Sordos, Miopes y Mudos: La Antropología y la Demografía Ante la Sexualidad Masculina

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Superando la miopía

Desde hace treinta años, con base en la formulación de Easterlin (1969) y través de numerosos refinamientos (Becker, 1980; Donaldson, 1991, etc.), la demografía ha utilizado como paradigma central el modelo de la transición demográfica. Este modelo, formulado originalmente para entender los descensos de la mortalidad y la fecundidad en las sociedades de Europa occidental durante los siglos XVIII e inicios del XX, ha logrado demostrar en forma detallada y para un gran número de sociedades, que a un descenso de la mortalidad le sigue generalmente un descenso de la fecundidad que es más rápido y llega a afectar a la mayoría de grupos sociales de una determinada estructura social.

Sabemos muy bien que estas tendencias se han verificado en la mayor parte de las sociedades contemporáneas; sin embargo, cuando preguntamos a la demografía, cuáles son los determinantes de estos cambios, sobre todo en el caso del descenso de la fecundidad, las explicaciones se empobrecen y se vuelven sumamente simplistas.

Sabemos que hay una correlación inversa entre el nivel de la fecundidad y la educación de la mujer, que existe asimismo una correlación inversa entre el ritmo de descenso de la fecundidad y el proceso de concentración urbana; comprobamos finalmente una correlación directa entre el descenso de la mortalidad y luego el de la fecundidad con el fenómeno global, de imprecisa definición, llamado modernización.

Planteado en estos términos tan generales, el modelo de transición demográfica engloba un número grande de casos históricos, pero es dema-siado grueso y tosco para explicar dos dimensiones que se plantearon en este coloquio y que me parecen fundamentales. En primer lugar la evidencia recogida de los países subdesarrollados demuestra que no se puede hablar de una sola transición demográfica sino de múltiples transiciones demográficas.

Aun en las dimensiones puramente cuantitativas existe una gran variación; por ejemplo, en la velocidad del descenso de la mortalidad y la fecundidad, en la gran variabilidad del tiempo que toma ésta para caer luego del inicio del descenso en la mortalidad, y en la persistencia de rezagos demográficos al interior de un mismo país como el caso de México, o Brasil, así como en la gran mayoría de países latinoamericanos.

Tampoco ha sido posible determinar con posición los niveles o umbrales que deben alcanzar los diferentes procesos que conforman el cambio hacia la modernidad para predecir el inicio y ritmo de los descensos en la mortalidad y la fecundidad. Como hemos señalado en un trabajo anterior, esto posiblemente se deba a que los factores causales son de naturaleza distinta entre las sociedades de Europa occidental durante el siglo XVIII y XIX y las sociedades contemporáneas del mundo subdesarrollado (Aramburú, 1983). Por tanto, para explicar las diferencias en el tempo y en la difusión de las transiciones demográficas resulta imprescindible abordar los procesos de cambio económico, social y cultural en el nivel de los individuos, las familias y las comunidades dentro de los cuales adquiere sentido el descenso de la mortalidad y la fecundidad.

El segundo problema o dimensión de la transición demográfica que ha sido mencionado en este coloquio, sobre todo en relación con el trabajo presentado sobre Cuba, es el asunto de la calidad de la transición demográfica, es decir; los mecanismos específicos por medio de los cuales se produce tanto el descenso de la mortalidad, más específicamente, el de la fecundidad. En el caso de la caída sostenida de la mortalidad durante los siglos XVIII y XIX en Europa occidental, numerosos historiadores han demostrado, yendo más allá de los datos demográficos, que ésta se debió fundamentalmente a mejoras en la productividad agrícola y en el transporte y almacenamiento de alimentos, lo que determinó una reducción sostenida en los precios de las alimentos básicos, que a su vez redundó en mejores niveles nutricionales y en una baja de la mortalidad general e infantil (Coale & Walkins, 1986).

Por el contrario, en la mayor parte de los países subdesarrollados el descenso de la mortalidad durante este siglo se debe principalmente a la introducción y difusión de vacunas y antibióticos en el marco de un papel mas activo y, eficaz de las instituciones públicas de salud (Aramburú, 1983).

En el caso del descenso de la fecundidad, los determinantes han sido asimismo diferentes en los países de Europa occidental y los del tercer mundo. Baste recordar que la anticoncepción efectiva es un producto de la segunda mitad del siglo XX, y que por lo tanto no desempeñó un papel central en las transiciones de la fecundidad del siglo XIX y principios del XX.

En consecuencia, como ha argumentado McLaren, fueron los cambios culturales en el entorno familiar (en relación al valor de los hijos, el estatus de la mujer y los mayores niveles educativos) lo que determinó una nueva cultura de la reproducción (y de la sexualidad, añadiría yo) en la cual la utilización del retiro y la abstinencia, fueron los principales mecanismos del descenso de la fecundidad europea (MacLaren, 1990). En los países subdesarrollados este fenómeno se explica principalmente por la difusión y aceptación de métodos anticonceptivos. Sin embargo, como ha ocurrido en el caso de Chile, Cuba y China el aborto también ha tenido un papel central en la baja de la fecundidad. Asimismo las diferencias en los niveles de prevalencia y en la mezcla de métodos anticonceptivos son notables entre, y sobre todo, al interior de los países latinoamericanos.

Todo ello nos obliga a preguntarnos sobre los determinantes culturales de esta variabilidad en las transiciones demográficas y cuáles son los costos sociales asociados a estos procesos. Por esto se requiere necesariamente de un enfoque del proceso de toma de decisiones que está detrás de esos cambios en la fecundidad y en la nupcialidad. Obviamente entonces la antropología, la psicología, la sociología, es decir, las ciencias sociales en general, deben contribuir a dar ese paso que permita encontrar significado a estas tendencias y diferenciales.

La indagación sociológica de los factores que explican las tendencias demográficas, no sólo es pertinente a niveles microsociales, lo es también en el caso de procesos macro. En una publicación de 1990 con Delicia Ferrando demostrábamos cómo en el caso de Perú (y Carvallio y Rodríguez en su trabajo presentado en el mismo seminario señalaban algo similar sobre Brasil), las razones para el descenso de la fecundidad diferían de la teoría clásica que sostiene que la fecundidad cae como una consecuencia de una mejora en el nivel de vida, en la educación de la mujer, en el nivel de empleo, etc.

La evidencia que se tenía para Brasil y Perú era exactamente la contraria; un descenso muy rápido y brusco de la fecundidad sobre todo en sectores populares urbanos ante un deterioro en las condiciones de empleo, una altísima inflación que mermó su capacidad adquisitiva real y un deterioro de los indicadores económicos. Sin embargo, esta fuerte crisis económica de los años ochenta ocurría en un contexto de modernización con altos niveles de urbanización y educación (incluyendo altas tasas de alfabetización entre las mujeres urbanas).

La postergación o limitación de los nacimientos fue un ajuste de estas mujeres y parejas urbanas al deterioro económico y la incertidumbre laboral. La noción que me parece importante rescatar es que un mismo resultado cuantitativo (la baja de la fecundidad) puede depender de factores diferentes y, por lo tanto, es imprescindible darle especificidad histórica y cultural a fenómenos aparentemente tan homogéneos e impregnados como la transición demográfica.