pasajes cubiertos de París son como un viaje en el tiempo, un recorrido por la ciudad de finales del siglo XVIII en pleno siglo XXI.

Caminando por París, de pronto advertimos aquí y allá profundas calles que se internan en la manzana, son como bocas amables cuya luz tenue ingresa filtrada por los vitraux cenitales y nos atraen hacia el interior.

Numerosos escritores, seducidos por la atmósfera que brinda esta arquitectura, hicieron de los pasajes los escenarios de sus historias: Honoré de Balzac, Emile Zola, Luis Aragón, André Breton, Paul Eluard y también nuestro Julio Cortázar quien se inspiró en los pasajes para escribir el cuento “El otro cielo”, donde los asocia con lugares a través de los cuales es posible evadirse de la realidad.

… me gustaba echar a andar sin rumbo fijo, sabiendo que en cualquier momento entraría en la zona de las galerías cubiertas, donde cualquier sórdida botica polvorienta me atraía más que los escaparates tendidos a la insolencia de las calles abiertas…
Julio Cortázar, “El otro cielo” del libro Todos los fuegos el fuego (1966).

En la misma corriente de ideas Walter Benjamin, en su “El libro de los pasajes” explica como algo tan banal como los pasajes permiten entender realidades complejas, particularmente la presentación y representación de la mercancía, queriendo revelar algo más que la simple producción de las mismas.

Una guía ilustrada de París explica: “Esos pasajes, una nueva invención del lujo industrial, son pasos, techados de vidrio y enlosados de mármol, a través de bloques de casas cuyos propietarios se han unido para semejantes especulaciones. A ambos lados de esos pasos, que reciben su luz de arriba, discurren las tiendas más elegantes, de tal modo que un pasaje es una ciudad, incluso un mundo pequeño. Los pasajes son el escenario de las primeras iluminaciones a gas”.

El París de Walter Benjamin y El Libro de los Pasajes

La traza urbana de la ciudad, París, es la imagen del hombre público, del engaño y la promesa, y los pasajes son el sueño objetivo y material de la modernidad: el acero, el vidrio, los escaparates, pero también la mercancía y la moda son el sueño que sueña a la sociedad de masas, ese sueño que “…permanece oculto en la oscuridad del instante vivido y que pertenecen –según Benjamin– a la conciencia onírica del colectivo” (2005: c. 2 a 3).

Los pasajes cubiertos de París son un viaje a la ciudad de finales del siglo XVIII en pleno siglo XXI. Clic para tuitear

La Historia de los Pasajes Cubiertos de París

La historia de los pasajes comienza en París a fines del siglo XVIII. La capital era una ciudad de lujos y atracciones pero aún conservaba su estructura medieval. Sus callejuelas polvorientas o embarradas no tenían veredas, tampoco cloacas ni pavimento. Por ellas circulaba un gentío desordenado y era imposible desplazarse tranquilamente.

Hacia fines del siglo XVIII los jardines del Palais Royal eran propiedad del duque de Orleans, primo del rey Luis XVI, quien a su vez reinaría como Luis Felipe I, último rey de los franceses. El estilo de vida del entonces duque exigía grandes cantidades de dinero por lo que, abrumado por las deudas, decidió abrir los jardines al público y a tales efectos encargó al arquitecto real la construcción en los cuatro laterales de arcadas y comercios para que los parisinos pudieran pasear protegidos, dando origen a las galerías de Bois que funcionaron hasta 1828.

Los primeros pasajes fueron creados entonces con un interés comercial, en respuesta a una necesidad de la época (y del duque). Para su construcción se emplearon nuevos materiales, más seguros y económicos: el hierro y el vidrio, combinados para sostener los techos transparentes que permiten la iluminación natural. De noche, por primera vez se utiliza una brillante luz de gas, que contrasta con la penumbra de las calles mal iluminadas.

Esta zona era el foco de la vida social en tiempos del Ancien Régime y la Revolución.
El éxito alcanzado por la ocurrencia del duque incentivó a otros empresarios a construir números pasajes durante el siglo XIX.

