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Paul Romer afirma que el gran cambio ocurrió en nuestra cabeza

| Jorge Nascimento Rodrigues | 2. Mayo 01 |
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J.N.R.: - Eso es un poco como el pasaje del conocimiento implícito al explícito, en el lenguaje de los adeptos de la gestión del conocimiento ("knowledge management", en el original)?
P.R.: - En los términos que está usando, sí. Alguien pensó hacer una cosa de modo diferente – porque en la cabeza de esa persona surgió que podría hacerlo así. Pero, muchas veces, ni se da cuenta de la importancia de eso. Eso es una pieza del tal wetware. Pero cuando él y otros se dan cuenta de la importancia de esa novedad, la codifican e, incluso, pueden explicarla a otros. Es aquí cuando se transforma en software, que pode ser usado y reusado, en un mecanismo que crea continuamente valor. Esta lógica es algo enteramente nuevo.

J.N.R.: - ¿En qué sentido?
P.R.: - Este potencial para ser reusado sin cesar hace del software un activo con un cariz radicalmente diferente de los otros activos. Primero, porque aquí no hay escasez. En la realidad, hay un potencial de descubrimiento ilimitado de nuevas ideas. Segundo, el número de gente que lo podrá usar es infinito y podrá hacerlo, incluso, en simultaneo. Se da la oportunidad de una expansión enorme.
Muchos hablan de esa nueva realidad como una ‘nueva economía’, porque, entretanto, emergieron una serie de nuevos sectores económicos en el que el tal 'soft' es rey.

J.N.R.: - ¿Aconseja a sus alumnos a usar el término?
P.R.: - En términos generales, no. En rigor, no. Yo no uso el término ‘nueva economía’. Está de moda, pero yo no lo recomendaría a mis alumnos. Muchas cosas de la tal ‘vieja’ economía continúan – las crisis, la inflación, etc. Incluso con el rapidísimo cambio tecnológico no murieron, a pesar de que mucha buena gente lo pretendió. Las innovaciones y los descubrimientos siempre fueron muy importantes a lo largo de los siglos en el crecimiento económico. No son un hecho nuevo.

J.N.R.: - Entonces, ¿qué es lo nuevo realmente?
P.R.: - Lo que sucedió fue un proceso ideológico, como ya le referí antes. Las personas ahora están percibiendo mejor el problema. De lo que se trata es de que se está imponiendo un nuevo modelo mental. ¡No fue la realidad económica esencial lo que cambió, sino nuestra cabeza! Pero esta percepción, este cambio mental, se da, sin duda, más en los Estados Unidos que en Europa. Es obvio que mucho de lo que los propagandistas de la 'nueva economía' dicen es pura exageración, pero algunas cosas son motivadoras y entusiasmantes. Yo diría que cuando escogen la agit-prop son óptimos, el problema es cuando quieren ser economistas. Cuando se ponen en economistas, caen en necedades. [risas]

J.N.R.: - ¿La capacidad de tener gente dentro de la empresa produciendo sistemáticamente ese "wetware" del que hablo y transformándolo en software es la esencia de lo que hoy se intenta contabilizar como 'capital intelectual'?
P.R.: - El capital intelectual es, más o menos, como la cuestión de la ‘nueva economía’. Está de moda. Yo tampoco aconsejaría a mis alumnos a usar el término. Pero depende de lo que se entienda. Las empresas más avanzadas, cuando hablan de gestión del conocimiento, están hablando de procedimientos internos, los voceros del capital intelectual hablan de él por otra razón – pretenden movilizar a los inversores y a los accionistas. Son propósitos diferentes. El primero – de la gestión del conocimiento - sinceramente me parece más serio. [risas] Hablando ahora sin bromas: el capital intelectual tiende a sugerir que podremos usar procedimientos de contabilidad en este campo. El problema es que la diferencia que hay entre el tal software del que hablo y los otros activos con que se lidia en la empresa conducen a que mucha de esta ‘artillería’ de contabilidad sea totalmente inapropiada.

J.N.R.: - Una de las nuevas tales ‘leyes’ de las que se habla en la tal ‘nueva economía’, es la de la conveniencia de permitir situaciones de monopolio a quien consigue ser el primero en controlar ese software (haya sido o no o su creador original) y tener a los clientes cautivos a su uso. Además, me viene a la memoria el caso de Microsoft y, en el futuro, probablemente haya otras. ¿Cuál es su opinión?
P.R.: - Eso tiene que ser bien examinado. Es necesario un análisis no apasionado. Lo que Microsoft hizo históricamente fue explorar una serie de innovaciones de otros y masificarlas - y abaratarlas – en el marco de una plataforma. Ese es el lado positivo del tal monopolio.

J.N.R.: - Eso es lo que ya algunos llamaron, a la teoría de Microsoft como Robin de los Bosques de la Sociedad de la Información...
P.R.: - [risas] Bueno, el análisis correcto es saber, al final, lo siguiente: ¿el tal monopolio, alienta o no el cambio, la innovación? Hay razones para que nos preocupemos con la cuestión pues, el mercado por sí mismo, podrá no incentivar la innovación. El problema de fondo es saber si Microsoft se transformó en algo tan dominante que impide la innovación en el mercado. Creo que siempre es preferible un ambiente en que varios Bill Gates del futuro puedan nacer. Gente que, por lo menos, tenga una chance, tenga o no éxito después. Donde no hay entrada de otros, donde no hay renovación del tejido empresarial [enfatiza Romer], no hay innovación competitiva, eso es una certeza económica.

J.N.R.: - Lo que nos lleva a la cuestión de la importancia de fomentar el espíritu emprendedor. La euforia actual de hoy lleva a pensar que es más fácil hoy ser emprendedor. ¿Es así?
P.R.: - Es verdad que es más fácil hoy lanzar nuevas empresas. Hay muchos jóvenes salidos de escuelas con el MBA queriendo crear sus propias empresas en lugar de pensar en mejorar un curriculum para entrar en una gran empresa o en un banco. Hay señales claras de esta cultura de la ‘start up’. La propia enseñanza se tiene que adaptar a esa tendencia.

J.N.R.: -¿Pero, cómo?
P.R.: - Lo esencial en un período de estos es formar personas bien capacitadas para explorar las oportunidades del mercado. La enseñanza debe volverse hacia la ‘producción’ de este tipo de gente. Y ahí están fallando las Universidades.
Yo creo que el desafío es crear, en el próximo siglo, nuevas instituciones para formar esos innovadores y emprendedores. Poner más dinero en lo que ya existe es errado.
Lo que es indispensable es crear nuevas instituciones.

J.N.R.: - Pero profesor, usted es parte integrante de la actual Universidad...
P.R.: - Las Universidades actuales fueron creadas, sobre todo parar formar profesores, no innovadores.

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Fuente: Jorge Nascimento Rodrigues es editor de Gurusonline y de JanelanaWeb. Publicada en Mujeres de Empresa bajo el título Paul Romer afirma que el gran cambio ocurrió en nuestra cabeza y distribuído bajo una Licencia Creative Commons.

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