El
libro, con el extraño título de «Webonomics»,
se transformó rápidamente en un best-seller el año
pasado en la floreciente literatura sobre economía digital.
Según Amazon.con, la edición en inglés (Broadway
Books de Bantan Doubleday, en Nueva York) alcanzó el primer
lugar de las preferencias de los lectores.
Además de los nueve principios de cómo orientar negocios a través de su presencia en la World Wide Web, Evan Schwartz desarticula algunos mitos, como el del dinero digital, modera la fiebre en relación a la tecnología «push», y dice a los estrategas y a los hombres y mujeres de marketing que la realidad ya es otra.
Jorge Nascimento Rodriguez:- ¿Cuál
es la diferencia entre su concepto de "economía web"
y la "economía digital" lanzada hace unos años
por el canadiense Don Tapscott, entre otros?
Evan Schwartz: Mi concepto
de "economía web" (webonomics) trata de las estrategias
de negocio que funcionan efectivamente y de las que no funcionan de
ninguna manera en la World Wide Web, y por qué. Mi objetivo
fue escribir un libro de negocios con el propósito de deflacionar
seriamente mucha charla inútil que anda por ahí y que
atacase el pensamiento convencional en estas materias. Hay muchas
ideas que están redondamente erradas y que sólo inspiran
prejuicios.
Preferí, por eso, una aproximación pautada
por el sentido común, que se basase en las experiencias concretas
de empresas y de consumidores de la Web.
Sin duda, que la WWW es, ciertamente, el mejor ejemplo de una economía
digital funcionando. Sin embargo, el libro pionero de Don Tapscott
- The Digital Economy - no se centra en esta arena específica
que refiero. Hago un paréntesis: en realidad, la WEB - no se
si se fijó - es mencionada únicamente unas cinco el
seis veces en las más de 300 páginas de la edición
original del libro.
J.N.R.:- ¿Con la Web estamos
asistiendo, finalmente, a la realización del sueño de
un mercado totalmente libre, como idealizaban los padres fundadores
del capitalismo? ¿O eso es, también, pura charla?
Y.S.: - A mi ver, la Web está
muy cerca, efectivamente, de la idea de un mercado libre «puro»,
más que cualquier otra realidad económica que se conozca
hasta la fecha. Hasta ahora, una economía de mercado libre
era apenas una posibilidad teórica. A mi ver, con la Web es,
por primera vez, una posibilidad práctica. Pero, hubo algunas
tentativas de regularla, sobre todo en relación a la distribución
sin fronteras de determinados productos.
Pero la Web ha resistido muy bien a estos esfuerzos. Hablando globalmente,
la Web continúa siendo una economía de mercado, con
vendedores y compradores. Pero si la economía tradicional está
basada en la idea de que la oferta es escasa, en la economía
de la Web, como vemos, la oferta de información y de ideas
no es del todo escasa. De hecho, todo el mundo se queja por la "inundación"
de información!
J.N.R.:- ¿Qué
es, entonces, lo escaso, para que respetemos la idea de que la economía
es la «ciencia de la escasez»?
Y.S.:
- La única «mercadería»
escasa es la atención de las personas que usan la Web, siempre
atareadas y super-exigentes. Así, la regla se invirtió
- en vez de escasez de oferta, tenemos escasez de la demanda. La verdadera
batalla en la Web es la de la habilidad de conseguir y mantener esa
atención por parte de los usuarios. En consecuencia, los compradores
y los vendedores - los consumidores y los productores - deberán
formar más una relación de asociación que de
conflicto.
J.N.R.:- Pero
si, en el fondo, la Web no es un «mass media», sino un
mercado de nichos y de usuarios leales y "repetidores" (como
usted los llama irónicamente), para donde se dirigen las estrategias
de marketing que se fueron refinando desde los años 60?
Y.S.:
- En la realidad, constatamos
que las empresas están gastando ríos de dinero y poniendo
un enorme esfuerzo en «sites» que se espera que tengan
un enorme flujo de «tránsito». Están aplicando
este nuevo medio -la Web- erradamente. Usan la misma estrategia que
diseñaron para la televisión y la prensa escrita, intentando
obtener el mayor número de «hits» posibles.
La estrategia tiene que ser otra - como yo recomiendo en mi "segundo principio": la gente del marketing no deben pensar a la Web como un lugar en el que la empresa se expone, pero sí para obtener resultados. ¡Resultados y no exposición! La idea es transformar la atención que usted recibe en la Web en algo mensurable: mayores ventas, costos más bajos, mejor servicio al cliente, o una relación más íntima con sus consumidores o lectores, por ejemplo.
J.N.R.:- Dentro
de esa línea, ¿qué es lo que entiende por recomendar
que se apueste, sobre todo, a una mejor "experiencia de navegación"
por parte del usuario, más que al control de las estadísticas
de número de visitas al «site» en cuestión?
Y.S.:
- Una experiencia de mayor
calidad significa esto, muy simplemente: las personas tienen que
tener una buena razón para volver sistemáticamente a un «site».
La gente no vuelve a sus «sites» favoritos para entretenerse,
aunque esa experiencia de «visita» deba proporcionar entretenimiento.
Las personas regresan al «site» para hacer cosas que no
conseguirían de otro modo o no sería tan fácil
y cómodo. Es, por eso, que yo insisto en que las empresas deben
ofrecer en la Web servicios de valor agregado, o sea cosas que sólo
en la Web sea posible hacerlas bien y que ganen la fidelidad de los
usuarios. Por ejemplo, vea el caso de Amazon.con que consigue ofrecer
a los clientes de libros recomendaciones personalizadas, basándose
en el tipo de compras que efectuaron en el pasado.
J.N.R.:- Al leer su libro nos quedamos
con la idea de que, en el caso de productos pobres en contenido de información, no
habrá lugar para ellos en la Web. ¿Estarán condenados
para toda la eternidad a quedar fuera del espacio de mercado digital?
Y.S.:
- En cierto sentido, ¡sí!
Los productos y servicios que mejor se venden en la Web son los "ricos"
en información. Piense en el caso de los libros, de los CD,
de los Fondos en el área financiera, de los productos electrónicos
de consumo, de las computadoras, del software, de los autos, de las
casas y de las prendas en general. ¿Por qué? Porque
las personas - los usuarios de la Web - perderán tiempo haciendo
compras de un género de productos que los obliga a investigar,
buscar, comparar «online», antes de hacer la compra. En
contrapartida, muchos productos "pobres" en información,
típicos de supermercados o de grandes espacios comerciales,
no atraen esta atención.
