El Sexismo en la Educación

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Perspectiva de Género en la Educación

La escuela conjuntamente con la familia, como importantes instituciones y agentes de socialización que son, tienen el encargo social de educar las relaciones sociales entre los seres humanos que en ella se forman, al mismo tiempo constituyen vías a través de las cuales se transmiten estereotipos de género, pero también se convierten en elementos determinantes en la superación de ellos.

Es tarea de la escuela transmitir saberes desprovistos de estereotipos de género, a ella le debe ser inherente una educación no sexista en sus educandos, y lograr el crecimiento personal de los individuos desprovistos de todo tipo de prejuicios.

La escuela como centro más importante en la formación integral de la personalidad del individuo, debe ser uno de los espacios más importantes, o el fundamental para la educación en igualdad de género, para de esa manera corregir cualquier tipo de desigualdad social, incluyendo aquellas que se producen por razón de sexo, contribuyendo así a fomentar la igualdad y la no discriminación.

Esta mirada al ámbito educacional, nos remite a plantear que la perspectiva de género desde la educación abarca varios aspectos, en el que se incluye el diseño de los libros de texto y programas, entre otros, a través de los cuales la escuela perpetúa el sexismo, donde las figuras femeninas aparecen invisibilizadas, en una situación de marginación, o subordinación a la que hemos sido sometidas en este terreno por mucho tiempo, incluso hoy, encontramos manifestaciones de este tipo, reconociéndose solamente el papel del hombre, de ahí que se necesita promover el cambio educativo en materia de género, porque, “… en el terreno educativo es crucial eliminar las representaciones, imágenes y discursos que reafirman los estereotipos de género.

Es muy frecuente que nos encontremos en educación determinados términos que tienen un uso sexista, utilizando el género masculino para designar o referirse a hombres y mujeres, es decir se utiliza como universal, ya sea en el lenguaje (oral y escrito), en materiales didácticos, folletos escritos o en las interacciones escolares en el aula, por eso es importante disminuir el uso sexista en los centros.

Desde la escuela se deben enfocar los contenidos con una perspectiva diferente, con un enfoque de género, lo que debe ser reforzado por la familia y los medios de comunicación, lo que contribuye a eliminar viejos patrones y concepciones sexistas que aún predominan, a ella corresponde un papel esencial en la formación de nuevos valores.

Es de gran importancia que la búsqueda del logro de la igualdad de oportunidades no quede reflejado solo en los límites de los centros educativos de la enseñanza general, sino que a esta tarea deben incorporarse los centros de educación superior, que somos del criterio que se han quedado un tanto rezagados con relación a los otros tipos de enseñanza, así educar con perspectiva de género.

“La perspectiva de género supone una toma de posición política frente a la opresión de género; es una visión crítica explicativa y alternativa de lo que acontece en el orden de género, permitiendo analizar las profundas y complejas causas de dicha opresión y de los procesos históricos que la originan y la reproducen”. (Clotilde Proveyer. Sociología y Política Social de Género. Introducción).

La educación con perspectiva de género implica la formación de una generación de personas sobre la base de la equidad entre los sexos, buscando eliminar la inequidad de género, creando las condiciones para acceder de manera igualitaria a los recursos educativos, sin discriminación ni exclusión, al cambio cultural en mujeres y en hombres (por ejemplo, la paternidad responsable y la repartición igualitaria de las labores domésticas), con lo que se favorece la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

La escuela como agente de socialización, conjuntamente con la familia tiene el encargo social de educar en la cultura de paz y en la igualdad, transmitiendo valores y patrones no sexistas en sus educandos; debe promover en el grupo, el respeto y no discriminación, desarrollar acciones que estén dirigidas a fomentar relaciones equitativas entre los sexos; debe contribuir a cambiar formas de pensamiento y modos de actuación que les permita asumir una posición más democrática, sin discriminación de género, los docentes deben evitar que por medio del lenguaje, los juegos, el trato y otras prácticas que se refuercen los estereotipos de género.

La escuela como segundo marco de socialización, tiene a su cargo la formación de una cultura general en los individuos que en ella se forman, actuando en la formación de su personalidad, perpetuando formas caducas de pensamiento, o contribuyendo a desarrollar formas más democráticas de construcción de las individualidades e identidades de hombres y mujeres.

