Líderes Con Pañoleta y Fragancia Sugestiva

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El liderazgo femenino de hoy se destaca por una fuerte tendencia a desarrollar un estilo propio despegado de los modelos masculinos de viejo cuño.

Más colores, más accesorios “coquetos” y la seducción como un puente empático hacia los demás y no como la cualidad que antaño transformaba a las mujeres en “objetos” de la mirada masculina.

Trajes grises o azules, el estilo Chanel en su versión noventa y otros clásicos del mundo de los negocios acompañaron por años a la mujer ejecutiva. Pero así como se puede observar un cambio en el estilo de liderazgo femenino, puede verse el reflejo de este cambio también en la imagen.

“Al principio, hubo una tendencia a la masculinización para insertarse en esas estructuras hechas por hombres con normas masculinas”, explica la licenciada Griselda Lassaga. Y esto se reflejaba también en la forma de vestir o de conducirse dentro del ámbito laboral, ya que “ser femenina en el trabajo podía ser visto hace unos años como seducción hacia la otra persona”, asegura Lassaga, licenciada en psicopedagogía y especialista en temas de coaching y capacitación.

En este sentido, puede decirse que existió durante años una falta de identidad en el liderazgo femenino, ya que rasgos propios de la femineidad eran negados en función de este modelo masculino de éxito.

La licenciada Lassaga comenta que si bien no se trata de utilizar la seducción en términos de seducir al otro como miembro del otro sexo, sí es posible utilizar la seducción como un forma de lograr empatía para relacionarse con el otro.

“Esta seducción femenina tiene que ver con el mostrarse y con la simpatía, con el agradar. Y esto será posible en la medida en que la mujer se sienta cómoda consigo misma, en la medida en que sea más fiel a su identidad como mujer y no tenga que sujetarse a patrones que le son ajenos”, agrega la especialista en recursos humanos.

Los efectos de este cambio de actitud por parte de las mujeres de negocios pueden verse reflejados en el mercado de la moda, ya que marcas líderes como Dona Karan o Liz Claiborne, que desde fines de los ochenta son en los Estados Unidos el referente de las mujeres que se mueven en altos niveles del mundo financiero, sufrieron un duro golpe con este cambio y vale recordar que las marcas orientadas a ropa para la oficina tienen un mercado de cerca de 100 millones de dólares al año.

En Latinoamérica, en general se da también esta acentuación de los rasgos puramente femeninos en la imagen de las mujeres líderes, según asegura la licenciada Lassaga. “En otros países como en Colombia, por ejemplo, esta tendencia es mucho más notoria y se refleja en los colores, y en el uso de pañoletas y grandes aros. Esta ornamentación así como el maquillaje, tiene que ver con resaltar la diferencia.

Los detalles que afectan el liderazgo femenino son aquellos que tienen que ver con la femineidad como tal, con la identidad femenina.

Rescatar la femeneidad, asumirla como propia y desarrollarla es clave para el ejercicio del liderazgo femenino”, asegura Lassaga, y agrega: “Es por eso que a medida que tengamos nuestra propia autoestima desarrollada, vamos a sentirnos seguras en lo que hacemos. Yo creo que el principio del liderazgo femenino es muy básico, es el principio de la autoestima”.

Si bien la forma de vestirse de maquillarse o de conducirse no es ni debe ser la misma en el ámbito laboral que en el ámbito social, aclara la licenciada Lassaga, esto no implica que las mujeres deban descuidar en el trabajo aspectos puramente femeninos “que se reflejan en las forma de vestirnos, de maquillarnos o de perfumarnos”.

Para entrar en el mundo de los negocios con estructuras hechas y organizadas por hombres y con normas masculinas, la mujer tuvo que adoptar una serie de códigos masculinos. Para romper estas viejas normas y para alimentar el liderazgo femenino, según Griselda Lassaga, “las mujeres deberán acentuar su propia identidad, es decir, ese conjunto de rasgos y formas que las distinguen”.