Arte y Postfeminismo: diálogo entre mujeres

| Gay Lynn Crossley & Elisabeth Joyce | 20.Mayo.02 |
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Varias mujeres, representantes del mundo de las artes escénicas, de las artes plásticas y de la literatura, reflexionan aquí sobre lo que significa el postfeminismo en su vida profesional y personal.
Crossley y Joyce entrevistaron a las artistas participantes y combinaron sus comentarios para dar forma a un debate simulado sobre postfeminismo. Este foro pone de manifiesto la polaridad esencial del debate: por una parte, el desencanto con el idealismo y la efectividad que proclama el feminismo y, por otra, la reticencia a definir el feminismo como un movimiento en fase 'post'.

Participantes

Kiki Smit: escultora/artista de instalaciones
Tribe 8: grupo de música rock y punk de San Francisco integrado por lesbianas
Deb Margolin: artista de 'performance'
Maria Damon: crítica literaria
Ann Hamilton: artista de instalaciones
CAE: colectivo vanguardista de escritura y 'performance'
Eurudice: escritora, ganadora de la edición 1990 del premio FC2 por la obra F/32
Guerrilla Girls: grupo feminista activista de artes plásticas

Creación

Kiki Smith: En vez de tener un objetivo cuando empiezo una obra, prefiero esperar hasta ver cómo se manifiesta ella, de tal modo que entonces no resulta un ejercicio de propaganda. Soy una persona con todo tipo de intrincadas complicaciones, que establece vínculos con diferentes cosas y aguarda a ver lo que pasa en su trabajo, a ver cómo se desarrolla él mismo, a ver lo que ocurre.

Ann Hamilton: Sé que mi trabajo se realiza a través de mi experiencia, que surge y se orienta desde la experiencia de mi cuerpo. Tampoco quiero sonar a esencialista y definirme en esos términos, pero, al trabajar sobre la relación entre lo interior y lo exterior, ciertamente estos temas adquieren relevancia dentro de la intersección entre el material y el lenguaje. Esta experiencia está relacionada con la naturaleza de las formas primarias. Realmente pienso que el conocimiento de mi cuerpo que adquirí durante mi embarazo me afectó en ese sentido, creo que durante ese período no era yo misma.

Material

Ann Hamilton: En una de mis obras (Malediction) estaba sentada a la mesa y tenía delante de mí unos libros preparados, y la mesa y las sillas estaban balanceándose con movimientos algo licuosos. Estando yo allí sentada habían recortado los textos de los libros en tiras, con cortes entre cada línea impresa, de tal modo que podías empezar a leer desde la esquina superior izquierda de la página, tal como harías normalmente. Si levantabas esa esquina de la hoja, el resto del libro la seguía, deshaciéndose como un continuo. Lo que hice fue sentarme durante horas deshaciendo estos libros, transformándolos de superficies planas en esféricas, y era casi como crear un cuerpo de texto y recorrer el lenguaje con los dedos, volviendo convertir de algún modo la palabra en tacto. Delante de donde estaba sentada había una especie de pantalla más o menos transparente con un agujero, como la abertura de una cortina, en el centro, de tal modo que, cuando acabé de formar la bola, y era del tamaño de un pomelo grande, la empujé por el agujero para que aterrizase sobre la mesa.

Euridice: Personalmente, mi proyecto (literario básico) ha sido reclamar y liberar el cuerpo (femenino básico), desnudarlo de las metáforas estereotípicas con las que las distintas narrativas lo han cubierto y también de la vergüenza que Occidente ha ido apilando sobre él durante dos milenios. El cuerpo se encuentra habitualmente fuera del ámbito del lenguaje y ha constituido tradicionalmente el mundo de las mujeres. Es un buen canal para que las mujeres hagan suyo el lenguaje, en este sentido veo el lenguaje como poder. No temo que me condenen a la hoguera por utilizar palabras tabú, aunque puede que suceda. No me siento rebelde, sino más bien normal, creo que de eso se trata el postfeminismo. (Las viejas divinidades, los dioses del deseo carnal y del silencio místico están regresando, pero la Inquisición tardó siglos en anestesiar a Occidente y también nos está llevando mucho tiempo volver a despertar).

