El otro pilar derrumbado por Brian Arthur fue la sacrosanta teoría del equilibrio. La batalla no era fácil. Incluso una mente abierta a la "destrucción creativa" como Joseph Schumpeter consideraba que una hipótesis de múltiples equilibrios era, desde el punto de vista científico, una aberración. La consideraba, recuerda Brian, como "conduciendo a un caos fuera de cualquier control analítico".
Ahora, la posibilidad de varios equilibrios está en la realidad, aunque no quede bajo el control de los dogmas de los economistas. No se puede predecir un equilibrio óptimo. No dice Brian Arthur: "Hay varias hipóteis planteadas y, en general, son acontecimientos fruto del azar histórico que seleccionan una solución determinada que, a veces, ni siquiera es la mejor desde el punto de vista tecnológico. Esa ventaja selectiva inicial permite el desarrollo de una red de partidarios y de dependientes que refuerzan positivamente el posicionamiento de liderazgo, del que el ejemplo más fuerte es la red liderada por Microsoft e Intel".
Sucedió lo mismo con el nacimiento de Silicon Valley, fruto de un acto casual, aparentemente insignificante, de un rector de ingeniería, visionario, que en los años 30 resolvió prestar de su bolsillo un poco más de 500 dólares a dos alumnos que terminaron creando HP en un garage.
Más recientemente lo imprevisto golpeó en 1993 la puerta de dos jóvenes de Illinois que obstinadamente querían hacer una interface amigable para la World Wide Web, en contra de la propia opinión del creador de la Web. Fue así que Marc Andreessen y Eric Bina crearon el primer 'browser', y no les pasaba por la cabeza provocar un nuevo furor económico.
"Hay aquí un paralelismo con la moderna teoría física de no linealidad. Pequeños cambios, en los que no reparamos a primera vista, pero que suceden en momentos críticos, generan nuevas situaciones inesperadas", prosigue Brian Arthur, que busca después en el filósofo Jacques Monod la imagen de un encuentro feliz entre el azar y lo necesario.
Lo que resulta de esto es que hoy conviven dos realidades económicas distintas. A veces, incluso dentro de la misma empresa, que tiene actividades operando en la vieja economía y otras en la nueva.
"
Para mi, esta dualidad no es ningún monstruo de siete cabezas. La realidad
está llena de ejemplos de eso", subraya nuestro interlocutor. Y prosigue: "A
grosso modo, podemos decir que la ley de los rendimientos decrecientes vive en
la parte tradicional de nuestra economía, y que la ley de los rendimientos
crecientes es típica de las áreas basadas en el conocimiento. La
economía de nuestros días se bifurcó en dos mundos interconectados son
dos mundos con lógicas económicas diferentes».
Donde nos deja un consejo: no mezcle ajos con ojos. Son dos economías diferentes en el estilo, en el comportamiento, en la cultura. Exigen técnicas de gestión diferentes, estrategia y códigos de reglamentación distintos. Es un error insistir en que, lo que funciona en una, funcionará en la otra", concluye W. Brian Arthur para convencernos de que, en este caso, no hay otra solución que la bigamia.
Para no perdérselo
la Home-page de W. Brian Arthur alojada en Santa Fe Institute, en http://www.santafe.edu/arthur/
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