¿Eres una mamá o una investigadora en desarrollo infantil?

Una historia de género sobre el respeto propio y las actitudes que esto crea en los demás.

0
1043

Quiero compartir con ustedes un email que recibí de Analía La Puente, una usuaria como vos, quien me lo envió con ánimo de intercambiar algunas reflexiones.

La historia

Hace unos meses atrás, cuando recogía a los niños del colegio, una madre a la cual conocía bastante bien, se me acercó. Estaba histérica y muy indignada. “Sabes lo que tu y yo somos”? me preguntó, antes de que yo pudiera darle una respuesta, la cual, la verdad, no sabia cual era.

Parece que ella recién venía de renovar su licencia de conducir en la oficina de tránsito. Cuando la oficial que tomaba los datos, le preguntó cual era su ocupación, ella no supo que responder.

Al percatarse de esto la oficial le dijo, “A lo que me refiero es a si trabaja usted o es simplemente una …?”
“Claro que tengo un trabajo, le contestó, soy una mamá”. A lo que la oficial respondio, “No ponemos mamá como opción, vamos a ponerle ama de casa.” Fue la respuesta enfática de la empleada…

Había yo olvidado por completo la historia, hasta que un día a mí me pasó exactamente lo mismo, solo que esta vez, en la oficina del ayuntamiento.

La funcionaria era obviamente una mujer de carrera, eficiente, de mucha postura, y tenía un titulo muy despampanante que decía “Interrogadora Oficial”.

¿Cuál es su ocupación?” me preguntó.

Contesté:

“Soy una Investigadora Asociada en el campo del desarrollo Infantil y Relaciones Humanas.”

¿Qué me hizo contestarle esto? No lo sé. Las palabras simplemente salieron de mi boca.

La funciónaria se detuvo, el bolígrafo quedo congelado en el aire, y me miró como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente, haciendo énfasis en las palabras mas importantes. Luego, observé asombrada como mi pomposo anuncio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial.

“Me permite preguntarle”, dijo la funciónaria, con un aire de interés :

“¿qué es exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?”

Con una voz muy calmada y pausada, me escuché contestarle,

dialogue-cloud-symbol“Tengo un programa contínuo de investigación (qué madre no lo tiene) en el laboratorio y en el campo (normalmente me hubiera referido a lo anterior como adentro y afuera). Estoy trabajando para mi maestría (la familia completa) y ya tengo cuatro créditos (todas mis hijas). “Por supuesto que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades (¿alguna madre esta en desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en realidad son más, como 24).
Pero el trabajo tiene muchos más retos que cualquier trabajo sencillo, y las remuneraciónes, más que solamente económicas, también estan ligadas al área de la satisfacción personal.

Se podía sentir una creciente nota de respeto en la voz de la funcionaria, mientras completaba el formulario. Una vez terminado el proceso, se levanto de la silla y personalmente me acompañó a la puerta.

Al llegar a casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salieron a recibirme tres de mis asociadas del laboratorio, de 13, 7, y 3 años de edad. Arriba podía yo escuchar a nuestro nuevo modelo experimental en el programa de desarrollo infantil (de 6 meses de edad), probando un nuevo programa de patrón en vocalización.

Me sentí triunfante! Le había ganado a la burocracia! Había entrado en los registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la humanidad que sólo “una madre más”.

La maternidad…que carrera más gloriosa. Especialmente cuando tiene un título en la puerta.

Envíale esto a otra madre que conozcas, ya sea que se quede en casa o una madre que tenga una profesión. Todas debemos llevar este título.

Fin de la historia
¿Y? Muy buena,¿no?
Muy interesante destacar que el reconocimiento ajeno comienza por el propio y que necesariamente los demás terminan respetando a quien, primero, se respeta a sí misma/o.

Aprovecho a hacer un comentario porque, en este tema, no doy puntada sin hilo. ¿Has percibido la diferente actitud de las dos protagonistas de la historia? La primera mujer no supo que contestar, quedó dudando, estaba, como diríamos por aquí, para el cachetazo, y vaya si lo recibió! Como consecuencia de eso quedó amargada, resentida y pasó su bronca a un tercero.

En cambio, la segunda mujer, aunque no tenía un “discurso” preparado, creo que en definitiva lo que tenía era una mayor conciencia sobre el valor de su trabajo, se desenvolvió perfectamente y cosechó el respeto de la funcionaria, pero principalmente, su propio respeto. Me sentí triunfante! declara, y cómo no si creo que se “doctoró” con su actitud proactiva. Actitud que la otra mujer podría haber esgrimido perfectamente una vez superado su desconcierto inicial, pero no lo hizo, se quedó rumiando su rabia…

Y por casa ¿Cómo andamos?