Emprendedor ¿Se Nace o Se Hace?

La última década se ha visto caracterizada por el aumento masivo de lo que se denomina la “cultura emprendedora”, una nueva manera de pensar lo que antes se denominaba “self made man”: aquel que ‘se hacía a sí mismo’ creando su propia empresa o negocio.

El trabajo por cuenta propia se convirtió en la alternativa privilegiada para grandes sectores de la población que ha perdido el empleo en relación de dependencia y debe instrumentar ahora su propia fuente de trabajo.

Empleo y trabajo. Dos formas diferentes de encarar la vida laboral.

Sin embargo, la actitud y la aptitud emprendedora predomina como valor.

También quienes trabajan en relación de dependencia se les pide que sean emprendedores, es decir, que puedan crear valor en su actividad dentro de una empresa, apelando a su creatividad, iniciativa y capacidad de respuesta frente a los cambios.

¿Qué significa ser emprendedor/a?

Básicamente, un emprendedor es alguien capaz de desenvolverse autónomamente y en forma eficiente en lo que hace. En esto se incluye:

  • Alguien que cree en sí mismo, que se tiene confianza.
  • Alguien que cree en sus ideas y que es capaz de llevarlas a cabo, de encontrar la manera de materializar sus sueños.
  • Alguien que se enamora de lo que hace y es capaz de enfrentar obstáculos y riesgos para lograr lo que quiere.
  • Alguien que aprende de sus errores, que no se inmoviliza o abandona cuando se equivoca o fracasa, que intenta salir adelante pese a las dificultades que encuentra.
  • Una persona que tiene optimismo, que adopta una actitud positiva frente a la vida.
  • Que prefiere hacer y crear, en lugar de quejarse o desalentarse.
  • Que no le hecha la culpa a los otros o al contexto sino que piensa: ¿en qué me equivoqué? ¿para qué me sirve el error?
  • Es alguien que tiene entusiasmo, mucha energía y fortaleza. Y, ojo, esto no significa ser un iluso o un necio que no evalúa la realidad y sus posibilidades. Implica ser muy perseverante pero no obstinado, seguir adelante aunque todo indique que por ahí no es.
  • Por lo tanto es capaz de correr riesgos… riesgos, no peligros mortales. Porque los evalúa, los estudia y, entonces, esos riesgos son calculados. Pero sabe que puede perder.
  • También sabe lo que no sabe. Puede darse cuenta qué cosa le falta aprender y, entonces, se capacita, sale a buscar lo que necesita. Por lo tanto, sólo tiene la soberbia de estar dispuesto a aprender. Esto hace que sea muy curioso/a, que investigue, que le interesen los temas que se relacionan con su actividad. Busca permanentemente, nunca se da por satisfecho/a.
  • Tiene miedo, pero el miedo no lo paraliza. El miedo le sirve para cuidarse y cuidar lo que hace. Es un valiente con iniciativas, pero no un suicida.
  • Algo más: conoce el negocio o la actividad en que está, y si no conoce, está dispuesto a conocerla al dedillo, a ser un experto en ella.
  • Tiene capacidad para resolver problemas porque no se ahoga en un vaso de agua y, si no puede resolverlo, busca ayuda.
  • Por último, para no cansarlos, tolera la incertidumbre porque puede arriesgarse a algo sin saber cómo le irá exactamente y por supuesto, la incertidumbre de lo que vendrá, de lo que puede suceder, tanto en el área de su trabajo como en la vida toda. No exige certezas o seguridades para hacer algo, porque sabe que nada cuenta con certificado de seguridad.
  • Todo esto significa que es alguien que cuenta con una dosis alta de autonomía e independencia.

Una persona así, ¿nace así?
Sí y no. Las dos cosas. Por un lado, hay una actitud básica de curiosidad, de inquietud interna que no todos tienen. Pero también es cierto que estas cualidades se desarrollan y potencian con las ganas de aprender y hacer algo distinto a lo que se hacía hasta un determinado momento o circunstancia de la vida. Creo que se puede ejercitar la actitud emprendedora como se ejercita un músculo y que todo esto se va aprendiendo en el hacer mismo.

Muchas personas son concientes de que pueden aprender a trabajar de otra manera, a modificar sus propios esquemas mentales y hasta a desarrollar atributos que creían inexistentes en ellas. Se pueden hacer cursos de capacitación, leer material, buscar libros sobre lo que es de interés, asistir a conferencias, conocer gente que estimula con sus ideas, acercarse a fuentes de información sobre temas de la especialidad. Incluso buscar ayuda profesional para conocerse mejor e incrementar sus posibilidades de cambio.

Hay mucho camino para recorrer y, quizás, lo más importante sea el desafío de lo nuevo.
Pero es cierto también que no todo es un camino de rosas. Muchas personas quedan paralizadas frente a la avalancha de transformaciones en todos los frentes: cambios del empleo, o la pérdida del mismo, las oscilaciones económicas o el desbarranque económico, modificaciones en la estructura familiar, inseguridad social, etc, etc.

Y, entonces, sienten que han perdido todos los referentes conocidos, las seguridades a las que estaban acostumbrados y claman por estabilidad y certezas. Se resisten a los cambios. Se resisten a modificar sus patrones de conducta y comenzar de nuevo. Quieren hacer algo, pero que alguien les diga qué. Quieren que les aseguren éxitos y confianza pero nadie puede dárselos. Quieren rutinas y tranquilidad. Y nada más lejos en este momento de lo que está sucediendo. Entonces pueden caer en el desaliento y el enojo, el resentimiento porque les sacaron el piso sobre el que estaban parados.

Sólo podemos decirles que empiecen por mirar a su alrededor, por reconocer el mundo en que estamos. Que comiencen de a poco a conectarse con otras cosas, que aprendan a mirar otras posibilidades, que de a poco irán aprendiendo otros pasos, otros caminos posibles para sí mismas e incluso a reconocer cualidades o recursos no contabilizados hasta ahora.

Creo que las mujeres estamos en mejores condiciones ahora de desarrollar capacidades ocultas o desconocidas si nos animamos a salir de los estereotipos y empezamos a apoyarnos sobre nuestros propios pies. He visto muchos casos donde ocurrió esto y siempre me sorprendo de la capacidad de aprendizaje que tenemos.

Se dice que el cambio se ha transformado en lo permanente, que han caído todas las certidumbres, que convivimos con la inestabilidad y la sorpresa. Para mal o para bien, no lo sabemos, el mundo ya no nos ofrece seguridades absolutas. El “aprender a emprender” como a veces se dice, es una de las formas de adecuarnos a todo esto.

Les deseo entonces que el cambio tenga una oportunidad en sus vidas.