Historia con Moraleja: Yo, el Lápiz

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Hacia fin de año le comentaba a Pablo, mi hijo menor, que se cumplían 100 años del lápiz tal cual lo conocemos. Y…??? Me contestó. Tanto lío por un lápiz, no me vengas con una de tus historias, mamá, porque

Hacia fin de año le comentaba a Pablo, mi hijo menor, que se cumplían 100 años del lápiz tal cual lo conocemos. Y…??? Me contestó. Tanto lío por un lápiz, no me vengas con una de tus historias, mamá, porque no es un invento extraordinario ni dificil de producir. Su lógica de 12 años, me mató. Se fue antes de que le pudiera explicar que, a veces en la aparente sencillés de un producto, se esconde una gran historia.

Lo que sigue es un ensayo de Leonard Read, publicado y comentado por Fredy Kofman en su libro Metamanagement. Espero que lo disfrutes.

Yo, el lapiz

Yo soy un lápiz, el lápiz ordinario de madera, tan familiar a todos los niños, niñas y adultos que leen y escriben. Escribir es mi vocación y mi propósito, eso es todo lo que hago. Ustedes se preguntarán por qué querría escribir una genealogía. Bien, para empezar mi historia es interesante. Y, además, soy un misterio, más aún que un árbol, o una puesta de sol o un relámpago. Pero, lamentablemente, todos quienes me usan me consideran un hecho, como si yo fuera un mero incidente sin historia. Esta actitud incomprensiva me relega al nivel del lugar común. Este es un terrible error en el que la humanidad no puede persistir sin exponerse a serios peligros.

Porque, como sabiamente observó G. K. Chesterton:

“Estamos pereciendo por falta de asombro, no por falta de cosas asombrosas”.

Yo, el lápiz, simple como parezco ser, me merezco su asombro y respeto, cosa que intentaré probar. De hecho, si pueden comprenderme (si eso no es pedir demasiado) si pueden ser concientes del milagro que simbolizo, pueden salvar la libertad que la humanidad lamentablemente está perdiendo. Tengo una profunda lección que enseñar. Y puedo enseñar esa lección mejor de lo que puede hacerlo el automóvil, el avión, o el lavaplatos porque…, bien, porque aparentemente soy muy simple. ¿Simple? Aún así, ninguna persona en este mundo sabe cómo hacerme. Esto suena fantástico, ¿no? especialmente cuando uno se da cuenta de que los Estados Unidos producen 1,500 millones de lápices iguales a mi cada año. Tómenme y examínenme. ¿Qué ven? No hay mucho para ver, hay algo de madera, laca, el grabado de la etiqueta, la barra de grafito, un poco de metal y una goma.

Antecedentes innumerables

Así como ustedes no pueden dibujar su árbol genealógico hasta muy atrás, también es imposible para mí nombrar y describir a todos mis antepasados. Pero me gustaría citar a algunos de ellos para que tengan una impresión de la riqueza y complejidad de mi historia. Mi árbol genealógico empieza con un árbol de verdad, un cedro que crece en el norte de California y Oregón. Ahora contemplen las sierras y los camiones, las sogas y todo el equipo usado para cortar y transportar los troncos de cedros hasta las vías del ferrocarril.

Piensen en todas las personas y las innumerables habilidades que son necesarias para la fabricación de este equipo: la extracción del metal, la fabricación del acero y su conversión a sierras, hachas, motores; el cultivo de fibras, su transformación en sogas pesadas y resistentes; los campos de leñadores con sus camas y sus comedores, los elementos de cocina y la producción de todas las comidas. ¡Muchos miles de personas participan en cada taza de café que toman los leñadores! Los troncos son enviados son enviados a un aserradero en San Leandro, California.

Dudo de que puedan imaginarse la cantidad de individuos que construyen los vagones y las vías y las locomotoras y que instalan los sistemas de comunicación necesarios para esto. Esas legiones están entre mis ancestros.

Consideren el aserradero en San Leandro. Los troncos son cortados en pequeñas piezas del tamaño de un lápiz, de menos de medio centímetro de espesor.. Estas son secadas en un horno especial y después pintadas (por la misma razón que las mujeres se colorean los labios). La gente prefiere que me vea rozagante, no pálido. Las piezas de madera son lustradas y luego horneadas. ¿Cuántas competencias son necesarias para hacer la pintura y los hornos, para proveer el calor, la luz y la energía eléctrica, las cintas, los motores y todas las cosas que una fábrica requiere? ¿Los limpiadorees de la fábrica están entre mis ancestros? Sí, ! Y también incluyan a los hombrres que pusieron el cemento del dique de la planta hidroeléctrica de Pacific Gas & Electlric Company que provee la electricidad para el aserradero! Además no se olviden de los antepasados que participaron en transportar sesenta vagones de piezas de madera a tráves del país.

