El Cisne Negro: El Impacto de lo Altamente Improbable

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En su libro El Cisne Negro: El Impacto de lo Altamente Improbable, Nassim Nicholas Taleb, explica que en nuestro mundo actual, interconectado, complejo y extremo, en el que la información circula a toda velocidad y en todas las direcciones, es cada vez más posible cruzarnos con un Cisne Negro en el camino. Y ese evento puede cambiar nuestra vida.

Concepto de la Teoría del Cisne Negro

La Teoría del Cisne Negro o Teoría de los Eventos del Cisne Negro (no trata del ave), es una metáfora que encierra el siguiente concepto:

  1. El evento es una sorpresa para el observador pues está fuera de las expectativas normales pues no existe ningún evento en el pasado que apunte de forma convincente a su posibilidad;
  2. Tiene un impacto extremo con importantes consecuencias en nuestras vidas;
  3. Después del hecho, el evento es racionalizado por retrospección como si pudiera haber sido esperado (por ejemplo, los datos estaban disponibles, pero no se los tuvo en cuenta). En otras palabras, no podemos predecirlo pero, una vez que ocurre, pensamos que lo “veíamos venir”.

Orígenes del término

Según la Wikipedia, el término cisne negro proviene de una expresión latina, cuya referencia conocida más antigua es una descripción hecha el poeta Juvenal: “un ave rara en la tierra, y muy parecida a un cisne negro”. Cuando la frase fue acuñada, se presumía que no existía un cisne negro. Dicha frase era una expresión común en el Londres del siglo XVI como una declaración de imposibilidad.

Antes del siglo XVII, los europeos no tenían ningún motivo para pensar que podía existir un cisne negro pues no había registros históricos de un cisne cuyas plumas no fueran blancas. Hasta que llegaron a Australia en 1697, y el descubrimiento de una sola ave con plumas negras acabó con siglos de evidencia empírica. Este hecho ilustra una grave limitación de nuestro aprendizaje a partir de la observación y la experiencia y, por ende, la fragilidad de nuestro conocimiento.

De ahí la importancia de preguntarnos: ¿Cómo podemos identificar un Cisne Negro, si éstos son impredecibles? ¿Qué es lo que podemos hacer para amoldarnos a su existencia?

Hay muchas cosas que no somos capaces de predecir, pero que pueden cambiar nuestra vida por completo.

Ejemplos de la dinámica del Cisne Negro

Algunos ejemplos que siguen la dinámica del Cisne Negro son:

  • el desplome del mercado de valores de 1928,
  • la Primera y la Segunda Guerra Mundial,
  • la actual crisis financiera global,
  • o los atentados del 11M en España o los del 11/9 en los EE.UU.,
  • el derrumbe del bloque soviético,
  • la aparición del fundamentalismo islámico,
  • etc.

No todas tienen por qué ser negativas.

También son ejemplos de eventos Cisne Negro:

  • el descubrimiento del fuego,
  • el descubrimiento de la penicilina,
  • el impacto de Internet,
  • el ascenso del ordenador,
  • el sistema operativo Windows,
  • el éxito de YouTube o de Google,
  • los teléfonos celulares,
  • etc., etc.

Cabe aclarar que la teoría del Cisne Negro se aplica también a eventos personales.

La pregunta clave es la siguiente: ¿por qué, a pesar del tiempo y el esfuerzo que dedicamos al estudio y al análisis de la información, no somos capaces de anticipar estos fenómenos? En otras palabras ¿De dónde procede nuestra ceguera ante los Cisnes Negros?

La idea central del libro es nuestra ceguera respecto a lo aleatorio. Lo sorprendente, según Nassim, no es la magnitud de nuestros errores de predicción, sino la falta de conciencia que tenemos de los mismos.

En otras palabras, nos cuesta aceptar que lo que no sabemos es más importante que lo que sabemos, y por eso seguimos centrados en los detalles, dedicando más tiempo a las monedas que a los billetes.

La ilusión de la predicción del futuro

Nos pasamos gran parte de nuestra vida preocupados por el futuro, tratando de anticipar lo que sucederá, con el fin de proteger a nuestras familias y maximizar nuestras oportunidades. Los expertos analizan los sucesos y noticias en la televisión, y dan sus predicciones.

El Gobierno, los sociólogos, los departamentos de estadística, y la industria informática acumulan montañas de datos que luego utilizan para anticipar y predecir los riesgos a los que nos enfrentamos.

Pero la realidad es que fallamos una y otra vez. Acontecimientos que después resultan trascendentales nos toman por sorpresa, como sucedió con la crisis de los mercados en 1987, con los trágicos ataques terroristas del 11 de septiembre, con el estallido de la burbuja .com en el 2000, el colapso del mercado inmobiliario en España, la crisis financiera global en la que nos encontramos inmersos, por agregar algunos ejemplos a la lista anteriormente citada.

