Cómo Construir Nuestra Imagen

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En esencia, el marketing personal es saber venderse, y para lograr este objetivo se utilizan las mismas técnicas que se emplean para promocionar empresas y productos.

Un profesional debe saber venderse desde el momento que conoce al cliente, porque de la impresión que se lleve el cliente puede marcar la diferencia entre conseguir un contrato o no.

Hay que sintonizar los deseos y necesidades del cliente, seguir al pie de la letra el viejo dicho “El cliente tiene siempre la razón” y saber en todo momento qué es lo que el cliente quiere oír.

Para llegar a desarrollar un plan de marketing, es necesario analizar estos hechos. Es muy común escuchar a un profesional diciendo frases como “lo que yo necesito es publicidad”, pero ello no siempre es conveniente, e inclusive puede llegar a ser contraproducente dependiendo de la especialidad de la que se trate.

Por ejemplo, un psicoanalista raramente sacará provecho de la promoción tradicional, ya que nadie elige un médico o arquitecto sólo por un aviso en el diario, y en casos como éstos tienen un peso mayor la imagen y el prestigio.

Para lograr nuestros objetivos, siempre tenemos que tener en claro, reflexionar y continuamente identificar:

  • Nuestras fortalezas y debilidades para desempeñarnos en nuestras áreas actuales y futuras.
  • Las oportunidades y amenazas, inherentes o vinculadas, directa o indirectamente, a esos desempeños, provenientes de los distintos contextos internos y externos en los que nuestras profesiones, oficios o actividades, naturalmente se desenvuelven ahora, y en los que quizás se desenvolverán en el futuro.
  • La forma de relacionar cada vez más, a un nivel consciente y creciente, los anteriores elementos y, sobre esa base, las distintas oportunidades viables a nuestro alcance, individualmente y como equipos interdisciplinarios o como Colegios Profesionales, para proclamar nuestras respectivas ventajas comparativas entre quienes las necesitan o las necesitarán y que, al mismo tiempo, pueden o podrán adquirirlas o contratarlas.
  • Los medios actual y potencialmente a nuestro alcance, individual y colectivamente, para involucrarnos, dentro de nuestras respectivas actividades y en los equipos interdisciplinarios con los que realizan actividades afines, en una verdadera y permanente comunidad de enseñanza-aprendizaje que nos permita y asegure un mejoramiento continuo, sostenible y sustentable de nuestras competencias y de la efectividad y eficiencia para proclamarlas entre quienes las necesitan y pueden pagarlas.
  • La cultura de trabajo y de vida necesaria, a escala individual (valores) y colectiva (cultura propiamente dicha) para conciliar todo lo anterior con la ética y competitividad globalizada y creciente de la sociedad actual.
  • La importancia de los procesos de calidad total a nivel de procesos y no solamente al nivel de productos o servicios finales, como fundamento mismo del crecimiento individual y colectivo, y de la permanencia y desarrollo competitivo creciente al nivel de cada uno de nosotros.
  • El apasionamiento, entrega y compromiso total que todo lo anterior exige de todos y cada uno de nosotros en los ámbitos profesional, personal y familiar, para en efecto ser exitosos vivencial e integralmente en nuestras profesiones, familias e individualidades.
FuenteCompetir
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La Arquitecta Silvia Chauvin es editora de Mujeres de Empresa, escribe sobre temas de tecnología y redes sociales.