El Nuevo Panorama Argentino Frente a la Última Crisis Institucional

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A continuación destacamos los puntos sobresalientes de la disertación del Dr. Rosendo Fraga durante el desayuno de AIME.

La opinión de Fraga

La Argentina aparecía a comienzos del año pasado, como el país de América Latina que mostraba más independencia de sus expectativas económicas respecto al contexto político y, en cambio, ahora es exactamente a la inversa.

En un país de fuerte tradición presidencialista, acostumbrado a ser gobernado por líderes políticos fuertes que controlan sus propios partidos, De la Rúa enfrenta un triple desafío: cohabitar con una oposición que controla el senado, la mayoría de las gobernaciones y tiene una bancada importante en diputados; convivir dentro de su propia coalición, en función de superar las diferencias existentes entre la UCR y el FrePaSo y por último, mantener el apoyo de su propio partido, liderado por el ex-presidente Raúl Alfonsín.

La cuestión central que afectó las expectativas económicas durante el segundo semestre del 2000 y en los primeros meses del 2001, es la misma: el problema del liderazgo. La controversia dentro del oficialismo tiene un efecto relevante en el incremento del riesgo país, interrumpiendo las expectativas positivas que había generado el “blindaje” en el primer mes del año.
Entre octubre y noviembre del año pasado, el riesgo país creció de 650 puntos básicos a casi 1.000, porque la renuncia de Álvarez y las declaraciones de Alfonsín que crearon incertidumbre en los mercados, pusieron en discusión quién mandaba realmente en el país.

Se ha confirmado en la Argentina la estrecha relación que existe entre el riesgo país, el consenso del gobierno y el conflicto social. Es que nuevamente se ha puesto en evidencia que la Argentina es el país de América Latina, cuyas expectativas económicas son más dependientes de la política.
La convocatoria de De la Rúa a Cavallo para que integre el gobierno, como la designación de Ricardo López Murphy en el Ministerio de Economía y las medidas anunciadas el 16 marzo, con la crisis que precipitaron en la Alianza y en el gabinete, han puesto en el centro de la escena la cuestión de la gobernabilidad y las coaliciones políticas.

Domingo Cavallo es percibido como economista y como político. En su primera faceta, conjuró las crisis económicas de 1982 y de 1991, como breve presidente del Banco Central primero y como ministro de Economía durante un lustro después. Jefe del tercer partido político de la Argentina desde fines de los años noventa, la crisis del 2001 lo muestra actuando como ministro de Economía, pero también como político.

Cavallo prefiere mantener su rol político de “bisagra” de la gobernabilidad entre la Alianza y el PJ, antes que incorporarse a la coalición UCR-FrePaSo como lo planteó De la Rúa. Alfonsín y Álvarez también rechazan la eventual incorporación, poniendo en evidencia una vez más las limitaciones del liderazgo político de De la Rúa.

Mientras el Presidente muestra una postura más favorable hacia Brasil en la negociación del ALCA, Cavallo la tiene más próxima a los Estados Unidos. Pese a ello, propugna una mayor aproximación financiera a Europa.

El consenso de Cavallo en la opinión pública es a la vez su fortaleza y su debilidad, por los celos que genera en la clase política.

Las elecciones del segundo semestre del año 2001, son sólo legislativas. Pero serán un comicio importante, porque no sólo se renueva la mitad de la Cámara de Diputados, sino también el Senado completo por única vez. Para la Alianza, al renovarse el Senado completo, se plantea la oportunidad de poder quitar al PJ la mayoría absoluta que tiene en esta Cámara.

El justicialismo puede perder algunas bancas, pero difícilmente pierda la mayoría absoluta en esta cámara. Cabe recordar que el año pasado, mientras en la elección presidencial De la Rúa ganó por 10 puntos, la suma de los votos para las elecciones de gobernadores mostró una ventaja similar pero a favor del PJ. Desde este punto de vista, la elección de senadores nacionales tiende a parecerse más a la de gobernadores que a la presidencial. Respecto a la renovación de la mitad de la cámara de diputados nacionales, no será una elección fácil para la Alianza.

Para el presidente De la Rúa, que la Alianza gane o pierda la elección del 2001, determinará las condiciones de gobernabilidad que tendrá en la segunda parte del mandato. Ganando, éstas aumentan, mientras que si el oficialismo fuera derrotado, ello hace más difícil el tercero y cuarto año de gobierno. Pero el quiebre que significó para la Alianza la renuncia de Álvarez, hace difícil que la coalición oficialista mantenga intacto su caudal electoral de 1997 y 1999 y ello es lo que incrementa las posibilidades del PJ de ganar las elecciones del 2001.

La Argentina, en los últimos meses, ha dado una muestra de que la política no tiene alternativa viable frente al llamado “pensamiento único”. Aunque muchos políticos cuestionen el modelo globalizado por su incapacidad para resolver el problema social – y en la Argentina es necesario reconocer que tanto el desempleo como el trabajo en negro vienen aumentando en forma sostenida desde hace veinticinco años y no sólo desde los años noventa -, la realidad es que la administración De la Rúa sólo encontró sosiego político cuando se alineó con los requerimientos de los mercados y de los organismos financieros internacionales.

Una mirada hacia la evolución del riesgo país y el consenso del gobierno durante los últimos meses, hace evidente la estrecha relación entre ambas variables. A medida que aumenta el riesgo país, baja el consenso político. A su vez, cuando disminuye la tasa de interés mejora el apoyo a la gestión oficial. Incluso, en los últimos meses se ha evidenciado una correlación entre el conflicto social y el riesgo país. Es evidente que el mercado no resuelve todos los problemas y que la globalización asumida como ideología no satisface ninguno de los cuestionamientos existenciales del ser humano.

Pero en este momento histórico en esta parte del mundo, plantear salirse u oponerse al llamado “pensamiento único”, no parece ser un camino viable. Además, el consenso político del gobierno y sus posibilidades electorales están ligadas, guste o no guste, a lograr la confianza que baja el riesgo país y ello implica atender los requerimientos de los organismos financieros internacionales y los acreedores externos.

Hacia el futuro, las expectativas económicas de la Argentina seguirán siendo muy dependientes de las señales políticas, con lo cual la resolución efectiva del problema del liderazgo continuará siendo central para la marcha de la economía y ésta es la cuestión central que debe enfrentar y resolver el presidente Fernando de la Rúa.