La tesis de Taleb es que no somos muy buenos a la hora de predecir los fenómenos realmente importantes. Nuestra capacidad se reduce a las predicciones sencillas en entornos sencillos. Más allá de eso, nuestras predicciones son una mera ilusión. ¿Por qué? Vamos a tratar de explicarlo.

La evidencia silenciosa

La “evidencia silenciosa” es el mecanismo por el que mantenemos la ilusión de que podemos entender el mundo, y en consecuencia somos capaces de anticipar lo que va a ocurrir. Tras el suceso, nos centramos sólo en una parte de la información, justamente la que podría explicarlo, y dejamos de lado el resto de las pruebas y evidencias.

Para Taleb, el ejemplo más claro es la 1ra. Guerra Mundial. Después de la guerra, estudiamos que el conflicto estalló por la tensión existente entre Reino Unido por un lado, y Austria y Alemania por otro.

Es decir, que la tensión llevó a la guerra y que, por lo tanto, si hay tensión, podemos predecir el estallido de una guerra. Pero en esta concepción no tenemos en cuenta los episodios de tensión que no desembocaron en una guerra, y que han sido la mayoría. En palabras de Taleb: “estos episodios llevaron a los reyes y políticos a Baden-Baden a escuchar ópera y beber champán”.

El hecho es que, a la hora de tomar decisiones, nos basamos en una cierta información, y dejamos de lado todo el resto: lo que no vemos, lo que no sabemos, lo que no observamos, los textos perdidos, los desenlaces diferentes, etc.

Tenemos la tendencia a fijarnos en los que sobreviven, en los que triunfan, y no en los que no llegan a nada. Entre otras cosas, porque de ellos no sabemos casi nada.

Primera parte de la entrevista de Charlie Rose a Nassim Taleb. Incluye subtitulos en castellano:

 

Segunda parte de la entrevista de Charlie Rose a Nassim Taleb. Incluye subtitulos en castellano:

 

El Pavo de Russell: el problema de la inducción simplificada

Taleb presenta el problema de la inducción -obtener conclusiones generales a partir de datos particulares- utilizando el caso del “pavo de Russell”, llamado así en honor a Bertrand Russell, quien expuso por primera vez el ejemplo:

El pavo comprobó que todas las mañanas le daban de comer y, tras varios meses de observaciones, concluyó que existía una ley universal: “Estos humanos tan amables me deben de querer mucho, puesto que todos los días me dan de comer generosamente”. Cuando llegó el día de Acción de Gracias, resulta que los “amables humanos” afilaron el cuchillo y demostraron que la ley formulada por el pavo valía bien poco. Para el pavo, eso era un Cisne Negro; para el carnicero no, porque sabía lo que iba a pasar. Así que el cisne negro depende de nuestro conocimiento. Y debemos tener en cuenta que hay muchas cosas que no conocemos.

Nuestra manera de pensar no es muy diferente de la del “pavo de Russell”. Gran parte de la matemática estadística, el cálculo de riesgos y las distribuciones de probabilidad están atravesadas por esta manera de pensar: a mayor frecuencia de un hecho, menor es la sensibilidad frente a lo inesperado.

¿Por qué tenemos problemas para predecir las cosas más importantes?

Nuestro mecanismo interno para la estimación de las probabilidades de eventos significativos es demasiado anticuado para la complejidad actual del mundo moderno.

Históricamente, hemos tenido que hacer frente a un número mucho menor de variables, menos información y un menor número de teorías para explicar lo que nos sucede. Nuestros antepasados vivieron en un hábitat muy previsible. Hubo muchas pequeñas sorpresas, pero pocas grandes.

Hoy en día, la comunicación es global. La sociedad es tan compleja que casi nada de nuestro futuro sale como lo habíamos planeado. Nos preocupamos y ponemos nuestra energía en cosas irrelevantes. Y prestamos poca atención a sucesos tan trascendentales como la caída de la Unión Soviética, el cambio climático, o la variabilidad de los precios del petróleo.

El mayor problema es que nos resistimos a la idea de que nuestra existencia es cada vez más imprevisible. Nos resulta aterrador pensar que lo que ocurre es a menudo sólo una cuestión de azar. Preferimos engañarnos con la ilusión de que realmente controlamos nuestro mundo.

La distorsión retrospectiva

En su libro, Taleb hace un recorrido por los diferentes errores del razonamiento humano cuando se encuentra frente a los cisnes negros. Lo más relevante es que los humanos no somos capaces de anticipar lo que va a suceder pero, en cambio, “somos muy buenos a la hora de predecir los sucesos de modo retroactivo”… Esta distorsión se produce porque sobrestimamos el valor de las explicaciones racionales y de los datos, a la vez que subestimamos la importancia de la aleatoriedad, de lo que no puede ser explicado con los datos.

