La Tecnología de la Información ¿Amplía o Estrecha las Diferencias de Género?

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La significativa infrarrepresentación de las mujeres en los planes de estudio de las ingenierías y las ciencias esenciales relacionadas con las TCI en los sistemas de enseñanza equivale a su exclusión de las ocupaciones básicas en este campo. No obstante, el informe concluye que las diferencias entre los géneros no son iguales en toda Europa.

“Mientras que el Reino Unido, por ejemplo, cuenta con una de las proporciones más bajas de estudiantes universitarias en los cursos de matemáticas e informática, la matriculación de mujeres en las universidades de Italia y España en estas carreras es muy superior y el porcentaje de mujeres en las plantillas del sector de las TCI equivale al 50 por ciento.

En el Reino Unido y Estados Unidos, el porcentaje de mujeres en cursos de TI es inferior al 20 por ciento del total de alumnos de informática, tanto en cursos de licenciatura como de posgrado, y el porcentaje parece seguir una tendencia aún más acusada a la baja. La matriculación en los cursos de formación certificada de Microsoft confirma el estereotipo del sector en cuanto al predominio de los varones jóvenes, con sólo un 11 por ciento de alumnas”.

En el informe se afirma que las diferencias educativas subyacen a la diversidad de índices de difusión de las TCI y de uso de internet, lo que lleva a la consideración de “la promoción de la educación y de la alfabetización en general (y de la alfabetización informática en particular) como un enorme desafío con el que se enfrentan todos los países.

La dotación de los trabajadores con destrezas en el campo de las TCI exigirá la adopción de un planteamiento específicamente dirigido a la atención de las demandas de las mujeres”.

En el informe de la OIT se asegura que las pautas de segregación de los géneros se reproducen en la economía de la información, en la que los varones ocupan la mayoría de los puestos de alta cualificación y elevado valor añadido, mientras que las mujeres se concentran en las tareas de baja cualificación y un valor añadido menor.

Además, el informe señala que “la difusión de las tecnologías se ha visto condicionada por la disposición de destrezas y, por tanto, acompañada de crecientes desigualdades en materia de salarios.

Aunque existen diferencias de retribución entre los que cuentan con tales destrezas y los que carecen de ellas, la polarización de la remuneración también atañe a la utilización de las TCI, y esta polarización suele basarse en la pertenencia a uno u otro género.

En definitiva, es más probable encontrar a hombres que a mujeres que desempeñen tareas creativas de elevada remuneración en el desarrollo de software o en empresas de Internet incipientes, mientras que las actividades en el campo de las TCI consistentes en una única tarea, como las propias del puesto de cajera o la introducción de datos, son efectuadas fundamentalmente por mujeres, y su retribución es escasa.

Aunque es posible que hombres y mujeres sean usuarios de las tecnologías avanzadas, y que ambos grupos compartan experiencias que requieren una cualificación relativamente elevada, sólo los varones parecen ocupar puestos en las organizaciones en los que la utilización de tecnología de vanguardia se acompaña de un mayor poder discrecional y una superior responsabilidad asociada al cargo”.

Por otra parte, las industrias manufactureras tradicionales que solían emplear a mujeres desaparecen gradualmente, y las trabajadoras que encuentran empleo en los nuevos sectores, con frecuencia relacionados con las TCI, pocas veces son aquéllas que perdieron sus puestos en los sectores tradicionales.

Así, surgen nuevas desigualdades entre mujeres, al abrirse una brecha entre las que disponen de cualificaciones para ocupar puestos relacionados con las TCI y las que no.

En el informe se cita un estudio en Vietnam y China en el que se concluye que la globalización digital ha brindado nuevas oportunidades a las jóvenes, pero ha provocado despidos en el grupo de mujeres mayores de 35 años, ya sea porque desarrollaban su trabajo en sectores en declive o porque no habían actualizado sus cualificaciones.

La calidad del trabajo también es importante

En muchos aspectos, la economía de la información puede ofrecer a las mujeres la posibilidad de alcanzar un mejor equilibrio entre la actividad laboral y las responsabilidades familiares y entre el trabajo y el ocio.

El creciente contenido de conocimiento de los puestos de trabajo puede favorecer la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito profesional. La inteligencia y la creatividad se encuentran asimismo homogéneamente distribuidas entre países industrializados y en desarrollo, al igual que entre personas con y sin discapacidades físicas.

El potencial de la era digital para mejorar la calidad del trabajo y de la vida en general es evidente y real.

Con todo, también existe la posibilidad real de una repercusión negativa en la calidad de la vida laboral. En lugar de acomodar las necesidades del trabajo a las de la vida familiar, puede que aumente la presión para trabajar en cualquier sitio y a cualquier hora.

Aunque no cabe duda de que el trabajo a distancia ha generado nuevas oportunidades de empleo para las mujeres, este tipo de actividad plantea igualmente el riesgo de que éstas queden excluidas del acceso a mejores posibilidades profesionales y de que, en lugar de encontrar un equilibrio, las responsabilidades familiares se combinen con el trabajo remunerado, de modo que las mujeres acaben adquiriendo nuevas tareas sin dejar de desempeñar las tradicionales.

Por ejemplo, un estudio ha puesto de manifiesto que las mujeres de Malasia y la India se muestran reacias a optar por el desempeño de tareas laborales en el propio domicilio. Sin embargo, han acogido favorablemente las oportunidades de empleo que generan los centros de atención de llamadas, ya que combinan las ventajas de la interacción con las de la cercanía al hogar.

En cualquier caso, expresan su preocupación por los posibles riesgos para la salud provocados por tareas repetitivas en entornos de trabajo caracterizados por una elevada presión. Además, aunque parecen existir grandes variaciones en cuanto a los salarios y las condiciones de trabajo en dichos centros, en los peores casos se alude a éstos como los “lugares de explotación de la era digital”.

El informe de la OIT advierte que “a medida que el trabajo a distancia se consolida como modo de actividad importante en la economía de la información, las desigualdades sociales existentes, y en particular las de género, se agravarán si no se adoptan las medidas de formulación de políticas adecuadas”.

Se concluye que el trabajo en la economía de la información puede constituir una herramienta eficaz para promover la igualdad social y de género, pero sólo si media una intervención directa capaz de erradicar las disparidades existentes y se protegen las necesidades y los derechos de las trabajadoras afectadas.

Acceso a otros capítulos en el sitio web de la OIT:

  • Aunque la situación del empleo en el mundo está mejorando, continúa siendo “extremadamente deficiente” en muchas zonas
  • La brecha digital es amplia y cada vez mayor. Una gran parte de la población mundial se encuentra “tecnológicamente desconectada”
  • Tecnología de la información y desarrollo: ¿una “nueva clave para el desarrollo”?
  • Para obtener el texto completo (solo disponible en inglés) visite el sitio web de la OIT:

http://www.ilo.org/public/spanish/bureau/inf/pkits/index.htm

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FuenteOIT
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La Arquitecta Silvia Chauvin es editora de Mujeres de Empresa, escribe sobre temas de tecnología y redes sociales.