J.N.R.:- Una
de las constataciones que hace en su libro es que, precisamente,
los centros comerciales electrónicos fallaron. ¿Por
qué?
Y.S.: -Intentaron alquilar espacio virtual a varios establecimientos
comerciales, prometiendo encaminar tráfico de usuarios hacia
ellos. Pero esta idea de alquilar espacio para el menudeo en la Web
es, en el mejor de los casos, un poco estúpida. El concepto
de un "centro comercial" está basado en la geografía,
lo que en a Web es muy discutible. Inmediatamente que un «site» tiene éxito,
naturalmente procurará seguir su propio camino. Vea el caso
de Virtual Vineyards,
con los vinos, que era parte de uno de esos centros, pero que sólo
duró unos meses. Muchos de estos centros de comercio electrónico,
lanzados por IBM, por MCI o por otros, terminaron cerrando por esa
razón.
J.N.R.:- Otra afirmación suya polémica es que ¡el
dinero digital es sólo una treta! Entonces, ¿qué tipo
de sistema monetario está emergiendo con la Web?
Y.S.: - Lo escribí y
lo repito - el dinero digital es pura exageración, y terminó fallando.
Casos como First Virtual, o Cybercash o Digicash fueron «flops» de
gran tamaño. Las personas se sienten mejor comprando en la
Web utilizando sus tarjetas de crédito, ahora que percibieron
que es, incluso, más seguro de usarlos así que en otros
lugares, como en restaurantes. Dicho esto, también le digo
- y desarrollo eso en mi libro -, que se está creando un nuevo
tipo de dinero «online», al que yo denominé "moneda
basada en el valor", algo que se está fundamentando en
un concepto similar al de los puntos de los "pasajeros frecuentes" en
las compañías aéreas por ejemplo. A la gente
le encanta acumularlos y hacer compras «online». Este
tipo de moneda coloca a las empresas en el papel de los gobiernos,
en la medida en que pueden regular esta circulación «monetaria».
J.N.R.:- Usted recomienda
a la Web como el lugar ideal para estrategias de diversificación de
negocios. ¿Pero no cree que esa dinámica de creación
de nuevos conglomerados no trae el peligro de desviar a las empresas de sus
competencias nucleares y de sus negocios centrales? ¿Hamel y Prahalad
están redondamente equivocados?
Y.S.: - A mi ver, en la Web, las marcas son
más importantes que nunca. Y las empresas están usando,
precisamente, sus marcas para expandirse hacia nuevas áreas.
Microsoft está vendiendo autos, entradas de teatro y de conciertos,
y proveyendo servicios de inversión. Intuit, que lanzó el
software financiero personal Quicken, está vendiendo seguros «online».
Yahoo!, uno de los más conocidos motores de búsqueda
de la Web, está entrando en nuevos negocios. Esto tiene sentido,
para mí - porque la noción de "competencias nucleares"[de
Gary Hamel y C.K. Prahalad] migró, en muchos casos, de criterios
específicamente industriales hacia atributos más vastos,
como soluciones de facilidad de uso, excelentes aplicaciones de self-service
o de conveniencia.
J.N.R.:- La tecnología «push» ha
provocado una verdadera fiebre, pero usted advierte el peligro que puede
traer para los creadores de contenidos. ¿Cree que van a perder el
contacto directo con los usuarios finales? ¿Cómo podrán
los productores de contenidos superar esa trampa?
Y.S.: - La tecnología «push» fue
excesivamente «vendida». Pero no va a transformar milagrosamente
la forma de funcionar de la Web, como se previó hace un año.
Pero puede ser muy útil si es usada de un modo simple, especialmente
recurriendo al ya «viejo» correo electrónico. Vean
el caso de la revista «Wired», vayan al site,
coloquen la dirección electrónica en el formulario, y
pasarán a recibir diariamente una «newsletter» con «links» activos.
Es un ejemplo simple e inteligente del «push» a partir
de un creador de contenidos.
J.N.R.:- Otra cuestión polémica en la Web es
la publicidad. Asistimos a una corrida para la inserción de
tandas de publicidad - los célebres «banners» -
en los «sites». Pero, según las audiometrías,
poca gente hace el tan esperado «click». ¿Qué tipo
de estrategias podremos seguir para superar este problema?
Y.S.:- De hecho, una tasa del 2 al 3 por
ciento de los visitantes de los «sites», que es la media
de «clicks» en la publicidad, no es atractiva para los
responsables de marketing de los anunciantes. Sólo se obtuvieron
tasas más elevadas en casos de patrocinio de contenidos verdaderamente
convocantes. Un caso reciente es bien ilustrador: cuando el campeón
mundial de ajedrez Gary Kasparov enfrentó a la computadora «Deep
Blue», IBM lanzó un «site» especial para tal
efecto. ¡La publicidad de la empresa que se insertó allí obtuvo
una tasa del 30 por ciento! Esa es la diferencia de estrategia.
J.N.R.:- Otra manía
reciente de los responsables de muchos «sites» es la invasión
de pedidos de señas personales para todo tipo de inscripciones y obtención
de datos personales a propósito de todo y de nada. ¿Cuál
es el antídoto para esta pavada?
Y.S.: - Para mí, el
problema con la «passworditis» - como lo llamamos aquí -
es el hecho de que muchas empresas piden información personal
sin ofrecer nada sustancial a cambio. El usuario concluye que su
nombre, dirección personal, gustos y antipatías son
cosas extremadamente valiosas. Nadie puede pedirle a usuario que
llene tales formularios a diestra y siniestra sólo por chiste.
Tiene que haber contrapartidas serias: noticias personalizadas, asesoramiento,
adhesión a comunidades y clubes «online», derecho
a descuentos en productos, etc.
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