En la fábrica de lápices, las maquinarias e inmuebles ascienden a 40.000.000 de dólares, capital que proviene de los ahorros de mis frugales antepasados. Ahí cada pieza es torneada con forma octogonal por una máquina comple-ja; despues de lo cual, otra máquina pone grafito en la parte inferior de las piezas de madera, aplica cola y pone la otra pieza de madera encima, haciendo un emparedado de mina, Ocho hermanos como yo son mecánicamente cortados al mismo tiempo de ese “sándwich.

La parte de grafito es extremadamente compleja. Proviene de los yacimientos de Ceylan. Consideren a esos mineros, a aquellos que hacen la cantidad de herramientas necesarias y a los que proveen las bolsas en las que el grafito es transportado y a los que hacen los barcos. Hasta los guarda faros en la ruta participaron en mi nacimiento, y también los pilotos del puerto.

El grafito se mezcla con arcilla de Mississipi, urn proceso de refinación en el que se usa hidróxido de amonio. Tambien se usan otros agentes químicos: sullfatos, grasas animales, acido sulfúrico. Después de pasar por numerosas máquinas, la mezcla finalmente aparece como una extrusión infinita ( como salida de una máquirna de salchichas), se corta a medida, se seca y se cocina durante varias horas a una temperatuura de casi 1.000 grados. Para aumentar la fuerza y suavidad de las minas, se las trata con una mezcla caliente que incluye cera candelita de México, parafina, y grasas naturales hidrogenadas. Mi cedro recibe seis capas de laca. ¿Conocen todos los ingredientes de la laca? ¿Quién se imaginaría que los que cultivavan cereales y los refinadores de aceite son parte de ella? !Incluso el proceso por el cual la laca es teñida de amarillo requiere de esfuerzos y habilidades de más personas que las que podría enumerar!

Observen la etiqueta. Es una película formada aplicando calor a una sustancia llamada carbón negro, mezclada con resinas. ¿Cómo se hacen las resinas y quién sabe qué es el carbón negro? Mi pieza de metal, la férula, e de bronce. Pienen en toda la persona que extraen el cobre y el estaño y en aquello que tienen la competencia para hacer brillantes planchas de bronce de estos productos naturales. Esos anillos negros en mi férula son de níquel. ¿Qué es el níquel y cómo se aplica? Explicar la historia completa de por qué mi férula tiene níquel llevaría páginas enteras.

Luego, está mi gloriosa corona, llamada poco elegantemente en el negocio, “el tapón”, la parte que se usa para borrar los errores que cometen conmigo. Un ingrediente llamado facticia es lo que borra. Es un producto gomoso, hecho mediante una mezcla de aceite de lino de las Antillas Holandesas con sulfuro de cloro. La goma, a diferencia de la creencia común, es sólo para estabilizar esa sustancia. Además, se mezclan numerosos agentes vulcanizantes y aceleradores. El pigmento que le da ese color rojizo al tapón es el sulffato de cadmio y viene de Italia.

Nadie sabe todo el proceso de hacer un lápiz

¿Hay alguien que se anime a contradecir mi aseveración anterior de que ni una sola persona en el mundo sabe cómo hacerme? En realidad, millones de seres humanos tienen parte activa en mi creación, ninguno de lo cuales conoce más que a unos poco de lo otros. Ahora bien, ustedes pueden decir que voy demasiado lejos al relacionar mi creación con un cosechador de granos en Brasil y con granjeros en otros lugares; que es una posición extrema.

Pero mantengo mi argumento. No hay una sola persona precindible en todos estos millones, incluyendo al presidente de la compañía de lápices, quien sólo contribuye con una pequeña, una infinitesimal fracción de conocimiento. Desde el punto de vista del “know how”, la única diferencia entre el minero de grafito en Ceylán y el leñador en Oregon está en el tipo de “know how”. Ni el minero ni el leñador pueden ser eliminados del proceso, tampoco el químico de la fábrica o el trabajador en el campo petrolero, por ser la parafina un subproducto del petróleo.

Aquí les presento un hecho sorprendente: ni el trabajador en el campo petrolero, ni el químico, ni el minero, ni los marineros, ni los constructores de barcos o ferrocarriles o camiones, ni el que tornea mi pieza de metal, ni el presidente de la compañía maderera, realizan su tarea específica “porque me quieren a mi”. Cada uno me quiere menos de lo que me quiere el alumno de primer grado. En efecto, hay algunos, en esta vasta multitud, que nunca vieron un lápiz, ni sabrían como usarlo. Su motivación es otra. Tal vez es algo así: cada uno de estos millones ve que puede intercambiar su pequeño “saber hacer”, por los bienes y servicios que necesita o quiere. Yo puedo, o no, estar entre esos bienes.

