Si bien respirar es algo que todos hacemos natural y automáticamente la forma en que este proceso se lleva a cabo puede ser muy variable y afectar a nuestro estado.
En general no somos conscientes del modo en que respiramos, lo hacemos de forma automática, sin detenernos a pensar en ello, pero la manera en que lo hacemos produce cambios químicos. Así, la respiración diafragmática puede llevarnos a una placentera sensación de relax, mientras que la hiperventilación puede producir mareos, palpitaciones, temblores, etc.
Es frecuente que cuando nos encontramos
bajo fuertes presiones o envueltas en serias dificultades
entremos en un estado de nerviosismo conocido como estrés.
En estas circunstancias tendemos a modificar nuestro patrón
respiratorio, respirando más rápida y profundamente
que lo habitual. Cuando esto sucede de un modo muy marcado
realizamos lo que se denomina hiperventilación.
Hiperventilar produce cambios químicos en la sangre debido a que se exhala
más dióxido de carbono que lo habitual, este es el motivo por el
cual se producen los síntomas mencionados. Frente a la aparición
de dichos síntomas en general se reacciona con un incremento del estrés
producido ahora por la aparición de los síntomas.
En estas ocasiones lo ideal es tomar el control de la propia respiración para pasar a respirar diafragmáticamente, lo cual conduce a un estado de relax y a la desaparición de los síntomas.
Cuando se sienta ansiosa/o o tensa/o preste atención a cómo está respirando, es muy posible que en ese momento esté respirando toráxicamente (llevando el aire al pecho) y tal vez también de un modo más acelerado al habitual, por lo tanto, puede serle de suma utilidad dedicar unos minutos a practicar este tipo de respiración para aliviar tensiones y evitar los síntomas producidos por la hiperventilación.
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