Nombre: Dörte Ahlgrimm |
Debo confesar: Soy una adicta a América del Sur. En Argentina ya estuve una vez durante un viaje por este continente maravilloso desde Costa Rica hasta las tierras de Patagonia. En 2003 pasé dos meses por Córdoba, en compañía de amigos, los cuales me mostraron el modo de la vida argentino. Fué un tiempo marcado por el cambio y económicamente inestable. No obstante todo el mundo me trató a mi, la extranjera, con mucho cariño: desde el taxista que criticaba todo hasta el jóven que no veía perspectiva o los universitarios sin trabajo. La hospitalidad y esa franqueza, la energía y, finalmente, el deseo gracioso de comer carne a toda hora del día que tienen los argentinos, acrecentaron la simpatía por ese país. Pero Córdoba era el parte privado. Hoy, cuatro méses después de mi segunda llegada al aeropuerto de Buenos Aires y luego de haber laburado con las “MujeresdeEmpresa”, tengo el horizonte aún más abierto. No todo que brilla es oro y entonces lo es Argentina tampoco. Escuché hablar sobre el mal argentino, sobre el orgullo o la falta de solidaridad. V í a los piqueteros y siempre la misma vieja durmiendo en la calle Callao. Son tiempos dificiles. Yo, como alemana, creo que para lograr “algo” los argentinos tengan que reunir el doble de esfuerzo, de fe y de tiempo. En MujeresdeEmpresa las conocí a empresarias que pasaron por este etapa de “guerra emprendedora”. Me sorprendieron. Que placer de no haberme encontrado con frias trabajadoras perdidas en un exceso de querer exito. Cierto que son mujeres poderosas. Pero en otra manera. Luchaban para poder realizar su idéas sin dejar ser mujer sino con una cierta esencia femenina. Eso es lo que me han dicho. La esencia femenina tiene muchas caras. Yo por mi mismo, haciendo las entrevistas, llegé a mi conclusión personal. Aparte de su “valores económicos”, como se dice en la lengua del mercado, son poderosas porque lograron a encontrar su sitio tanto en el mundo de negocios como en la vida privada. Porque saben lo que quieran – sin compromisos. Les gusta su vida. ¿La satisfacíon no es un talento muy valioso? Debo confesar: Estas empresarias ganaron mi respeto. |