Sin “mente maestra”

Hay un hecho aún más asombroso: la ausencia de un control central, de una mente nuestra que dicte o dirija estas incontables acciones que me traen a la existencia. No se pueden encontrar ni los rastros de tal persona. En cambio, encontramos la “mano invisible” trabajando. Este es el misterio al que me refería antes. Se ha dicho que “sólo Dios puede hacer un árbol”.¿Por qué estamos de acuerdo con esto? ¿No es acaso porque nos damos cuenta de que nosotros no podríamos hacer uno? Más aún: ¿podemos siquiera describir un árbol? No. No podemos, excepto en términos superficiales. Podemos decir, por ejemplo, que una cierta configuración molecular se manifiesta como un árbol. ¿Pero qué mente entre los hombres puede registrar, y menos aún dirigir, los cambios moleculares constantes que transcurren en la vida de un árbol? ¡Tal proeza es absolutamente inimaginable!

Yo, el lápiz, soy una combinación compleja de milagros: un árbol, zinc, cobre, grafito, etc. Pero todos estos milagros que se manifiestan en la naturaleza se les agrega un milagro aún más extraordinario: la estructuración de la energía creativa humana, millones de pequeños conocimientos configurados natural y espontáneamente, en respuesta a la necesidad y el deseo humanos, ¡inclusive sin la presencia de una mente humana rectora! Ya que sólo Dios puede hacer un árbol, insisto en que sólo Dios podría hacerme. El hombre no puede dirigir estos millones de conocimientos necesarios para crearme, al igual que no puede organizar las moléculas para crear un árbol.

A esto me refería cuando escribí: “Si pueden ser concientes del milagro que simbolizo, pueden salvar la libertad que la humanidad lamentablemente está perdiendo”. Ya que si uno asume que estos conocimientos se organizan natural y automáticamente en patrones productivos y creativos, en respuesta a las necesidades y demandas humanas (es decir en la ausencia de un control coercitivo centralizado o gubernamental), entonces uno poseerá un ingrediente absolutamente esencial para la libertad: la fe en la gente libre. La libertad es imposible sin esa fe.

Una vez que el gobierno tiene el monopolio de la actividad creativa, como por ejemplo la entrega de la correspondencia, la mayoría de los individuos cree que el correo no podría ser entregado en forma eficiente por hombres que actúan libremente. Y ésta es la razón: cada uno reconoce que él solo no sabe como hacer todas las cosas que participan de la entrega de las cartas. Cada uno también reconoce que ningun otro individuo podría hacerlo. Estos supuestos son correctos. Ningún individuo posee el suficiente conocimiento para realizar la entrega del correo, de la misma forma que ningún individuo posee el suficiente conocimiento para hacer un lápiz. En ausencia de la fe en la gente libre, en la falta de conciencia de que millones de pequeños conocimientos pueden, natural y milagrosamente, organizarse y cooperar para satisfacer esta necesidad, el individuo no puede sino alcanzar la conclusión errónea de que el correo tiene que ser procesado por una “mente maestra” gubernamental.

Testimonios por doquier

Si yo, el lápiz, fuera el único capaz de ofrecer testimonios sobre lo que los hombres pueden lograr cuando son libres, aquellos con poca fe tendrían un argumento razonable. Sin embargo, hay testimonios por doquier: están a todo nuestro alrededor. Entregar el correo es extremadamente simple cuando se lo compara, por ejemplo, con hacer un automovil, como un ordenador, una planta quíimica, una prensa u otros miles de cosas.

¿Transporte? En esta área, cuando a los hombres se les ha dado la libertad para probar, han logrado transportar voz, imagen e información alrededor del mundo, en una fracción de segundo. Han logrado transportar cientos de pasajeros de Nueva York a París en menos de cinco horas; han logrado llevar gas desde Texas hasta las estufas de Boston, a precios increíblemente bajo y sin ningún subsidio; de hecho, han logrado transportar dos kilos de petróleo del Golfo Pérsico a la costa este de los Estados Unidos ¡por menos de lo que el gobierno cobra por entregar una carta de 30 gramos a una calle de distancia!

La lección que tengo para enseñar es esta

Dejen que todas las energías creativas participen sin inhibiciones. Simplemente organicen la sociedad para actuar en armonía con esta lección. Dejen que el aparato legal de la sociedad remueva todos los obstáculos como mejor pueda. Permitan que estos conocimientos creativos fluyan libremente. Tengan fe en que los hombres responderan a la mano invisible. Esta fe se verá confirmada. Yo, el lápiz, tan simple como parezco, ofrezco el milagro de mi creación como testimonio de que ésta es una fe práctica, tan práctica como el sol, la lluvia, el cedro y la tierra.