El profesorado está en el deber de que a la hora de llevar a cabo el proceso docente educativo lo aborde desde una perspectiva que promueva la participación activa y equitativa del estudiantado, sin discriminación, se debe promover la cohesión y la cooperación en grupo sin hacer distinciones ni separaciones por sexos, que en el currículum esté presente la eliminación de estereotipos de género, en el trato, en el lenguaje, en las interacciones en el aula, eliminando los valores que tradicionalmente se han venido creando a lo largo del desarrollo histórico, con respecto a las mujeres y los hombres y los roles diferentes que ambos deben cumplir en la sociedad.

“Hombres y mujeres somos diferentes, pero no por ello superiores o inferiores; respetar esas diferencias y las opiniones divergentes y enriquecernos de ellas significa ser abiertos a la diversidad” (Gloria Camacho, Equidad de género en la escuela. Módulos de capacitación para docentes de educación básica, 1998, p. 49.

Coincidimos con el criterio de esta autora, porque la diferencia no implica que seamos desiguales, la desigualdad está en el hecho de que no se respeten esas diferencias.

Llevar a cabo estudios e investigaciones sociales desde una perspectiva de género implica realizar un análisis objetivo de las relaciones entre los géneros, indagar en los factores que inciden en la opresión de género, las instituciones que sancionan o legitiman las normas, los deberes y los límites de género, así como la evaluación de las mujeres y los hombres como seres sociales inmersos en un conjunto de relaciones que se encuentran condicionados socialmente y como resultado de una sociedad concreta.

“Por tanto, aplicar este enfoque significa identificar, entre otros asuntos:

  • Las necesidades específicas de hombres y mujeres
  • Las brechas existentes entre hombres y mujeres en cuanto al acceso y control de los recursos y a las posibilidades de desarrollo en general.
  • Las posibilidades para apoyar el desarrollo de habilidades y de acciones afirmativas para el adelanto de las mujeres.”( Mayda Ávarez y otras: Capacitación de Género y desarrollo humano. Editorial Científico Técnica, La Habana, 2004).

Posibilidades de acceso de la mujer a la educación: una mirada desde los estudios de género

La educación de la mujeres en el Siglo XVIII

La historia de la educación de cuenta de que en el período de la Ilustración y la revolución liberal, durante los siglos del XVI al XVIII, junto a importantes autores como Rousseau, comienzan a visualizar artículos de mujeres, bajo el mito de la inferioridad femenina.

Para mediados del siglo XVIII en Europa ya comienzan a gestarse las bases del sistema educativo, donde se concibe que la educación de hombres y mujeres se debía llevar a cabo de manera diferenciada, de esta forma se consideraba que las niñas no debían estudiar porque no necesitan poseer una amplia cultura, ya que eso las alejaría de su función principal. La posibilidad de acceso a la instrucción elemental para las mujeres era reducida y se les prohibía alcanzar los estudios medios y superiores.

Solamente aquellas niñas y muchachas que pertenecían a la clase alta eran quienes tenían la posibilidad, por su condición social, de recibir algunas clases elementales de música, dibujo u otras materias, que le permitirá comunicarse, intercambiar y poder conversar con otras personas de su misma clase, pero en ningún caso para alcanzar amplios conocimientos, ni para graduarse de estudios universitarios en este campo, porque su lugar corresponde al ámbito doméstico.

Somos del criterio como aquí se pone de manifiesto que a lo largo de la historia de la humanidad las mujeres han sido marginadas del acceso a la educación, entonces comienzan las limitaciones, donde se le atribuye de manera errónea, las diferencias que desde el punto de vista social existen entre hombres y mujeres a factores biológicos, naturales, lo que permite justificar el dominio de lo masculino y la discriminación de lo femenino.

Pero además, ello refuerza los criterios acerca de los roles que tradicionalmente le son asignados a mujeres y hombres, negando a las mujeres su oportunidad de participar en igualdad de condiciones que el hombre en la sociedad y reforzar así las prácticas discriminatorias hacia las mujeres.

La educación de la mujeres en el Siglo XIX

Durante el siglo XIX, podemos encontrar que en la enseñanza existía una marcada influencia de la iglesia, donde se sigue considerando a la mujer en un rol secundario. El objetivo esencial del acceso de la mujer al sistema educativo estaba en alfabetizarla con el propósito de que se preparara en algunos quehaceres domésticos, para el mejor funcionamiento del hogar y de la familia, cumpliendo con su misión fundamental en la vida: procrear y cuidar de los hijos, resaltando así su papel reproductivo, sin considerar el papel productivo que desempeña ella en la sociedad.

