El Mito de la Libertad de Capitales Provocó la Crisis

J.N.R:- ¿Cree que un académico debe exponerse públicamente como lo hizo Krugman?
J.B.: – No veo nada de malo. Pero tiene que ser menos pretencioso y más reflexivo en el tono. Después, tiene que saber en profundidad sobre el país cuya política va a comentar. Muchos economistas hoy en día, se preocupan más por el protagonismo mediático que por hacer avanzar el bien público. Esta última postura exige mucho estudio y no decir banalidades. Hay que dar consejos muy prácticos.

J.N.R:- Leí en algún lado que usted acostumbra estar en desacuerdo con este tipo de ‘intervencionismo’ de los economistas de academia.
J.B.: – No creo que los macroeconomistas influyentes deban hablar en público sobre sus juicios acerca de países concretos, sobre todo, cuando estos están en situación crítica, porque eso puede desestabilizar aún más la situación. Por ejemplo, pienso que lo que dijeron Rudiger Dornbusch y Jeffrey Sachs al argumentar en público que Brasil debería devaluar un 25% o de lo contrario habría crisis. Como eso esta acompañado de la idea de que son ‘consultores’ de esos países, lo que sobresale en los medios es que ellos tienen alguna ‘información privilegiada’ que nosotros no tenemos, lo que después genera aún más problemas. Pienso que los economistas deberían tener una especie de código profesional de conducta responsable.

J.N.R:- Pero, no había terminado mi pregunta inicial: ¿está de acuerdo o no transitoriamente con el control de capitales en el caso de los nuevos países industrializados e, incluso, en relación a los países menos desarrollados?
J.B.: – Con un control prudente, si. Estoy, de hecho, contra la convertibilidad total para la casi totalidad de los países en desarrollo. Es absolutamente prematuro, en virtud de su fragilidad política y económica, permitir la entrada o salida absolutamente libres de capitales en estos países. También creo que deberá haber un monitoreo muy estrecho de los empréstitos de corto plazo, manteniéndolos en armonía con la buena salud de los indicadores fundamentales del país. Mi posición sobre los controles de capitales es más sofisticada que la de Krugman. Pienso que los países que los practican no deben abandonarlos con liviandad – deben primero concentrarse en el refuerzo de sus economías a través del comercio libre, de reformas internas, como las privatizaciones, y en la convertibilidad para objetivos específicos, como intereses, lucros, dividendos e inversión directa extranjera. No tengo problemas con respecto a la repatriación en estos casos. Pienso que el comercio libre y la inversión extranjera directa son los mecanismos más benéficos.

Una distinción fundamental
J.N.R:- En el debate actual, usted introdujo un dato nuevo, en relación con la necesidad – teórica y práctica- de distinguir precisamente el comercio libre de la libertad de movimiento de capitales. ¿Cómo es posible ser un ‘liberal’ en defensa del comercio libre y, al mismo tiempo, defender el control de capitales?
J.B.: – Como argumenté recientemente en el «Wall Street Journal«, se debe saber diferenciar el comercio libre de los flujos de capital. Estos últimos están sujetos a una especulación desestabilizadora y a comportamientos comandados por el pánico, como vimos el año pasado en Asia. No se puede estar ciego frente al descalabro: en 1996, las entradas de capitales privados en Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Tailandia y Filipinas fueron de 93 billones de dólares, un salto en relación a los 41 billones de 1994; en 1997, el curso cambió súbitamente, y pasó a haber, por el contrario, una fuga de 12 billones. Los flujos de capital se caracterizan por manías y pánicos, como lo notó el historiador económico Charles Kindleberger, del MIT, en el libro que escribió sobre la historia de las crisis financieras: Manias, Panics and Crashes: A History of Financial Crisis (ISBN 0465044042).

Las semejanzas entre el comercio libre y la movilidad total de capitales existen efectivamente – ambas le dan libertad para transaccionar y ambas sugieren una ganancia económica al remover barreras. Pero las diferencias, que surgen del enorme potencial de los movimientos libres de capitales para generar crisis, suplantan a las semejanzas. Es por eso que yo hablo de una ideología de la movilidad del capital, de un mito, como escribí en «Foreign Affairs».

J.N.R:- Pero, ¿qué fuerzas sustentan ese mito? Seguramente no cayó del cielo…
J.B.: – La respuesta es esta: el mito refleja siempre intereses – o sea, «lobbies». Yo hablo de un nuevo «complejo», formado en el eje Wall Street-Tesoro. Hay una elite en el poder, en la acepción de C. Wright Mills, una red de luminarias que están o estuvieron o vuelven a estar en las instituciones más poderosas, y leen el mismo manual. Para Wall Street es fundamental un mundo de libertad de capitales, porque esa movilidad amplía la arena en la que pueden hacer dinero.

J.N.R:- Hablando ahora del Fondo Monetario Internacional, ¿qué reformas necesita, o se debe pura y simplemente desmantelarlo, como propuso Milton Friedman, recientemente en la revista «Forbes»?
J.B.: – No veo gran alternativa al refuerzo del FMI como prestamista de último recurso en situación de crisis. Pienso que el profesor Friedman, a quien yo admiro mucho, está equivocado en este punto.

