J.N.R:- Entonces, ¿hay algo estructural que provoca la fragilidad
asiática, por ejemplo, el llamado "capitalismo de amigos"?
J.B.: - Las acusaciones al "capitalismo de amigos" son sólo
una trampa. La pregunta que debemos hacer a sus autores es esta: ¿cómo
es que ese tal capitalismo convivió con dos décadas de crecimiento
fenomenal y, súbitamente se volvió responsable de un milagroso
viraje hacia el desastre total? Además de eso, encuentro ultrajante
acusar a los demás con tanta ligereza, cuando nosotros también
lo hacemos. Dígame: ¿no es capitalismo de amigos los famosos "lobbies" de
Hollywood que apoyaron al presidente Clinton, y que presionaron a la administración
americana para exigir en la Organización Mundial del Comercio medidas
contra la autonomía cultural de otros países, en el sentido
de imponer el entretenimiento y las películas americanas? Si en los
EUA estuviesen en crisis, podríamos muy bien escuchar a alguien acusar
a Washington de "capitalismo de amigos" y de "corrupción"...
J.N.R:- ¿Sugiere,
entonces, que la debilidad del tejido capitalista en
muchos países emergentes, es un invento occidental?
J.B.: - Lo que quiero recalcar es que el 'establishment'
financiero y político norteamericano es también
fundamental y totalmente responsable por el inmenso
desastre en curso, no me asombra que intente conseguir
otros chivos expiatorios para desviar la atención
de su propia responsabilidad. ¿Quién propagó la
adopción imprudente y precipitada de la libertad
total de capitales? ¿Quién fue que, después,
viendo el desastre, instrumentalizó el FMI para
agregar más fuego aún a la crisis? ¡Está claro
que esos chivos expiatorios sirven para crear la idea
de que el desastre es, sobre todo, un producto de las
locuras y fallas asiáticas!
J.N.R:- Hablando
ahora de las curas. El remedio transitorio del control
de capitales propuesto por Paul Krugman...
J.B.: - Espere ahí, ¡pongamos los
puntos sobre las íes! Quien comenzó a
decir que la movilidad del capital podría ser
un gran problema, quien escribió eso, con un
enorme impacto mundial, fue Robert Wade, un prestigioso
especialista de las economías asiáticas,
y también yo mismo - no se si leyó el
artículo ('The Capital Mith, The Difference between
Trade in Widgets and Dollars') que escribí para
la revista "Foreign Affairs" (www.foreignaffairs.org)
de Mayo/Junio de 1998 (volumen 77, número 3,
1998).
J.N.R:- Lo
leí, pero el impacto mayor fue el artículo
de Krugman en la tapa de "Fortune"...
J.B.: - Mire que los editores de la "Foreign
Affairs" me dijeron que ese artículo mío
fue probablemente el más pedido y el más
traducido entre los artículos de economía
publicados en la revista en años recientes. Tome
nota que Joseph E. Stiglitz, del Banco Mundial, también
ha escrito sobre el asunto, desde que estalló la
crisis asiática. ¡Krugman sólo escribió sobre
esto ahora! Después, sepa que yo estuve, recientemente,
en Malasia y toda la gente se reía de la Carta
Abierta de Krugman al Dr. Mahathir (publicada en la
edición "on line" de "Fortune")!
Los malayos tomaron la decisión por sí mismos
y hay muchos que habían leído a Stiglitz,
a mi y a otros que hablaron sobre esto mucho antes del
artículo de Krugman.
J.N.R:- ¿Cree
que un académico debe exponerse públicamente
como lo hizo Krugman?
J.B.: - No veo nada de malo. Pero tiene que ser
menos pretencioso y más reflexivo en el tono.
Después, tiene que saber en profundidad sobre
el país cuya política va a comentar. Muchos
economistas hoy en día, se preocupan más
por el protagonismo mediático que por hacer avanzar
el bien público. Esta última postura exige
mucho estudio y no decir banalidades. Hay que dar consejos
muy prácticos.