En este período se puede constatar que el objetivo del acceso de la mujer a la educación no es remotamente para lograr su plena libertad e independencia cognoscitiva y mucho menos para su crecimiento intelectual, sino que es para ponerse en función del otro, lo que deja claro el papel de inferioridad que se le atribuye en la sociedad como ser de segunda categoría.

En este sentido somos del criterio de que se le está restando valor a la mujer y autonomía porque debe vivir por el hombre, en función de él y para él.

En este mismo siglo XIX, teniendo en cuenta estos presupuestos, la lucha de las primeras feministas estuvo centrada en lograr el pleno acceso de las mujeres a la educación, al mundo profesional sin exclusiones y al de la vida pública, y sobre todo a alcanzar la obtención del voto femenino.

Las teorías feministas han denunciado, el orden patriarcal establecido, la situación de marginación y de inferiorización a las que las mujeres han estado sometidas en el ámbito educativo, explica cómo la propia sociedad construye la femineidad y la masculinidad a través de la familia, los medios de comunicación y divulgación masivos y la propia escuela, fundamentando como las diferencias existentes entre ambos géneros no obedecen a elementos biológicos, sino que han sido construidas culturalmente. Promueve el cambio educativo en materia de género.

La educación de la mujeres en el Siglo XX

A mediados del siglo XIX se les autorizó legalmente a las niñas el acceso a escuelas diferentes a las de los niños con el propósito de que aprendieran a leer, escribir y contar, actividades muy elementales que ya tiempos atrás eran de carácter obligatorio en las escuelas para varones.

Los años 50

A partir de los años 50 se produjo en América Latina lo que se llamó “proceso modernizador”, el cual tuvo efectos muy importantes en la educación, durante las primeras etapas para poder calificar a la fuerza de trabajo para que pudiera enfrentar la industrialización y en un segundo momento, como uno de los mecanismos que posibilitaba la satisfacción de las aspiraciones de la población, lo que no implicaba transformaciones estructurales sustanciales.

Entre las mujeres los cambios educativos fueron notables, puesto que el analfabetismo femenino alcanzaba índices superiores al masculino en todos los países, tanto que en la década del 70 las mujeres analfabetas eran el 90% más que los hombres, a pesar de ello se avanzó considerablemente en la alfabetización de las mujeres, de igual manera hubo un incremento en la matrícula femenina universitaria.

Ya a fines del XIX se comienzan a realizar propuestas que van encaminadas a defender la necesidad que tienen las mujeres de recibir una educación escolar que fuera más allá del simple hecho de aprender a leer, escribir y contar, que estuviera en correspondencia con la que recibían los varones. Alcanzar esa igualdad educativa significaba que las mujeres pudieran tener acceso a los estudios medios y superiores, y que la educación de las niñas fuera en los mismos centros que la de los niños.

En esta época comienza a producirse una tendencia a la disminución de la discriminación por razones de sexo en la educación.

“La aparición, a fines del siglo XIX, de esos hoy tímidos discursos feministas y la inserción de la mujer en la esfera educacional desde su rol de estudiante, abrieron una brecha en la cultura patriarcal de la sociedad cubana que con el decursar del tiempo se ha ensanchado…” ( Fleitas, Reina, Clotilde Proveyer y Graciela González. Participación de la mujer cubana en los noventa. Lo público y lo doméstico, Pág 198, en Selección de Lecturas de Sociología y Política Social de Género de Clotilde Proveyer.)

La escuela históricamente ha contribuido a perpetuar y reproducir las desigualdades de género, introduce el análisis del currículum explícito y el oculto para explicar cómo esto se encuentra marcado por el sexismo, donde ubica a lo femenino en una relación de subordinación y a lo masculino en una posición de superioridad.

La escuela tiene el encargo social de transmitir los conocimientos, habilidades y valores culturales que son socialmente aceptados por una época determinada, sin embargo todavía nos encontramos hoy que se continúan perpetuando estereotipos, que muchas veces se manifiestan de formas encubiertas.

Por eso coincidimos con el criterio de Alicia González y Beatriz Castellanos cuando expresaron que “… resulta necesario que el profesorado tenga conciencia de su papel en las transformaciones que pueden germinar desde la escuela misma, potenciando su capacidad para identificar los sesgos sexistas discriminatorios en la educación y las estrategias para luchar contra ellos”. González, A. y Beatriz Castellanos: Sexualidad y Géneros: Alternativas para su educación ante los retos del siglo XXI.

