El Género, las Chancletas y la Lengua

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Sonó el teléfono y mi amiga preguntó ¿hoy hay reunión de las chancletas?, refiriéndose a un grupo de cinco mujeres, terapeutas de distintas líneas teóricas, que nos reunimos quincenalmente para intercambiar opiniones y miradas sobre nuestro trabajo.

Me reí pero, aunque no es la primera vez que me llaman chancleta, me produjo una cierta incomodidad en algún rincón supongo que cercano al alma.

Me quedé pensando en el peso de las palabras y su significado popular pero fundamentalmente en su significado implícito. Y me fui a buscar la palabra chancleta en el diccionario Durvan.

Decía lo que ya todos sabemos.

CHANCLA: zapato viejo con el talón caído y aplastado por el uso.
CHANCLETA: (derivado de chancla) Chinela sin talón o zapato con el talón doblado para usarlo en casa. ~Figurativo: PERSONA INEPTA.

Sutil concepto para definirnos como seres pertenecientes al género femenino. O quizá debería decir sexo femenino ya que hace algunos años y, entre otros retrocesos que nos llevan de vuelta a la Edad Media, al cambiar los Contenidos Básicos Comunes de la enseñanza se sustituyó en ellos la palabra género por la palabra sexo para referirse a lo masculino y lo femenino.

Aclaremos qué es el sexo y qué el género para entender el tamaño de la barbaridad descripta ut supra. Para hacerla fácil: el sexo es biológico, el género es social. ¿Está claro? No.

Entonces pongámoslo así: cuando nace un bebé, biológicamente solo tiene dos opciones, ser macho o ser hembra, de acuerdo a sus cromosomas, sus hormonas, sus órganos sexuales, etc.

Esto es lo biológico. A partir de ahí empieza la presión social para definir su pertenencia a uno u otro género, a saber: su sexo es inscripto en un certificado de nacimiento.

Se le elige un nombre, que es un código en si mismo, ya que determinados nombres están adjudicados a las mujeres y otros diferentes a los varones.

Se le antepone el prefijo el o ella al nombrarlo y muy poco después se lo empieza a vestir con ropas de varón o de niña mucho antes de que esto sirva para alguna finalidad práctica, más otra cantidad de actitudes que le van adjudicando un ROL DE GENERO.

Pero también hace falta una representación interna de ser mujer o ser varón.

O sea como contesto a la pregunta sobre ¿qué soy? Entonces, a partir de la observación, la educación y la propia experiencia vamos aprendiendo si somos varones o si somos mujeres y construimos modelos internos masculinos o femeninos.

Para decirlo mas prolijo, vamos adquiriendo nuestra IDENTIDAD DE GENERO.

Esto quiere decir que la identidad genérica o sea el pensarse mujer u hombre no es innata. Se desarrolla con el estímulo social y esto es necesario e imprescindible.

Lo que no tendría nada de malo si estos estímulos construyeran a los humanos en dos clases de sujetos jerárquicamente equivalentes, cosa que por cierto, no es así.

Y aquí esta la barbaridad que no tiene nada de inocente: Al sustituir la palabra género por sexo se escamotea esta construcción social que es fundamentalmente histórica y se da por entendido que los hombres son de esta manera, -léase competitivos, inteligentes, independientes, insensibles, agresivos, objetivos, racionales, activos, leales etc.-, por decisión de la naturaleza.

Y las mujeres son así –sensibles, intuitivas, pasivas, comprensivas, influenciables, peligrosas, siempre maternales, ineptas y ahora un poco menos dependientes-, por culpa de Eva y decisión de Dios. Y entonces no hay nada que deba ser cambiado porque ese es el orden natural de las cosas.

Y digo todo esto sin perder de vista los avances logrados en los últimos 50 años pero también lo dificultosos que han sido y siguen siendo, como lo demuestra la resolución de los embarazos anencefálicos publicitados en estos días.

A estas alturas ustedes se preguntarán qué corno tiene que ver esto del género con las chancletas del principio y el lenguaje de la educación.

Ahí esta el huevo y no lo pisen -decía un amigo del campo -:

Si el género se constituye desde el estímulo social y uno de los mas poderosos instrumentos de este estímulo que nos convierte en personas es el lenguaje, tanto en su estructura gramatical como en los significados atribuidos a las palabras, está claro que no es lo mismo nacer con un sexo femenino o masculino, que ser una mujer o un hombre. Como tampoco da lo mismo decir de alguien que es una chancleta deshilachada y no un zapato de lagarto.

Alguien dijo que el poder simbólico es la capacidad de hacer cosas con las palabras ¿no?. Entonces volvamos a algunas definiciones del Diccionario Durvan.
Entre otras acepciones dice de las siguientes palabras:

SEÑOR: Dueño de una cosa.
SEÑORA: Mujer del señor.

MÉDICA: mujer del médico.
ABOGADA: mujer del abogado

Para ser justa es cierto que el Durvan ahora también dice: Mujer que se halla legalmente autorizada para profesar y ejercer la medicina/ la abogacía etc.

En relación a la estructura gramatical como transmisora de ideología, veamos un ejemplo tradicional. Sigue siendo cierto que, si en un grupo de 2 mujeres o de 100 mas un hombre, todos adultos, decimos nosotras, sentiremos, nosotras y él, que lo estamos excluyendo, pero nadie se molestará si usamos el masculino del plural, nosotros, como dice la regla que debe hacerse, aunque contrariemos la lógica de la mayoría.

Que, como dice el dicho, no somos machos pero somos muchas. Aclaro lo de adultos porque entre los/as niños/as de edad preescolar es bastante frecuente escuchar discusiones sobre este tipo de cuestiones.

Como la hija de cuatro años de una amiga que estaba encantada porque cuando se casara con su novio de cinco, ella iba a ser la señora de Claudio Pérez y él iba a ser el señor de Mariana Gonzáles. Y su mamá no acertaba a explicarle porqué las cosas no funcionan de ese modo.

Así, desde los modelos establecidos por la cultura vamos construyendo nuestra subjetividad con la aceptación de mandatos, valores ya establecidos desde los distintos centros de poder (religión y ciencia principalmente), prejuicios y mitos como si fueran naturales o dependieran de la biología. Que no por ser cada vez mas sutiles son menos efectivos.

Pero es posible que, si nos arriesgamos a someter lo ya pensado y aprendido a una revisión y su consiguiente proceso de de-construcción, del desorden y la inseguridad resultantes tal vez podamos encontrar otros modos de construcción de nuestra subjetividad que nos permitan circular mejor por este mundo, en donde por ahora, los hombres y las mujeres seguimos siendo los únicos humanos posibles.

Chancleta: forma coloquial como se les dice a las mujeres en la Argentina.
Es común que cuando se produce un nacimiento se anuncie: varón o chancleta.