J.N.R:- Leí en
algún lado que usted acostumbra estar en desacuerdo
con este tipo de 'intervencionismo' de los economistas
de academia.
J.B.: - No creo que los macroeconomistas influyentes
deban hablar en público sobre sus juicios acerca
de países concretos, sobre todo, cuando estos
están en situación crítica, porque
eso puede desestabilizar aún más la
situación. Por ejemplo, pienso que lo que dijeron
Rudiger Dornbusch y Jeffrey Sachs al argumentar en
público que Brasil debería devaluar
un 25% o de lo contrario habría crisis. Como
eso esta acompañado de la idea de que son 'consultores'
de esos países, lo que sobresale en los medios
es que ellos tienen alguna 'información privilegiada'
que nosotros no tenemos, lo que después genera
aún más problemas. Pienso que los economistas
deberían tener una especie de código
profesional de conducta responsable.
J.N.R:- Pero,
no había terminado mi pregunta inicial: ¿está de
acuerdo o no transitoriamente con el control de capitales
en el caso de los nuevos países industrializados
e, incluso, en relación a los países
menos desarrollados?
J.B.: - Con un control prudente, si. Estoy,
de hecho, contra la convertibilidad total para la
casi totalidad de los países en desarrollo.
Es absolutamente prematuro, en virtud de su fragilidad
política y económica, permitir la entrada
o salida absolutamente libres de capitales en estos
países. También creo que deberá haber
un monitoreo muy estrecho de los empréstitos
de corto plazo, manteniéndolos en armonía
con la buena salud de los indicadores fundamentales
del país. Mi posición sobre los controles
de capitales es más sofisticada que la de Krugman.
Pienso que los países que los practican no
deben abandonarlos con liviandad - deben primero concentrarse
en el refuerzo de sus economías a través
del comercio libre, de reformas internas, como las
privatizaciones, y en la convertibilidad para objetivos
específicos, como intereses, lucros, dividendos
e inversión directa extranjera. No tengo problemas
con respecto a la repatriación en estos casos.
Pienso que el comercio libre y la inversión
extranjera directa son los mecanismos más benéficos.
Una distinción
fundamental
J.N.R:- En el debate actual, usted introdujo
un dato nuevo, en relación con la necesidad
- teórica y práctica- de distinguir
precisamente el comercio libre de la libertad de movimiento
de capitales. ¿Cómo es posible ser un
'liberal' en defensa del comercio libre y, al mismo
tiempo, defender el control de capitales?
J.B.: - Como argumenté recientemente
en el "Wall
Street Journal", se debe saber diferenciar
el comercio libre de los flujos de capital. Estos últimos
están sujetos a una especulación desestabilizadora
y a comportamientos comandados por el pánico,
como vimos el año pasado en Asia. No se puede
estar ciego frente al descalabro: en 1996, las entradas
de capitales privados en Corea del Sur, Indonesia,
Malasia, Tailandia y Filipinas fueron de 93 billones
de dólares, un salto en relación a los
41 billones de 1994; en 1997, el curso cambió súbitamente,
y pasó a haber, por el contrario, una fuga
de 12 billones. Los flujos de capital se caracterizan
por manías y pánicos, como lo notó el
historiador económico Charles Kindleberger,
del MIT, en el libro que escribió sobre la
historia de las crisis financieras: Manias,
Panics and Crashes: A History of Financial Crisis (ISBN
0465044042).
Las semejanzas entre el comercio libre y la movilidad
total de capitales existen efectivamente - ambas le
dan libertad para transaccionar y ambas sugieren una
ganancia económica al remover barreras. Pero las diferencias, que surgen
del enorme potencial de los movimientos libres de capitales para generar crisis,
suplantan a las semejanzas. Es por eso que yo hablo de una ideología de
la movilidad del capital, de un mito, como escribí en "Foreign Affairs".