Rousseau, quien habló del Contrato Social, en su obra pedagógica Emilio, tenía una mirada sexista porque según su criterio las mujeres solo se deben dedicar a reproducir la especie, y no a las cuestiones políticas, ya que eso es un asunto que les concierne a los hombres, negando de esta manera el hecho de que ellas pudieran acceder al conocimiento, limitándolas al ámbito privado únicamente, como otras tantas opiniones de sus contemporáneo. Todo esto lógicamente tiene que ver con el condicionamiento histórico social de la época.

Somos del criterio de que Rousseau, tiene un enfoque biologicista del problema, ya que se limita a ver únicamente en la mujer su condición biológica, de reproducción, de esta manera, sienta pautas sexistas y discriminatorias, sin tener en cuenta los derechos de las mujeres de manera general, por lo que las está excluyendo de toda posibilidad de participar en la vida pública y social, a la par con el hombre y como un ser social que es.

La base ideológica que ha sustentado el papel secundario y subordinado de las mujeres está dada en las diferencias “naturales”, “lo característico de la mujer, lo propio, “lo que le corresponde por naturaleza”.

Esta concepción fue fuertemente criticada por Mary Wolstonecraft, en su obra “Vindicación de los derechos de la Mujer”, quien planteó: “En mi lucha por los derechos de las mujeres, mi argumento principal se basa sobre el principio elemental de que, si la mujer no está preparada, mediante la educación, para convertirse en compañera del hombre, será ella quien frenará el progreso del saber y de la virtud, pues la verdad debe ser siempre patrimonio de todos y si no, no tendrá influencia en la vida”.

Coincidimos con el criterio de Wollstonecraft en que la vía fundamental de poder superar la subordinación femenina está dada en la posibilidad que tenga la mujer de acceso a la educación, lo cual le permitiría, por una parte, alcanzar la igualdad con respecto a los hombres, y por otra, desarrollar su independencia económica siempre que tenga la posibilidad de acceder a actividades remuneradas.

Engels en su trabajo titulado: “El origen de la familia la propiedad privada y el estado, trató los aspectos relacionados con el género y en particular sobre la situación subordinada de la mujer, considerándose que es de los pocos autores marxistas que han tratado la problemática en sus escritos.

Posibilidades de acceso de la mujer a la educación: el caso de Cuba

La educación ha constituido un instrumento de liberación de los pueblos y de la mujer, un derecho que toda persona tiene; en tal sentido las feministas de pensamiento más avanzado y radical, a lo largo del devenir histórico han luchado para reclamar el acceso de la mujer a las herramientas del conocimiento en igualdad de condiciones que el hombre.

La situación de la mujer en la educación en Cuba antes del triunfo de la revolución, se tornaba bastante difícil, a las féminas no se le permitía acceder a la misma y ésta se agudizaba en aquellos casos de mujeres negras y pobres, donde se les prohibía participar de los servicios educativos, por causa de la discriminación a la que estaban sometidas.
La situación educativa de Cuba era más favorable que la del resto de los países de la región, en los años 50, sin embargo, el 22% de la población mayor de 15 años era analfabeta, y entre las mujeres, el 31% de las mayores de 15 años eran analfabetas, de cada diez universitarios solo dos eran mujeres.

Como se puede apreciar en los datos anteriores, el analfabetismo alcanzaba altos niveles y accedían a la educación superior un número muy reducido de personas, y cuando se trataba del sector femenino las cifras eran muy inferiores, por tanto la situación de ella era peor, ya que las tradiciones culturales machistas las mantenían excluidas del mundo educativo, dejándole espacio solamente para los quehaceres hogareños y la atención a los hijos y la familia.

Según datos publicados en el censo de población que se realizó en 1953 las maestras en el nivel de enseñanza primaria eran el 89,3% del total de las mujeres en esa ocupación de enseñar y el 84,3% del total de maestros de la educación primaria.

“Durante todos esos años la ocupación de maestra primaria se fue progresivamente transformando en una actividad tradicional femenina, legitimada por la sociedad que la valoraba como prolongación del rol expresivo doméstico a la vida pública.

