Liderazgo Femenino: Un Modelo Para Armar

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Ponencia presentada en el Forum Líderes 2003 en San Luis, setiembre de 2002.

Líder es un anglicismo, deriva de la voz inglesa leader: caudillo, jefe, guía, jefe de grupo o partido político.

Prefiero hablar de lo que conozco, desde mi experiencia personal. Trabajo con emprendedoras o con mujeres que quieren serlo desde hace 10 años. Es decir, me voy a referir a las mujeres de todos los días, las heroínas cotidianas que no figuran en ningún libro o revista especializada, que trabajan sin que se las vea o valore especialmente.

Muchas veces los expertos o consultores hablan de liderazgo femenino o de la mujer desde lo recomendable para las empresas o negocios. Por un lado como resultado de la mayor participación de la mujer en todas las áreas y por otro al descubrir, un poco tardíamente, que los negocios o empresas harían bien en tomarla en cuenta porque es la decisora en lo que hace a rubros básicos de la familia: salud, educación, propiedades y hasta en la compra de automóviles (según un artículo que se publicó hace poco), además del consumo habitual en alimentos, limpieza, cosméticos o vestimenta. Es decir, tomarla en cuenta como usuaria, consumidora o cliente.

De la mujer como consumidora no nos vamos a ocupar.

Pero sí en el tan remanido tema del liderazgo femenino. Algo así como que la mujer muestra mayores “chances” de ejercer un liderazgo diferente. Que tiene cualidades que la hacen más permeable a los climas emocionales, al manejo de los conflictos, a la horizontabilidad, al trabajo en redes, a pensar en el desarrollo de las personas y sus necesidades humanas, a la complementariedad, la compasión, cuidado del planeta y al compromiso y responsalbilidad ….

Pero lo que se muestra como modelos femeninos, no difiere de los valores pregonados en nuestra cultura y mundo laboral, económico o social: éxito, poder económico y social, dinero, etc. Y esto me hace acordar a Martín Caparrós.

Según Martín Caparrós en una nota que me envió decía:

“…mi abuelo solía decirme que descreyera de la palabra éxito. Es tan raro que ahora la usen como la usan, me decía: mi abuelo era médico español y me explicaba que la palabra éxito viene del latín y significa salida, terminación, el resultado de algo –como en inglés exit– y que ese resultado puede ser bueno o malo: éxito letal se llamaba en medicina al final de una enfermedad que terminaba en muerte. Ahora, por alguna rara claustrofobia, el castellano adoptó la salida como un signo de victoria y el “éxito” –letal, para tantos letal– es una de las palabras estandarte de la época.”

En los medios, las figuras o modelos femeninos ensalzados son copias o réplicas del modelo tradicional de éxito desde la óptica del falo, lo masculino: belleza, capacidad para desafiar al tiempo y los procesos (edad sin fronteras a través de las cirugías), atractivo sexual, dinero, mantener el 1er. Lugar, competencia desmedida, falta de escrúpulos, riqueza o posesiones materiales, etc.

Margaret Tatcher o Ann Krugüer, son patéticamente mujeres que no difieren de lo masculino.
Esto es:

  • Objetivos claros y únicos
  • Firmeza, mano dura
  • Intransigencia
  • Incapacidad para sostener el diálogo
  • Impermeabilidad ante lo diferente y a las críticas. Forman parte del pensamiento único.

Si les pregunto sobre una mujer líder que conozcan, ¿en quién piensan, qué atributos tiene, qué hace, cómo actúa, qué habilidades o cualidades ponderan?

Así me pregunté al pensar en esta ponencia o conferencia. Pensé desconcertada que no conocía muchas. Ojo, no es que no existan, sino que tenía que pensar en ciertas características o quizás, sí, preferencias o lo que me gustaba. Asi que soy muy subjetiva.

Pensé en Eva Perón, en Juana de Arco, en Sor Juana Inés de la Cruz, en Margarita Barrientos, en Mónica Carranza (conste que no sabía que me las iba a encontrar acá), pensé en la Madre Teresa de Calcuta, en Marta Pelloni, en Marta Harff, Indira Gandhi y en alguna que otra desconocida públicamente pero que aprecié admirarada en alguna institución o actividad que realicé.

Quiero contarles una muy pequeña anécdota que presencié. El año pasado asistí al evento de Endevor en el Hotel Intercontinental en Bs. As. Envedor es una fundación que promueve a nuevos emprendedores pero no a cualquier emprendedor, sino a los que pueden tener proyectos de emprendimientos importantes en cuanto a capital, ganancias o rentabilidad. O de gran ambición social.

