Liderazgo Femenino: Un Modelo Para Armar

Ponencia presentada en el Forum Líderes 2003 en San Luis, setiembre de 2002.

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El psiquiatra Mark George, del National Institute of Mental Health (Instituto Nacional de Salud Mental), tiene la teoría de que esta estructura cerebral puede permitir a los hombres centrar la atención más intensamente que las mujeres. Yo añadiría que el cerebro menos lateralizado (más integrado) de la mujer probablemente les ayude a abarcar la perspectiva general. Como dice la psiquiatra Mona Lisa Schultz, del Centro Médico de Maine: «Debido a que el cerebro femenino está menos lateralizado, las mujeres pueden tener acceso a este área tanto en el hemisferio derecho como en el izquierdo. No ven las cosas hechas y acabadas, como los hombres«.

Evolución del pensamiento en red

Así, mientras nuestros antepasados masculinos rastreaban jabalíes y bestias salvajes, su cerebro fue gradualmente desarrollando una arquitectura propicia para excluir pensamientos periféricos, centrar la atención y tomar decisiones paso a paso.

La facilidad de las mujeres para el pensamiento en red muy probablemente se fraguó también en su ocupación primigenia. El trabajo de la mujer ancestral era más duro que el de todas las restantes criaturas que han pisado la tierra: la crianza de niños con largos años de dependencia en condiciones de gran peligrosidad.

Con objeto de sacar adelante a estos bebés inermes, las madres primitivas tenían que hacer muchas cosas simultáneamente: vigilar la aparición de serpientes; escuchar el ruido del trueno; probar por si había algo venenoso; mecer a los somnolientos; distraer a los irritados; instruir a los curiosos; tranquilizar a los medrosos; estimular a los lentos; alimentar a los hambrientos. Las madres tenían que realizar incontables labores cotidianas mientras avivaban el fuego, cocían los alimentos y hablaban con las amigas.

Los psicólogos sostienen que la mujer contemporánea aprende a hacer y pensar varias cosas simultáneamente. No hay más que observar a una madre trabajadora por la mañana, vistiendo niños, preparando sus comidas, alimentando a los peces, sirviendo los cereales del desayuno y acordando horas por teléfono para el cuidado de los más pequeños; y todo al mismo tiempo.

Pero yo sospecho que el talento femenino para el pensamiento contextual -y la habilidad asociada de realizar múltiples tareas a un tiempo- se formó en la historia profunda. Miles de generaciones ejecutando acrobacias mentales y físicas en la crianza de niños desvalidos forjaron estas increíbles habilidades en la arquitectura del cerebro femenino.

El pensamiento en red en la oficina

La capacidad femenina para pensar en red puede favorecer a las mujeres en el torbellino matutino que supone conseguir que los niños lleguen a la escuela, y sin duda les ayudará para acometer problemas laborales complejos. Pero también puede ser causa de conflicto en la oficina, como ilustra la siguiente anécdota.

El director de una oficina intentaba decidir a qué empleado ascender a un puesto de importancia, un joven o una joven. Así, dio a ambos candidatos un enojoso dilema profesional con tres posibles soluciones, A, B y C, y pidió a ambos aspirantes que se reunieran con él a la mañana siguiente con un juicio formado sobre la situación. El hombre entró primero y le dijo al jefe que había estudiado, considerado todos los aspectos de la situación y elegido la solución B.

Cuando entró la mujer, dijo en tono reflexivo: «Pues bien, la solución A sería la mejor, si es posible resolver los problemas uno y dos previamente. La solución B sería la más adecuada si, por el contrario, se resuelve la cuestión X. Y la solución C es definitivamente la mejor alternativa si…»
El jefe no quería escuchar aquel entramado de razonamientos. La miró consternado y dijo: «Creo que debe intentar otro tipo de trabajo».

Debido a que las mujeres, por lo general, no siguen una trayectoria de pensamiento lineal, paso a paso, tan habitualmente como los hombres, es frecuente que éstos las consideren menos lógicas, menos racionales, menos concretas, menos precisas y hasta menos inteligentes.
Esta diferencia de género puede originar auténticos problemas cuando ambos sexos trabajan juntos.

«El camino lo es todo», escribió Willa Cather. Muchas mujeres estarían de acuerdo. Cómo se llegue a una conclusión es importante para la mayoría de ellas, porque a las mujeres les importa el proceso; es su forma de «recolección». Quieren explorar las múltiples interacciones, las vías multidireccionales, todas las permutaciones de un problema difícil.

Es por ello que las mujeres consideran a los hombres descuidados, faltos de imaginación y dados a la «visión de túnel», cuando desechan los aspectos de dicho problema que las mujeres consideran importantes.

A los hombres les desespera cuando las mujeres plantean una profusión de variables que ellos creen superfluas. Para la mayoría de los hombres, el objetivo inmediato es más importante que el proceso que lleva a una decisión.

Ellos están «cazando»: centrándose en la solución. No quieren detenerse en el camino; quieren ejecutar la tarea. Es por ello que los hombres piensan que las mujeres están intentado cargarse la reunión cuando aportan lo que ellos consideran un montón de datos innecesarios.

Debido a estas diferencias de perspectiva entre uno y otro género, las personas de un sexo suelen considerar malos jugadores de equipo a las del otro sexo.

