Descenso Por El Río Yangtsé

A mediados de septiembre de 2003, mientras cubría una nota sobre la Represa de las Tres Gargantas - la mayor hidroeléctrica del mundo - resolví descender por el río Yangtsé en un típico barco de cruceros fluviales chino. De éste viaje de tres días, más de 600 Km. río abajo, entre las ciudades de Chongqing y Yichang, quedó este diario personal que ahora comparto con las lectoras y lectores de Viajeras.

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Esta es la historia de un crucero por el río Yangtsé. Con seis millones de habitantes, Chongqing (se pronuncia Chong Xin) es la mayor ciudad del Sudeste chino y una de las principales puertas de entrada a Burna y al Tibet.

Es una ciudad en crecimiento acelerado donde es bien visible la enorme variedad de construcción que araña los cielos para alojar oficinas y departamentos. El resultado de éste urbanismo desenfrenado es una anacrónica superposición de generaciones de edificios.

Este año (el autor se refiere al 2003) deberá quedar listo el nuevo aeropuerto, esencial para dar respuesta al desarrollo de la región, que hoy tiene 30 millones de habitantes.

Enclavada en la confluencia de dos ríos (Yangtsé y Jialin), sus colinas no posibilitan el uso de bicicletas, como es común en la mayoría de las ciudades chinas. Todavía es posibles ver a muchos campesinos con sus yugos, cargados de productos agrícolas para vender fruta en el centro de la ciudad. También hay changarines que se pueden contratar “a destajo”, en contraste con los más de 10 mil taxis amarillos que circulan por las calles. La mayoría son Suzuki Swift, fruto de un “joint-venture” de los años 90 que trajo la radicación de la fábrica japonesa.

Es uno de los centros industriales que más tiene para ganar con el cierre de las compuertas en la Represa de las Tres Gargantas (situada 660 kilómetros a río abajo) y la consecuente elevación de la cota de las aguas del río Yangtsé. El puerto de Chongqing pasó a recibir navíos de hasta 10 mil toneladas. El río Yangtsé (Jing Jiang o “Largo Río”, para los chinos, también a veces erróneamente conocido como “Río Amarillo”), es el tercer mayor río del mundo, precedido por el Amazonas y el Nilo, con un total de 6400 kilómetros desde su nacimiento en las cumbres heladas de las montañas Tanggulashan, rasgando su lecho a través del Tibet y de diversas provincias chinas, antes de desaguar en el Mar de la China, 25 kilómetros al Norte de Shangai.

embarque_chongqingEl embarque en Chongqing se realiza mediante un “cable-carril” o teleférico que desciende hasta la plataforma de los “ferry boats” en las márgenes del Yangtsé. El desnivel de las aguas revela que la influencia de la represa todavía no se hace sentir en Chongqing y, por lo tanto, hay mucho margen de maniobra para acomodar el aumento del nivel de las aguas. Más tarde, en un gráfico expuesto en el Centro de Visitantes de la Represa de las Tres Gargantas, en Sandouping, pude verificar que la suba de las aguas (actualmente, en la cota de 135 metros) no se procesa por igual en la montante de la represa, variando con el declive y la orografía submarina del propio lecho.

Un portugués entre 300 chinos

Hoy, 18 de Septiembre, parten cinco grandes barcos de pasajeros río abajo. Varias empresas explotan los cruceros turísticos fluviales, con precios que dependen de la extensión del viaje (Yichang, Wuhan o Shangai) y del tipo de cabina (1ª clase, con dos camas; 2ª clase con cuatro literas; y la 3ª clase con seis literas). El costo del descenso de tres días en primera clase, durante la época alta que coincide con los principales feriados chinos (abril-mayo y septiembre-octubre), entre Chongqing y Yichang, puede variar entre los 200 y los 500 euros, dependiendo del tipo de embarcación.

A la entrada de Long Xiang, como en un crucero de lujo, dos azafatas reciben a los pasajeros que suben por una pequeña rampa, avisándoles que tengan cuidado con la cabeza. Nadie carga maletas ni mochilas. Reparo que los mas precavidos llevan pequeñas valijas como equipaje, algunas bolsas de plástico y cajas de cartón con provisiones para el viaje, generalmente botellas de agua – a pesar de existir un bar y un restaurante a bordo, naturalmente, con bebidas y platos mas caros. El barco sigue llenándose y tengo la impresión de ser el único occidental a bordo de un navío con más de 300 chinos. Casi como don Fernão Mendes Pinto cuando navego los mares de la China, en el siglo XVI.

Mi cabina de 1ª clase es la 4001 y queda en la cuarta cubierta. Es lo esperado, pero sin lujos: Dos camas, baño privado con ducha; ropero; dos sillas; televisión, teléfono y una mesita de luz que esconde el aire acondicionado, un bien precioso e indispensable con el calor húmedo que se hace sentir. Dos cepillos de dientes y pasta dentífrica, la indispensable jarra para el té (hay distribuidores de agua caliente en cada cubierta, como en los trenes); y ¡hasta chinelas para el cuarto! Los chalecos salvavidas están en un pequeño armario que sostiene la TV y que yo había creído que era una providencial heladerita. Me resta poner la barra de chocolate sobre el aire acondicionado, junto a la botella de agua para estar siempre frescas.

Comparto la cabina con un compañero de viaje chino del cual no conseguí recordar el nombre. Simpático, de estatura baja y con una edad difícil de definir, rondando los 60 años, mas con unas características que harían de el un buen personaje de dibujos animados. ¡Ah! ¡Si supiera dibujar! Hay pequeñas cosa que definen el carácter de una persona. Aún antes de conocerme y de preguntarme si era fumador tomó la iniciativa de fumar en el corredor, una prueba de civismo rara encontrar en mi país.

El barco partió puntualmente a las 20hs. En la terraza de la cubierta superior, los pasajeros festejaban la partida con múltiples fotos de parientes y amigos. Benditos celulares. Los chinos hablan hasta por los codos y están prestos a contar las “últimas” noticias a las familias que quedaron en casa. No parece, pero esto es un barco de turistas chinos. El Long Xiang se despide rápidamente de Chongqing, dejando atrás una maraña de feos rascacielos, escasamente iluminados, algunos neones publicitarios y un faro rotativo en la cima de una torre perdida en la oscuridad. Podría hacernos recordar a Blade Runner, de Ridley Scott, pero se parece más a la cena nocturna en medio del río de Apocalipse Now, de Coppola. Definitivamente Chongqing no es Shanghai.

El despertar de los sentidos

Descendí al restaurante situado en la segunda cubierta y, finalmente, me di cuenta de por qué había tan pocas mesas para tanta gente a bordo: Las comidas no están incluídas en los pasajes y deben ser caras para los chinos- 10 yuan (cerca de un euro), por un plato de carne cocida deshilachada (tipo “fajitas”), con cebollas y papas cocidas y con el infaltable arroz blanco. Mas una cerveza “Shancheng” de 62,5 cl producida en Chongqing y vendida aparte en el bar por 5 yuan. Pocas mesas están ocupadas. En el mostrador, la empleada me muestra el menú. Para mi, es todo chino. Felizmente los platos están a la vista y puedo apuntar con el dedo. No es malo, pero deja que desear. La verdad es que, por este precio, no se podía pedir mucho.