Bueno, resulta que también estaban los emprendedores sociales, Juan Carr y otros. Hubo como 1000 asistentes, gran mayoría masculina. Las mujeres éramos minoría notoria. Los disertantes por supuesto, todos varones.

Al finalizar el evento, al cierre de la jornada, luego de los aplausos finales, sube una mujer al estrado, se acerca al micrófono y sin que aparezcan presentaciones en Power Point o anuncios, dice: antes de retirarse, les pido un favor. Uds. tienen una credencial plástica que seguramente tirarán pero que a nosotros nos puede ser de gran utilidad para dar a nuestros vendedores. Quien lo desee, puede entregarla en una bolsa que habilitamos en el stand. Muchas gracias. Y bajó sencillamente. ¿?
Lo que quiero decir es que me vino a la mente, lo que está ligado a lo femenino y a lo masculino. Y que muchas veces transmito en los talleres que doy para emprendedoras.

Las luchas feministas

Otro aspecto que me interesa mencionar es lo que aparece en las luchas feministas. Hay muchos feminismos, no uno solo. Eso es lo que me gusta. En general las temáticas feministas son 3 o 4 cruciales:
La violencia contra la mujer, entre otras la violencia doméstica y el acoso sexual, los derechos sexuales y reproductivos, los derechos a la salud (cáncer y HIV), etc. Pero hay muchísimo menos a lo que considero un aspecto esencial que es el trabajo que permitiría la independencia y fortalecimiento de la mujer. Lo que puede cambiar su posición y poder personal. Pareciera que los programas internacionales y nacionales continúan insistiendo en los temas tradicionales (con esto no quiero decir que no sean importantes).

Hay pocos trabajos de investigación o programas que propugnen un crecimiento nuevo de la mujer.

Nuestro país tiene trabajos muy meritorios e importantes y ya clásicos de desarrollo en este sentido como los de Clara Coria sobre el sexo oculto del dinero y los de Mabel Burín sobre el “techo de cristal” que opera en las organizaciones e instituciones y en la misma mujer. Por nombrar los que me han resultado más reveladores.

Si el dinero y la independencia económica constituyen la puerta de salida para tantas situaciones asfixiantes para las mujeres, llama la atención este olvido.

Por otro lado, los programas de microcréditos para las mujeres de extrema probreza y jefas de hogar que elaboró Yunus en la India, demostraron que las mujeres son las mejores acreedoras que existen. El porcentaje de devolución de créditos y de creación de microemprendimientos es aplastante respecto de otros grupos.

No tengo muchas buenas experiencias con las instituciones de mujeres o colegas emprendedoras. Es común que las exitosas se parezcan demasiado a lo convencional masculino: no comparten información, desechan las alianzas a no ser que les convenga como imagen o contactos, arman cotos cerrados de poder, utilizan el descrédito o la exclusión de las competidoras, se consideran por encima o utilizan el remanido “la primera o el primer” o lo que sea como si esto les diera credencial de mejores, etc. Tuve varias sorpresas en este sentido. Y eso que mi perfil es muy bajo y no creo que pudiera opacarlas.

Las mujeres somos muy críticas de nosotras mismas, muy inseguras todavía. Por eso pienso que el liderazgo femenino está en construcción, es un “modelo para armar” como diría nuestro escritor más olvidado que es Julio Cortázar.

Nos falta todavía encontrar la “sutileza” o lo sutil del poder femenino. No copiar lo que está demostrando que nos está llevando a la muerte y a la desaparición. Así como está apareciendo el “nuevo varón” que disfruta de los hijos, la complementariedad, la ternura o la sensibilidad, es posible que nosotras debamos trabajar por una transformación más ligada a nuestra configuración femenina.

Una síntesis de lo observado en todos estos años de trabajo con las emprendedoras

En primer lugar o en el medio de todo, la escasa confianza que tenemos en nuestros propios recursos, inteligencia y conocimientos. En lo que hacemos por fuera del mundo privado que es lo que mejor conocemos. Es un clásico que cuando le pregunto finalmente a una mujer qué le impide hacer lo que quiere o como lo quiere, me diga que lo más importante es que no se cree a sí misma, que no confía en sus fuerzas o capacidad. Y lo más extraño o desconcertante es que puede ser alguien muy inteligente, tesonera, sensible, con formación en lo que hace, con experiencia y que se interesa en seguir aprendiendo, en saber más.