El pensamiento en red en el futuro

¿Por qué no son los hombres más parecidos a las mujeres? ¿Por qué no son las mujeres más parecidas a los hombres? Porque cada sexo está jugando con una baraja de cartas evolutivas distintas. Tanto el pensamiento en red como el pensamiento por pasos son modos perfectamente apropiados para tomar decisiones, dependiendo de las circunstancias.

Ambos pueden ser lógicos. Ambos, creo yo, residen en el cerebro propio de uno y otro género. Ambos surgieron en tiempos remotos cuando los sexos tenían labores diferentes. Y ambos estilos de tomar decisiones son utilizados por uno y otro sexo en algún momento.

Como dijo Christie Hefner, presidenta de Playboy Enterprises, durante un discurso pronunciado en Nueva York en 1998: «Los mejores gestores son los que adoptan estrategias masculinas y femeninas para hacer negocios».

Sin embargo, durante muchas generaciones los ejecutivos norteamericanos han admirado y premiado a los que analizan las cuestiones componente por componente: el planteamiento atomista. Un ejemplo es la frecuente obsesión norteamericana por lo exclusivamente primordial de un asunto. Este enfoque está cambiando. A medida que la era de la información y la globalización adquiere un ímpetu creciente, los dirigentes del mundo empresarial se están viendo forzados a calibrar e integrar un número cada vez mayor de factores para tomar sus decisiones. Algunos consultores han empezado incluso a recomendar algunos métodos para evitar el pensamiento lineal y adquirir una perspectiva holística.

Peter Senge, antiguo director del Center for Organized Learning de la escuela Sloan de estudios empresariales del MIT, ha asesorado a miles de ejecutivos norteamericanos que se preparan para el futuro mercado global. Entre sus clientes figuran las empresas Ford, Procter & Gamble y AT&T. Su recomendación es que piensen «en sistemas». «El pensamiento en sistemas», explica Senge, «es una disciplina para ver el todo. Es un marco conceptual para ver las interrelaciones en lugar de las cosas, para ver pautas en lugar de instantáneas estáticas».

Sin duda el pensamiento lineal seguirá siendo una herramienta esencial en la comunidad empresarial, particularmente entre los líderes industriales de las sociedades capitalistas. Para tomar decisiones críticas es frecuente que estas personas necesiten compartimentar áreas y centrar los planteamientos. En las crisis no les queda más alternativa que desatender buena parte del contexto de la situación con objeto de operar con más seguridad dentro de una perspectiva única.

El pensamiento lineal es muchas veces pensamiento dinámico. Pero la propensión femenina a considerar los problemas empresariales de forma contextual, a concentrarse en el todo de una cuestión en lugar de hacerlo en las partes, adquiere cada vez mayor valor. En la medida en que la mujer empresaria sopesa más variables, considera más alternativas, estudia más opciones e introduce aspectos nuevos, aporta equilibrio e innovación al mundo profesional. De hecho, los ejecutivos admiten que una de las contribuciones notables de la mujer al mundo empresarial norteamericano es la introducción de una perspectiva más diversificada y menos convencional.

Frente a la razón excluyente, la alternativa de mantener la diferencia se muestra mucho más fecunda (no en vano ésta ha sido la estrategia de la vida a través de la reproducción sexual). Al reconocer la legitimidad de cada una de las descripciones (lineal y no lineal, continua y discontinua, analítica y sintética, mecanicista y compleja, atomista o en red), aumentamos nuestras alternativas de interacción con el mundo, ya que ninguna puede agotar todas las posibilidades (¡ni es completada por las otras!).

Al tornar los pares de opuestos y ponerlos en movimiento aparecen nuevos planos de la realidad para explorar y enriquecernos. Los científicos de la complejidad y los investigadores y facilitadores sociales que piensan en términos de la metáfora de las redes nos convidan a internarnos en los laberintos multidimensionales del conocimiento, la acción y la emoción de un sujeto complejo, compartiendo un imaginario con nuestros semejantes y un mundo diverso con todas las criaturas, donde nuestros propios crecimiento y evolución están ligados a los de los demás en una red multiforme de interacciones dinámicas. En este escenario, la red social se entrama con la red natural, el hombre con el cosmos, en un diálogo incesante y productivo.

“En el universo en red, la certeza es menos importante que la creatividad y la predicción menos que la comprensión.”
– El lenguaje de los vínculos. De la independencia absoluta a la autonomía relativa? – Dra. Denise Najmanovich-

Al elegir este texto, elijo lo que me parece la esencia del nuevo pensamiento. El poder pensarnos a nosotras mismas y al mundo como un entramado de distintas dimensiones de existencia. Y en este entramado complejo coexisten los no iguales, coexistimos necesitándonos para recrear el mundo y a nosotros mismos.

Formamos parte del contexto interpersonal y somos una parte que modifica lo interno y lo externo. No tenemos la verdad, no sabemos sin los otros, no podemos solos, no somos ajenos a lo que nos ocurre.

La red implica un orden distinto al autoritarismo o a la apropiación, reconoce la simultaneidad y el tiempo, reconoce los procesos y las diferencias. Pensar en red significa responsabilidad, cuidado, respeto, ética.