Los Efectos de la Marea Negra Para las Mujeres Gallegas

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La catástrofe del Prestige tiene rostro de mujer, pues como todas las catástrofes y desastres naturales afectan más a las mujeres debido a su doble rol, productivo y reproductivo.

Son mujeres las mariscadoras que se han quedado sin arenales donde encorvarse cada mañana para marisquear, para arañar la arena en busca del fruto, son mujeres también las que venden el producto en los mercados.

Porque los hombres, en esa división sexual del trabajo que afecta también al mundo del mar, son pescadores de bajura o de altura, propietarios o no de pequeñas embarcaciones. A ellos les queda la opción, difícil por supuesto, de enrolarse en otros barcos, con otros patrones, de ir al Gran Sol o..de emigrar como tantos otros varones a Canarias, a trabajar en la construcción (marineros en tierra, gentes de mar atrapados en la isla).

Pero las mujeres que viven del marisqueo, no pueden ir en busca de otros arenales y rocas en los que recoger las almejas, las navajas, los berberechos, las algas, las minchas, los erizos, no ellas no pueden vender su fuerza de trabajo en otro lugar, están sujetas a la costa.

Ellas son las que trabajan en las feminizadas industrias conserveras, una de las grandes afectadas por la catástrofe, a ellas será a las primeras que echen a la calle. Pero tal vez puedan llamar a las puertas de los talleres cooperativos que cosen, planchan y rematan piezas de confección para la Gran Industria Textil Gallega, a precios de mercado de países en vías de desarrollo, y horarios interminables y salarios de 300 ?, porque eso es lo que es Galicia, un país con un gran peso de las actividades extractivas e industrias de transformación, con mano de obra barata y sumisa. Pero tal vez todavía puedan, si esas industrias siguen ahí, porque incluso ellas amenazan con irse a los otros terceros mundos europeos que están ahí cerca al este.

Desde la psicología, la teoría y práctica de la cooperación, se ha comprobado una y otra vez, que después de toda catástrofe “natural” y mientras perduran los efectos de esta, se disparan los índices de violencia, y particularmente de la violencia de género hacia las mujeres.

Sobre ellas caerán los efectos postraumáticos de la catástrofe, el efecto del paro, de las depresiones psicológicas.

Ellas serán las que aguatarán a los hombres deprimidos de su entorno, a los que se darán ala bebida, a los que canalizarán su ira con las manos. Ellas tendrán que sacar fuerzas de donde no tengan para seguir adelante. ¿Qué precio le ponemos a este efecto indirecto del vertido de crudo, quién lo asume?.

Pero seguramente eso no esté entre las previsiones del gobierno, pues con una reparación económica se repara todo mal, incluso los impactos no previstos, como el de la violencia. ¿Hay equipos de psicólog@s deplazad@s a las zonas afectadas para atender a las víctimas de la catástrofe? No, ese factor humano no se ha tenido en cuenta ante males mayores como el desastre ecológico.

Pero las mujeres y hombres de la zona también forman parte del ecosistema y sin ell@s no puede haber un desarrollo sostenible. Pero claro, tener en cuenta este factor, implicaría aumentar los gastos y reconocer los otros impactos indirectos derivados del derrame del petrolero, tal vez habría que exigir, ahora que todavía tenemos fresco el 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia de Género, un Plan Estratégico para la prevención de la violencia de género en las zonas afectadas, porque la violencia vendrá con cada ola y cada marea a azotarles a la cara, psicológicamente, físicamente, en cada puerto en cada aldea escogerá el viento que más tenga interiorizado del discurso androcéntrico.

Numerosas unidades de convivencia o familias se desmembrarán, se desestructurarán, se llenará de nuevo Galicia, como ya dijo una de las primeras feministas y revolucionarias gallegas Rosalía de Castro -y no reconocida su obra como tal, pues se ha mostrado mayoritariamente su lado romántico, y no su obra de denuncia social- se llenará decía de “viuvas de vivos”.

Se quedarán ellas al frente de la casa y de las personas dependientes (hij@s, mayores, personas enfermas, encamadas.) porque ellos emigraran, porque todavía después de años, no hemos superado la sentencia de Castelao “En Galicia non se pide nada emígrase”, porque la sumisión y la resignación forman parte de la estructura sociocultural gallega y si no se identifica el problema y trabaja en su disolución, como se trabaja en la disolución del sistema patriarcal, nunca saldremos adelante como pueblo.

Seguimos siendo una zona objetivo Nro.1 dentro de la clasificación de la UE.
Somos la periferia física y económica de la UE y no damos alcanzado el tren de alta velocidad europeo, e incluso cuando el propio tren llegue lo hará ya lo sabemos, tarde y lentamente, porque somos un país de montañas, nos tratan de engañar una y otra vez con la trampa del determinismo geográfico, la geografía es nuestro destino, como lo fue en este suceso tan desafortunado, los vientos y mareas da Costa da Morte, y lo seguirá siendo cíclicamente, si no se prohíbe el tráfico de este tipo de petroleros. Porque también la naturaleza es el destino de las mujeres, seres inferiores sin derecho a la palabra, seres predestinados por su naturaleza maternal a cuidar de los otros. ¿A cuántas mujeres han entrevistado los medios de comunicación, a cuántas le han preguntado como afectará a sus vidas diarias los efectos de la crisis que se avecina?

Tampoco l@s periodistas le ponen rostro a la crisis, son pocas las fotografías que recogen a las mujeres que han participando en las tareas de limpieza de las costas, son pocos los testimonios de ellas recogidos. Y como mucho, alegarán, es que no hay tantas mujeres allí, no son representativas, es que no quieren hablar.¿dónde están las mujeres gallegas? Y si hoy no han bajado a la orilla no es porque ya no hay nada que marisquear, es porque ya han comenzado la nueva administración de la económica a la que tendrán que enfrentarse.

