El capital
¿De dónde sale todo este dinero? Pues ni más ni menos que del bolsillo del emprendedor. Más exactamente, en caso de una sociedad, de su capital. Por eso es importante determinar con precisión qué capital inicial necesita la nueva empresa y no caer en la trampa de crear la empresa con el mínimo capital posible.
El capital social corresponde al conjunto de dinero (en el sentido más amplio del término) que los socios ponen a disposición de la sociedad mercantil para que pueda funcionar hasta que la propia empresa genere sus propios recursos mediante sus beneficios.
En el momento de crear la sociedad esta nace con un capital determinado aportado por los socios (más adelante, se puede ampliar) que servirá para garantizar la puesta en marcha y las primeras operaciones. Este capital tiene al menos la ventaja, desde el punto de vista de la empresa, que no se debe devolver hasta la disolución de la sociedad. Sin embargo no estaría de más generar unos dividendos para retribuir a este capital.
Otra cuestión aparte es cómo los socios obtienen el dinero para aportar su cuota de capital. Aquí es donde entran en juego los ahorros, los familiares o, si hay suerte (mejor dicho, si hay más dinero) el banco. Una vez reunidas todas estas aportaciones se convierten, al constituir la sociedad, en el capital con el que la empresa inicia su aventura.
Recursos ajenos
Como sucede muchas veces, el dinero disponible por el emprendedor no cubre las necesidades mínimamente razonables para poner ni siquiera en marcha el proyecto.
O una parte de las aportaciones es no dineraria (maquinaria, etc.) con lo que no todo el capital "empieza en el banco". Hay que obtener más dinero. Dejando de lado, las aportaciones de socios meramente capitalistas, que se incluirían en el apartado anterior y el caso particular (y casi de ciencia-ficción) del capital-riesgo, a los emprendedores o, ya concretamente, a la empresa sólo le queda la posibilidad de obtener recursos de terceros.
Los recursos ajenos, a diferencia del capital, deben devolverse en un plazo determinado y casi siempre con el pago adicional de unos intereses.
Estos recursos pueden obtenerse a corto o a largo plazo. Así, los recursos ajenos obtenidos a corto plazo deberán retornarse de forma más o menos inmediata, probablemente dentro del ejercicio en curso o en cuestión de pocos meses. Los recursos a largo plazo permiten dilatar en el tiempo la devolución del capital, aunque lógicamente pagando una cantidad mayor de dinero en concepto de intereses.
y existe aún una tercera "semi-fuente" de financiación en forma de subvenciones de la administración.
La primera fuente de financiación está en los mismos proveedores de la empresa. De la misma manera que los clientes pueden ser origen de necesidades de financiación al no pagar a su debido tiempo, los proveedores pueden "aportar dinero" si conseguimos pagarles un poco más tarde. Durante ese (breve) lapso de tiempo, la empresa ha disfrutado de dinero en forma de mercancías, o si ha tenido la suerte de venderlas de dinero en efectivo. Lógicamente se trata de financiación a corto plazo, por no decir a cortísimo plazo (podemos hablar de 2, 5, 15 ó 60 días, por ejemplo)