…En 1953, de un total de 2.132.000 mujeres mayores de 10 años, el 23% eran analfabetas, el 71% sub escolarizadas y solo el 2% había completado la enseñanza media”. (Fleitas, Reina, Clotilde Proveyer y Graciela González. Participación de la mujer cubana en los noventa. Lo público y lo doméstico, Pág 199, en Selección de Lecturas de Sociología y Política Social de Género de Clotilde Proveyer.)

Con el triunfo de la Revolución Cubana en enero del 59, se abre un proceso de grandes cambios y transformaciones en todas las esferas de la vida social del país, de lo cual no escapa la educación, transformaciones que estuvieron dirigidas de manera general a toda la población, pero fundamentalmente a aquellos sectores más desprotegidos y grupos específicos de mujeres y niños, quienes sufrían una situación de inferioridad en todos los ámbitos, incluido el educacional, produciéndose un cambio radical en tal sentido, dando la posibilidad de acceder a cualquier nivel de educación a la par con el hombre.

El gobierno revolucionario en la primera década adoptó un conjunto de medidas que estuvieron dirigidas a eliminar el analfabetismo en la población cubana.

La transformación educativa había sido planteada por Fidel en el Programa del Moncada y en 1961 se comenzó la Campaña de Alfabetización, donde la mujer participó en su doble condición de alfabetizada, constituyendo el 55% de los alfabetizados y como alfabetizadora siendo el 59% de los alfabetizadores, lo que redujo, tan solo en un año, el analfabetismo hasta llevarlo casi a cero, paralelamente se inició un proceso de incorporación de mujeres niños y jóvenes a los distintos niveles de enseñanza, se amplió la matrícula universitaria, se le dio inicio a la enseñanza obrero-campesino para dar continuidad a la superación de aquellos adultos que habían sido alfabetizados o que tenían niveles escolares bajos.

Esta transformación en el sistema educativo cubano, evidencia la tendencia a ir eliminando paulatinamente la discriminación a que estaba sometida la mujer, así como, la inequidad de género presente antes de 1959.

Para finales de la década del 70 hubo una reducción considerable del analfabetismo en la población, tanto masculina como femenina, tanto que en 1979 el índice total del analfabetismo era del 3,9%; para los hombres 3,7 y para las mujeres 4,2%, sin embargo producto a las reformas en la educación a favor de toda la población, durante las dos primeras décadas, el número de graduados del género masculino creció 4.7 veces, mientras en las mujeres el crecimiento se triplicó, siendo de 12.76 veces.

La década del 80 produjo cambios significativos en cuanto a la situación de la mujer en la educación; produciéndose un ascenso en el número de graduados y en las matrículas de los distintos niveles de enseñanza. En pocos años la mujer alcanza una calificación de manera ascendente, que le permite la participación como ser social activo social y participante de las transformaciones con grandes posibilidades de equidad.

En estos años 80 del siglo XX producto del desarrollo alcanzado por la Sociología de la Educación, comenzaron a desarrollarse investigaciones cuyos resultados demostraron la transmisión en las aulas de contenidos sexistas, y estereotipos que refuerzan las desigualdades entre hombre y mujer, donde las mujeres son educadas en patrones tradicionalmente masculinos.

“En Cuba con el proceso de nacionalización de la enseñanza, se produce un cambio radical en la concepción de la educación. Entre sus principales valores cuenta el haber convertido el proceso educativo formal en un modelo mixto, gratuito, laico y democrático. La educación adquiere carácter de obligatoriedad, constituye un deber y un derecho de cada ciudadano… ” (Yenisei Bombino, El sexismo. Modelos masculino y femenino en el libro de texto de Español-Literatura 9no grado, en Selección de Lecturas de Sociología y Política Social de Género, pág. 244)

Las mujeres son el 66,6 por ciento de la fuerza técnica del país y son también el 30 por ciento de los científicos, esto significa que no sólo se han planteado opciones alternativas, sino que han sido utilizadas en gran grado, rompiendo los cánones anteriores de compartimentación laboral.

La crisis desatada en el país en los noventa provocada por el período especial, no cambia ésta situación, ya que mediante un esfuerzo extraordinario por parte de la máxima dirección del país se mantuvo la calidad de la enseñanza y la participación del género femenino.

Importante papel reviste la presencia de las mujeres en el total del personal docente, tanto en la educación en general como en la educación superior en particular.

Este artículo tiene dos partes más. Enfoques teóricos acerca del sexismo en la educación y El sexismo en el lenguaje.