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Alejandra Pizarnik: un canto abierto a la delicada urgencia del rocío

| Liliana Daunes | 20.Ene.03 |

"Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo"

Así escribió Alejandra Pizarnik su palabra. A la intemperie. En el límite mismo de la vida.

En el tejado de la casa del lenguaje, en el borde de la poesía, comienza otra posibilidad para la escritura. Un mundo femenino irrumpe en la poesía renombrando a la vida, al amor, al dolor, a la ausencia, a la muerte....

Ella se presenta con su solo nombre

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alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra

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he dado el salto de mí al alba
he dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace

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(canta: Eugenia León)

Alejandra se mira en el espejo y se encuentra adolescente. Utiliza su rostro de niña como máscara para defenderse del mundo... Su poesía anuncia insistentemente su final, lo embellece, lo describe, lo multiplica, lo oscurece, lo concreta. La vida puede nacer de las palabras que nombran a la muerte. Creación y muerte. Posibilidad de dar y de quitar. Palabras que se vuelven hechos. Misterios que envuelven nuestra existencia. Alejandra crea con su poema sentidos y desentierra el sin sentido de la inexistencia...

Escribe la poeta y ensayista Alicia Genovese, - en polémica con las interpretaciones lineales de la poesía de la Pizarnik -, las que la congelan solo en el suicidio, solo en la niñez, solo en la ausencia: "Dos niñas transitan la obra de Alejandra PizarniK, la niña del espacio perdido e inocente de la infancia: "mi infancia y su perfume a pájaro acariciado", y la niña cruel: "una niña que durmiendo asfixia a su paloma preferida".

Las dos niñas constituyen un mismo elemento ambiguo y complejizador en su poesía. El personaje social aniñado, la nena surrealista que dibuja a la manera de Paul Klee o de Joan Miró, la poeta confundida con las niñas de sus poemas, forman parte del estereotipo de Alejandra Pizarnik, y ser niña es también una autoconstrucción, una máscara que ella misma usaba, deliberada o dolorosamente"

Asesinatos y suicidios pueblan las fantasías de la mujer que sufre. De la niña que sufre. Sin embargo, el suicidio de la poeta no asesina a la poesía. Ella trata de extraer de sí misma la piedra de la locura. Busca cura en las palabras. Las palabras le devuelven su rostro desconocido en el espejo....

Dice la Pizarnik: "Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más, he imploró llamas y ardimos. La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aún si el poema, -aquí y ahora- no tiene sentido, no tiene destino"

"Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

"No las palabras no hacen el amor
hacen la ausencia.
Si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?

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El poema que no digo,
el que no merezco,
Miedo de ser dos
camino del espejo:
Alguien en mí dormido
me come y me bebe "

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(canta: Mariana Montalvo)

La voz que repite ausencias, que teme amores, que duele olvidos, que habla silencios, que se pulveriza los ojos para ser rosa nació en Buenos Aires en 1936, estudió filosofía y letras en la universidad de Buenos Aires y también pintura. Entre 1960 y 1964, Alejandra Pizarnik vivió en Paris, donde trabajó para la publicación Cuadernos y para algunas revistas francesas. Tradujo a Antonin Artaud y Henri Michaux entre otros. Admiró a los surrealistas. Estudió historia de las religiones y literatura francesa en la Sorbona. Fue amiga de Julio Cortázar, de Olga Orozco...

A su regreso a Buenos Aires publicó tres de sus volúmenes más importantes: Los trabajos y las noches, Extracción de la piedra de la locura y El infierno musical, así como la obra en prosa La condesa sangrienta. El 25 de Setiembre de 1972, Alejandra terminó su vida, a la misma hora que la muerte renacía en su breve poesía.

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para reconocer en la sed mi emblema
para significar el único sueño
para no sustentarme nunca de nuevo en el amor

he sido toda ofrenda
un puro errar
de loba en el bosque
en la noche de los cuerpos
para decir la palabra inocente

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(Canta: Betsy Pecannins)

Una flor
No lejos de la noche
Mi cuerpo mudo
Se abre a la delicada urgencia del rocío

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ella se desnuda en el paraíso de su memoria
ella desconoce el feroz destino de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe

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"No puedo hablar con mi voz sino con mis voces", escribió Alejandra. Sus voces son las voces de la multiplicación de la mujeres y las niñas que la habitan. Niñez y muerte juegan el juego de seducciones en su poesía... Alejandra pintaba sus poemas. Los dibujaba de palabras. Intentando explicar esa manera suya libre de escribir dijo alguna vez "Lo hago de una manera que recuerda, tal vez, el gesto de los artistas plásticos: adhiero una hoja de papel a un muro y la contemplo, cambio palabras, suprimo versos. A veces, al suprimir una palabra imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces, a la espera de la deseada, hago en su vacío un dibujo que la alude. Y este dibujo es como una llamada ritual. Agrego que mi afición al silencio me lleva a unir en espíritu la poesía con la pintura, de allí que donde otros dirían instante privilegiado, yo hable de espacio privilegiado"

Criatura fascinada y fascinante, al decir de Enrique Molina, víctima y maga, ardía en la hoguera y, al mismo tiempo, con esa maldad de la poesía prendía fuego al mundo circundante, lo hacía arder con una fosforescencia tierna y sombría, que iluminaba su rostro de niña con una sonrisa de fantasma.

Pocos seres tan plenos de fatalidad poética como Alejandra Pizarnik.

yo no se de pájaros
no conozco la historia del fuego
pero creo que mi soledad debería tener alas

(canta: La Serena)

firma Alejandra Pizarnik

 

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Fuente: esta nota pertenece a la columna radial de Liliana Daunes y ha sido facilitada gracias a la generosa colaboración de RIMAweb

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