Para el profesor Taleb, existe una base genética y filosófica que explica lo mal preparados que estamos los humanos cuando nos enfrentamos a la incertidumbre y la aleatoriedad. Según Taleb, la evolución no favoreció un tipo de pensamiento complejo y probabilístico; muy al contrario: somos muy rápidos a la hora de adoptar decisiones instantáneas, sustentadas en una mínima cantidad de datos o en teorías superficiales y carentes de solidez.

La falacia platónica

Para Taleb existe un problema filosófico fundamental. Somos hijos de la escuela platónica, que nos animó a preferir la teoría estructurada, ordinaria y comprensible, frente a la desordenada y compleja realidad. También somos víctimas de una “falacia narrativa, pues seleccionamos únicamente los hechos que encajan en nuestras teorías. Y cuando los hechos ya han tenido lugar, creamos historias post-hoc para que el hecho parezca tener una causa.

De hecho, siempre tendemos a recordar que nuestras previsiones fueron más ajustadas a lo que luego sucedió. Es un mecanismo psicológico por el que todo el tiempo tratamos de construir historias “consistentes”, retocando las previsiones reales que en su momento hicimos.

Frases destacadas del libro El Cisne Negro

1 “La estrategia de los descubridores y emprendedores es confiar menos en la planificación de arriba abajo y centrarse al máximo en reconocer las oportunidades cuando se presentan, y juguetear con ellas.”

2 “El beneficio de una empresa humana es, en general, inversamente proporcional a lo que se esperaba que fuera.”

3 “Las sucesiones de anécdotas seleccionadas para que se ajusten a una historia no constituyen una prueba. Cualquiera que busque la confirmación encontrará la suficiente para engañarse a sí mismo, y sin duda a sus iguales.”

4 “Actuamos como si fuéramos capaces de predecir los hechos o cambiar el curso de la historia.”

5 “Los seres humanos se creen cualquier cosa que se les diga, siempre que uno no muestre ni la menor sombra de falta de seguridad en sí mismo.”

6 “También podemos crear Cisnes Negros con la ciencia, dando esperanzas a los demás de que no se producirá el Cisne Negro; y así es como la ciencia convierte a los ciudadanos normales en imbéciles.”

7 “Tendemos a engañarnos con autonarraciones porque nos gusta simplificar, ver patrones y tejer explicaciones.”

 

Para resumir

Los cisnes negros nos causan tantos problemas y somos incapaces de predecirlos porque:

  • generalizamos a partir de datos específicos.
  • pensamos que los hechos pasados pueden mostrarnos una idea cabal sobre el futuro.

La ceguera ante estos hechos imprevistos nos lleva a:

  • El error de la confirmación: no toda confirmación tiene porque ser cierta, de hecho, la ciencia avanza sobre confirmaciones que luego van siendo rechazadas, lo que Thomas Kuhn llamó “cambio de paradigma” en su obra La estructura de las revoluciones científicas.
  • La falacia narrativa: somos seres narrativos, es decir, el ser humano ha aprendido gracias a la narración desde tiempos lejanos, por lo tanto, incluso ante la verdad desnuda, necesitamos aplicar una historia que de sentido y coherencia al acontecimiento. Seleccionamos los hechos que encajan bien en nuestra historia y rechazamos lo discontinuo.
  • No estamos “diseñados” para detectar los cisnes negros, nuestra mente y forma de razonar nos imposibilita aceptar la incertidumbre. Estamos mal dotados para enfrentarnos a la incertidumbre y lo altamente improbable
  • No somos capaces de ver todo lo que existe.
  • Solemos enfocarnos en unas determinadas fuentes de incertidumbre, ignorando otras.
  • Necesitamos números ancla, es decir, cuando ante la incertidumbre, alguien nos ofrece una cifra, nos aferramos a ella como si fuese la verdad revelada.

En conclusión

 Lo único cierto es que no hay nada cierto para el futuro, que el pasado no explica lo presente y mucho menos es capaz de prever el devenir del tiempo. A medida que el mundo se hace más complejo y global aumenta la cantidad de Cisnes Negros.

Entre otros muchos beneficios de esta metáfora está en que podemos dedicarnos a buscar Cisnes Negros del tipo positivo con el método de la serendipidad.

En muchos ámbitos como el del descubrimiento científico o de las inversiones de capital, hay una compensación desproporcionada de lo desconocido, pues en un suceso raro hay poco por perder y mucho por ganar como muestra particularmente la tercera parte del libro.

Este libro es polémico, no deja títere con cabeza, reta nuestro sistema de pensamiento. Este es un breve resumen, recomiendo leer el libro para tener una idea clara del planteo de Taleb.

Nota: Este artículo fue redactado teniendo como base Cuídate de los Cisnes Negros, de José Cabrera. Distribuido bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.