J.N.R:- Para concluir: ¿estamos entrando en una nueva era en la que Keynes va a volver triunfante?
J.B.: – Vamos a tener que reestructurar Breton Woods de varias formas. Pero esto requiere salir de diversas dificultades en torno de algunas cuestiones muy controvertidas. Nadie tiene una varita mágica para hacerlo. No hay ningún Keynes que pueda hacer esa proeza. Además, es grotesco juzgar que cualquiera de los economistas que escriben hoy sobre el asunto puedan, siquiera remotamente, parecerse al genio multifacético que fue Keynes.

El mito del capital

O cómo la ideología de la movilidad de capitales hecha nafta en el fuego, según Jagdish Bhagwati. En la secuencia de la crisis financiera asiática, la visión dominante en los círculos políticos – digamos, el mito predominante- es que, a pesar de la evidencia ofensiva de la inherente generación de crisis por parte de los movimientos libres de capitales, continua siendo inevitable y deseable un mundo de convertibilidad total de capitales. En vez de mantener algunas restricciones cuidadosas, nos dicen que el único camino es continuar así.

En septiembre de 1997, el FMI, en su reunión anual realizada en Hong Kong, dio un paso más en esta dirección, cuando su Comité Interino difundió una declaración apoyando la convertibilidad total de los capitales para todos los miembros del Fondo.

Con todo, las obligaciones inscriptas en los Artículos de Acuerdo de 1944 estipulaban apenas «se evitarán restricciones en los pagos de las transacciones corrientes» y no hablaban de convertibilidad de capitales, ni lo proponía como meta siquiera.

Se muestra como una idea seductora: si la libertad de comercio es una cosa buena, ¿por qué no dejar a los capitales hacer lo mismo?
Ahora, los beneficios enormes de la movilidad de capital no son persuasivos. Se afirma, pero no se demuestra, que habrá ganancias sustanciales, y nada que no se pueda obtener con la inversión directa extranjera.

El mito contrario fue creado por lo que podemos bautizar como «complejo Wall Street-Tesoro», siguiendo las huellas del Presidente Eisenhower, que nos advirtió contra el «complejo militar-industrial». Hasta que la crisis asiática sensibilizó a la opinión pública de que la realidad de los movimientos de capitales podrían generar crisis, mucha gente tenía como cierta la idea de que la movilidad de capitales era lo mismo que el comercio libre de bienes y servicios, que tenía el mismo efecto de ganancia mutua. De este modo, las restricciones a la movilidad de capitales, tal como el proteccionismo comercial, eran vistas como perniciosas, tanto en los países ricos como en los pobres. Nunca se había planteado la cuestión de que las ganancias podrían ser problemáticas frente al costo de las crisis que la movilidad de capitales podría generar.

A pesar de que hoy es ya obvio el efecto negativo, muchos continúan considerando que puede ser aliviado, si no eliminado, y que las ventajas pueden ser usufructuadas a pleno. Los conservadores, por su lado, lo harán dejando que los mercados se despedacen y dejando de lado o disolviendo el FMI. La izquierda lo hará, por el contrario, a través del FMI, dispensando fondo condicionados por una serie de condiciones. Para comprender que ninguna de estas posiciones es acertada, es preciso percibir el mito original. Sin duda, los economistas hablan de una correspondencia entre comercio libre y movilidad de capital. Interfiriendo se producen ineficiencias. Pero sólo un economista ignorante desconocerá que los flujos de capital se caracterizan por manías y pánicos. Cada vez que una crisis relacionada con flujo de capital alcanza a un país determinado, él es presionado.

La crisis de la deuda de los 80 le costó a América del Sur una década de crecimiento.
Los mexicanos, que estaban muy expuestos a las entradas de capitales de corto plazo, fueron devastados en 1994. Las economías asiáticas, que estaban demasiado sobrecargadas con deudas de corto plazo cayeron en espiral.

Cuando surge una crisis de estas, se ve mejor la otra cara de la movilidad de capitales. Para asegurar que los capitales regresen, el país debe hacer todo para atraerlos otra vez. Y esto significa, como regla, aumentar las tasas de interés, como el FMI requirió a Indonesia, por ejemplo. Por toda Asia, esto arruinó empresas con un servicio enorme de deuda. También significó vender activos a precios muy bajos a extranjeros con mejor acceso a los fondos.
Además de todo eso, estos países perdieron totalmente su independencia política para administrar sus políticas económicas.

Por lo tanto, cualquier país que quiera abrazar la libertad total de capitales, tiene que estar preparado para soportar esos costos y considerar la probabilidad de tener encima una crisis. Esto nos conduce a disecar el mito. Y darnos cuenta de que la idea e ideología del comercio libre y de sus beneficios fue pirateada por quienes proponen la movilidad de capitales. Y estos reflejan «lobbies» que yo llamo «complejo Wall Street-Tesoro».

Resumen del artículo publicado por Jagdish Bhagwati en la revista «Foreign Affairs», Mayo/Junio de 1998, volumen 77, número 3. No está disponible en la Web. El artículo puede ser encargado «on line» en www.foreignaffairs.org