Diario de Viaje: Sevilla

Hace exactamente 10 años emprendí un viaje muy importante para mí: El Viaje a Europa. Estaba cargado de muchos significados en ese entonces. Tenía 27 años y la gran decisión que enfrenté fue que renuncié a mi trabajo para llevar a cabo esta aventura los siguientes 2 meses y medio. No fue fácil encarar semejante desafío: el tironeo entre las responsabilidades y el deber, y por otro lado la posibilidad de concretar mi gran sueño.

Hoy 10 años después mantengo la fuerte convicción de que fue una de las decisiones más acertadas de mi vida. Igualmente mucho tiempo no había pasado hasta darme cuenta que era lo correcto: apenas puse un pie en el aeropuerto Barajas así lo supe inmediatamente.

Y el viaje empezó, y el recorrido por Madrid siguió, y 5 días después del arribo emprendí el primer viaje por tierra española rumbo a Andalucía para recorrer la “Santísima Trinidad” o “el gran clásico”: Sevilla, Granada y Córdoba.

Hoy vuelvo a releer mi diario de viaje, un cuaderno escolar que escribí día a día con todo lo que ví, recorrí y sentí. Y de hecho, es el que me ayuda a recordar qué ví en ese entonces para transmitir en esta crónica algo que tiene 10 años de antigüedad pero a la vez la vigencia de siempre…

Y empecé en Sevilla, la antigua Hispalis, después de una larga noche de viaje en tren en una cabina sentada a 90 grados junto a otros 4 compañeros de viaje. Al llegar fui sorprendida por lo inmensa de la estación de tren y lo súper moderna que era. Sepan comprender que era la primera estación terminal de tren que me recibía … después de las de Buenos Aires.

Catedral de Sevilla
Catedral de Sevilla

El primer recorrido por la ciudad nos llevó a la Catedral y al Archivo General de las Indias. Estos dos lugares supieron conectarme con lo que alguna vez, y para ser más precisa 12 años antes, supe aprender en el colegio secundario cuando estudiaba sobre la conquista española de América: estaba justo allí, donde parte de la historia había pasado alguna vez y había quedado registrada en la inmensa cantidad de legajos que posee.

Luego siguió lo que creo fue algo que impresionó fuertemente en mí hasta hoy en día. En ese entonces no fui muy consciente, pero hoy puedo decir que ahí empezó todo: la Casa de Pilatos. Es una casa inspirada en un palacio de Jerusalén y resulta ser una mezcla de estilo mudéjar, gótico y renacentista, y esa parte mora de su arquitectura es la que más me impresionó cuando recorría el patio con la fuente en el medio y los azulejos y la yesería llenándolo todo con sus infinitas líneas.

Ahí, en ese lugar había algo que se veía muy diferente para mí, me estaba encontrando con algo nuevo.

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La Catedral gótica es la de mayor planta de Europa, con su patio de los Naranjos, el retablo de la Capilla Mayor y varios cuadros de Murillo. Junto a la Catedral se alza la Giralda, un campanario renacentista de 1568 que fue construido sobre el alminar musulmán de 1198.

balcones-sevillasevilla-balcones2sevilla-patioQuise ir al Alcázar, pero estaba cerrado, y si mal no recuerdo estaba cerrado porque el príncinpe Carlos de Inglaterra y su esposa Diana estaban hospedándose ahí en ese entonces. Por lo que leí en ese entonces, tiene unos espléndidos salones mudéjares que fueron construidos como residencia real en 1364, y que luego los reyes católicos añadieron estancias y edificios. Destacan la Puerta del León que da acceso a la residencia, la fachada del palacio de Pedro I, la cúpula del salón de los Embajadores, el patio de las Doncellas y sus jardines.

Saliendo del Alcázar se encuentra el Barrio de Santa Cruz, donde se encontraba la antigua judería. Tiene calles muy estrechas y con casas bajas, y en esa primavera parecía que las macetas que adornan las calles rebalsaban de flores más que nunca. Y para terminar el día, una caminata por el parque de María Luisa y la Plaza de España.

Recuerdo haber visto algunas mujeres vestidas con esos trajes largos y con volados desde la rodilla hacia los pies: eran los típicos vestidos de disfraz cuando una decía que se había disfrazado de “española” y recogía su pelo con un peinetón. Bueno, tuve que sacarme de la cabeza que eso era un disfraz y que eso es Sevilla y sus mujeres se visten así porque así han de vestirse allí…. ¡y olé!

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En ese entonces en Sevilla estaba la Expo 92. Allí fui dos noches seguidas, porque le entrada salía más barata en la noche, con la desventaja de que quedaban sólo un par de horas para recorrerla cada vez antes de que sus pabellones cerraran. Las dos noches no fueron suficientes para recorrerla completa: era inmensa.

Hoy leo que en ese entonces “el gobierno de Felipe González con el real acuerdo y la complicidad de arquitectos de vanguardia dieron un golpe de estado urbanístico: la Exposición Universal de 1992 supuso una renovación urbana y obligó a la ciudad a ponerse en hora con el siglo”. El puente del Alamillo proyectado por el arquitecto Santiago Calatrava (ver el Puente de la Mujer, la única obra de Calatrava en América) simboliza esta renovación, que une la ciudad con le Exposición Universal de 1992.

Mi estancia en Sevilla se compone de estos recorridos, según cuenta mi diario. Lo último en la ciudad fue tomar un tren a las 8:10 de la mañana en la estación Santa Justa con rumbo a Granada.
Allí estaremos pronto, entonces.

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VíaViviana Rojas Gomez
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Viviana Rojas Gomez es Analista de Sistemas y gran amiga de Mujeres de Empresa, siempre que puede comparte los relatos de sus travesías por el mundo.