Eladia Blazquez: Honrar la vida

| 1.Septiembre.05 |

Agosto se llevó a una de las grandes poetas del tango. A los 74 años, Eladia Blazquez fue una de las protagonistas del recambio tanguero.

Leemos en Clarin: "A nivel de la creación, el tango era muy machista. Pero me aceptaron. Terminaron bancándome como se acepta una gripe. Nunca sufrí discriminación, porque no me enganché. El tanguero tradicional, y al decir esto me refiero a los quedados, a los que veían un renovador y levantaban la guardia, a las que siguieron discutiendo con Piazzolla hasta el mismo día de su muerte, nunca me importó. Yo hacía lo mío para otra gente. Y la verdad es que finalmente los grandes del tango me trataron de lo mejor. Pero jamás fui un boom: me fui proyectando lentamente, con mucho sacrificio. Eso es lo lindo del camino que elegí".

Amaba tocar el piano en su casa de Recoleta, tomar mate, cuidar a sus plantas, ir al teatro y reunirse con amigos. Detestaba el vértigo: los aviones, los ascensores y las multitudes, que le provocaban cierto pánico. Odiaba, también, comprarse ropa: andaba casi siempre en zapatillas. En los buenos y malos momentos, pensaba en grandes mujeres de la historia argentina. "Cuando me siento abatida me gusta recordar a Alicia Moreau de Justo, mi modelo de mujer en la adolescencia, que supo cuidar la imagen mientras luchaba por cambiar el mundo. En aquella época la gran idolatrada era Eva Perón, pero yo no lograba ver en ella el ángel que todos veían".

Algunos de sus temas clásicos son: Si yo pudiera, Prohibido prohibir, Milonga de mi ciudad, Sueño de barrilete, Con las alas del alma y sus favoritas: El corazón al sur y Honrar la vida. Este último tema, según Mariano del Mazo, es una especie de himno que en Argentina se suele utilizar en situaciones límites, como si fuera una canción curativa.

No hay mejor homenaje para una artista que recordar su obra, por eso publicamos la letra completa de Honrar la vida, letra y música de Eladia Blazquez.

Honrar la vida

¡No! ¡Permanecer y
transcurrir
no es perdurar, no es existir,
ni honrar la vida!

Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber,
adormecida...

Merecer la vida no es callar
y consentir,
tantas injusticias repetidas...

Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad
más definida.

Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que
vivir...
Honrar la vida.

¡No! ¡Permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad
enceguecida.

Merecer la vida es erguirse
vertical,
más allá del mal, de las caídas...

Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad
la bienvenida...

Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que
vivir...
Honrar la vida.

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