Pronto estos pasajes se convertirían en escenario de la vida social y cultural de París. Dentro de los mismos era posible deambular libremente de un negocio a otro, protegido de la lluvia o del frío, hacer un alto en un café, tener un encuentroamoroso o leer el diario en alguno de los numerosos salones literarios. Allí podía encontrarse gente de distinta condición: hombres de negocios y jugadores, príncipes y buscavidas, atraídos por la Bolsa de Comercio (situada en el mismo barrio), las tiendas elegantes, los espectáculos, o las prostitutas ligeramente vestidas.

En las galerías se podía asistir a pequeños conciertos o cruzarse en el camino con escritores, como Verlaine, con artistas o con caricaturistas, como el famoso Daumier. Tanto fue el éxito en ese momento que en el término de cincuenta años se construyeron cincuenta pasajes en todo París.

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Ubicación de los pasajes cubiertos
1- Choiseul: Petits-Champs y Saint Agustin 7 – Véro-Dodat: J.J. Rousseau y Bouloi
2 – Vivienne: Petits-Champs Y de la Banque 8 – Brady: Saint-Denis y Strasbourg
3 – des Princes: Boulevard des Italiens y Richelieau 9 – del Prado: Bvrd Saint-Denis y Saint Denis
4 – des Panoramas: Saint Marc y Boulevard Montmatre 10 – du Caire: DÁboukir y Saint-Denis
5 – Verdeau: Grand Bateliere y Fauboug Montmartre 11 – du Grand-Cerf: Saint-Denis y Dussoubs
6 – Jouffroy: Boulevard Montmartre y Grand Bateliere 12 – du Havre: Caumartin y Saint-Lazare

Los pasajes que podemos visitar

Todos estos pasajes se encuentran en la “rive droit”, o sea en la margen derecha del Sena, que es justamente sede de los distritos más comerciales de París.

Para recorrerlos podemos agruparlos en dos conjuntos principales: los situados en el sector que va desde el Palais Royal hasta los grandes bulevares, y que continúan siendo los más suntuosos. Y el segundo grupo, más austero, que se concentra alrededor de la calle Saint-Denis.

Los pasajes cubiertos ubicados alrededor del Palais Royal

Los pasajes fueron mi primer recorrido por un París lluvioso y todavía bastante frio a pesar de la primavera. Salí del metro 1 en la estación Louvre- Rivoli (que no es la que corresponde a la entrada del museo) y deambulé por la calle Rivoli hasta llegar a una zona inmensa que luego ubiqué como el Forum des Halles, la estación de transferencia más grande de Europa.

Esta zona conserva la estructura de callejuelas y pasajes que salen por todos lados y me resultó bastante difícil ubicarme por lo que decidí volver al comienzo y reorientarme. Cuando estaba llegando al subte, un cartel en una esquina me apunta en la dirección correcta por detrás del Palais Royal.

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Deambulando llegué a un pequeño espacio público, un sectorcito triangular encantador lleno de flores y con estacionamiento para bicicletas y, al girar la cabeza, mi alegría al ver grabado en la arcada del edificio de la esquina de J.J. Rousseau y Bouloi: Galerie Véro-Dodat ¡al fin pego una!

paris_vero_dodat_intA su entrada todavía se puede visitar el café de L´Epoque donde el poeta romántico Gérad de Nerval bebió su última copa antes de suicidarse.

La decoración neoclásica refinada con un piso en damero blanco y negro, las vidrieras de madera oscura, un techo con pinturas enmarcadas con molduras de oro, ofrece un ambiente recogido y exquisito que, luego comprobaría, se ha perdido en gran parte de los otros pasajes.

En su interior se encuentran numerosos anticuarios, el luthier RF Charle, el famoso editor milanés Franco María-Ricci y la boutique de muñecas antiguas de Robert Capia.

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La Arquitecta Silvia Chauvin es editora de Mujeres de Empresa, escribe sobre temas de tecnología y redes sociales.