Ellas tendrán que administrar el subsidio de miseria que recibirán durante 6 meses, tendrán de nuevo que hacer números una y otra vez para poder pagar los recibos de la luz, del agua, del teléfono (que no parará de sonar porque se comunicará con los emigrados, hasta que un día como ocurrió con tantos otros perdidos en la diáspora de la emigración, el teléfono deje de sonar).

Los bienes y servicios generados en la esfera reproductiva, y por tanto no monetarizados, aunque en el mercado laboral si tienen un valor mercantil, tendrán que aumentar debido a la crisis -como ya han demostrado la economistas de género una y otra vez-. Es decir aumentará el trabajo realizado por las mujeres para lograr la subsistencia de la unidad de convivencia o familiar, tendrán que generar bienes y servicios que antes podían comprar porque disponían de ingresos propios por su empleo o el de otra persona con la cual conviven en el sector. Por ejemplo, tendrán que cocinar más de lo que lo hacían antes de la crisis.

Ahora no podrán comprar el pollo ya asado, la ensaladilla congelada, no vale llamar a una cadena de pizzas para solucionar una de la comidas del día, ahora tendrán ellas que cocinar el pollo, la pizza..

Tendrán que recorrer todas las tiendas y supermercados de la zona en busca del mejor precio para cada producto, aunque eso suponga la pérdida de una hora diaria en ir de aquí para allá, se remendarán de nuevo los calcetines, se subirán en casa los bajos de los pantalones, no se pondrá el lavaplatos ni se conectará la calefacción (si los hubiese) sino que se calentarán bolsas de agua caliente para tod@s por las noches, no se mandará a los niños en el autobús escolar, sino que los llevarán directamente ellas, a pie o en el coche.

Todo ello aumentará las horas dedicadas por las mujeres al rol reproductivo, en detrimento del tiempo dedicado para ellas mismas, para buscarse otro trabajo, para poder asistir a un curso de formación ocupacional que no tendrá estos factores en cuenta y se realizará en el lugar y hora más convenientes para el dueño del centro del formación para el profesorado. No sabrán lo que significan las palabras descanso ni ocio.

Tirarán como puedan de las míseras pensiones de l@s mayores (las más bajas del estado) que por ley de género, perdón de vida, les ha tocado atender y cuidar. Somos un país subsidiado, que malvive de las pensiones de las personas mayores, donde las mujeres no quieren tener hij@s, porque saben que no tendrán con qué alimentarlos, no tendrán empleo que ofrecerles, sólo un maleta, porque no ven futuro, porque ya no nacen, porque emigran en busca del futuro. Porque ellas a duras penas salen adelante. Es el lento genocidio del pueblo gallego, de sus gentes, de su cultura, de su lengua, de su paisaje, de su litoral, de sus fondos marinos, de su ecosistema, de su riqueza y patrimonio natural.

En Galicia tenemos una de las rentas per cápita más bajas de la UE y una de las tasas de desempleo más altas. ¿Qué pasará en el plazo de 20-30 años cuándo l@s pensionistas se vayan muriendo, de qué viviremos? No hay recambio generacional, y no lo va a haber durante décadas si la manera de hacer política no cambia en este país.

Tenemos la tasa de natalidad más baja del mundo, estamos condenad@s a nuestra propia extinción, como se está extinguiendo nuestra lengua, las que más hablantes tiene y la que más hablantes pierde, porque ya no la quieren hablar, porque reniegan de la mísera identidad que les devuelve.

Como ya lo señaló la ONU, en el año internacional de las lenguas, o galego es una lengua en peligro de extinción, como algunas de las especies de aves que habitan las costas, ahora más amenazadas todavía. Pero si se muere la lengua que le da nombre al ecosistema, se muere también el ecosistema pues se perderán los matices y saberes que la singularidad de cada vocablo lleva detrás en cada lengua, porque hay términos que no tienen traducción, como las contradicciones entre la morriña, el orgullo y la rabia que me entran por ser gallega.

Y desempleo que obliga, que fuerza a la emigración, también tiene rostro como la marea negra, tiene rostro de mujer, pues la tasa de paro femenino en Galicia dobla a la masculina y eso que llevan años desarrollando programas de fomento del empleo.

Pero estos siguen beneficiando más a los varones, y en vez de disminuir las desigualdades habidas entre mujeres y hombres, en materia de empleo, lo que han hecho a lo largo de todos estos años, ha sido aumentar la desigualdad; el dinero de los fondos europeos sigue beneficiando a LOS que ya estaban arriba en la pirámide social, porque no se ve el rostro femenino de la población desempleada.

A la reconversión de la industria naval y de los astilleros, (eufemismo para referirse a la muerte), a la cuota láctea o lo que es lo mismo el desmantelamiento del campo gallego) después le siguió la crisis de las vacas locas, los desacuerdos pesqueros, y ahora el Prestige.

Excusa ideal para acabar con la Flota gallega que los gobiernos de la UE quieren desmantelar, por antigua, pequeña y poco competitiva. Galicia va la deriva como el Presige.

Prepárense madrileñ@s, canari@s, ingles@s etc. para recibir la oleada de inmigrantes que les llegarán, eso si con su papeles en regla y permiso de residencia avalados y con el visto bueno del gobierno.

Y no se olviden que en el fango de los arenales de las rías, en los puestos del mercado, en las conserveras y en las casas de los pescadores, quedaron las mujeres atrapadas en su rol de género.

Ver también

Informe de la Universidad de Vigo