Influencias

Kiki Smith: Creo que mi trabajo es una expresión de mí misma. Tiene varias facetas, ya que mi vida es muy compleja. Creo que personalizo esa vida que, sin embargo, también está formada por un componente físico, y que mi trabajo va a estar influido por el hecho de ser mujer. Creo que uso materiales muy distintos: papel, telas, textiles, y que eso constituye una forma muy artesana de pensar.

Ann Hamilton: En otra obra tenía un ataúd de cestería ruso a mi lado. Enrollaba pedazos de algodón y me los metía en la boca hasta llenar toda la cavidad bucal, luego me los sacaba y los echaba en la cesta. Era como intentar llenar el vacío de mi interior y hacerlo conectando el lenguaje con mi cuerpo y reconstituyendo éste.

Kiki Smith: Mi principal objetivo como artista es el desarrollo de mi vida espiritual que se manifiesta físicamente en el mundo en mi interacción física con otras personas.

Desencanto

Guerrilla Girls: Las madres de las jóvenes de veintitantos años son mujeres de 40 o 50 que pueden haber participado intensamente en el movimiento feminista o, por el contrario, no haber tomado parte en absoluto. De esto puede depender en gran medida la idea que las jóvenes tienen del feminismo.

Lynn Flipper: Durante el movimiento feminista de los años 70 yo era muy, muy joven, o sea, que la idea que tengo de ello es de lo más conocido a nivel popular --Gloria Stienam--que, claro, no formó parte de mi entorno o de mi cultura, ya me entiendes. Más que experimentarlo, supe que existía. Creo que para las lesbianas y la cultura lésbica se impuso una forma de vida andrógina, con relaciones equilibradas, en las que los miembros no podían desempeñar papeles distintos y no se podía tontear con nada heterosexual. En cierto modo en esa clase de comunidad no hay sitio para las lesbianas tipo marimacho, y durante esa época esa opción estuvo relegada. Aunque ya existía en tiempos anteriores, se desterró y relegó al ámbito 'underground'. Creo que se rechazó porque el ideal era la igualdad, que es muy bonito, pero es que hay otros tipos de relaciones de igualdad en las que no es necesario eso de 'tener el mismo aspecto y actuar igual'. Es eso lo que ridiculizaba Tribe 8, era algo así como señalar con el dedo y decir 'pues esos de allí piensan así'.

María Damon: Gran parte del revuelo alrededor del postfeminismo, aparte del causado por el 'Feminismo Republicano', que es algo retorcido y que muchas habéis puesto a caldo aquí, es, creo yo, un conflicto generacional. El 'feminismo' como imperativo ideológico puede ser tan intimidante, excluyente y tiránico, tan maternalista y matriarcal como cualquier tipo de paternalismo o patriarcado, e igualmente cruel, peligroso y cegador. En 1988 acuñé una palabra para definir esta lealtad generacional que se esperaba de mí, algo de lo cual me resentí. (De momento la palabra sólo la han adoptado un par de colegas de mi departamento, ¡así que es una primicia!). Las críticas surgidas del feminismo de 'segunda ola' pueden ser tan sofisticadas y agudas como las que hicieron Bell Hooks, Ruth Frankenberg o Judith Butler o tan superficiales, autocomplacientes y mezquinas como las de Camille Paglia o Katy Roiphe.

CAE: Hay gente en todo el espectro político (desde la extrema derecha a la izquierda más radical) que está cansada del feminismo.

Escepticismo

Lynn Breedlove: Mucha gente tiende a no querer usar la palabra 'feminismo' porque les suena a un movimiento de liberación que se dedica a quemar sujetadores.

Deb Margolin: Recientemente estuve en el campus de una universidad y una joven me dijo: 'No soy feminista'. Las jóvenes lo han convertido en una palabrota. Yo le respondí: ' ¿ Tú te respetas?' 'Sí.' 'Entonces', le dije, 'eres feminista'. Así de sencillo. Cuando eres miembro de un grupo marginado siempre se inventan un nombre para tu lucha. Si eres un hombre blanco que se respeta a sí mismo, sencillamente eres un tipo duro que no deja que le mangoneen. Cuando no se espera que tengas autoestima es cuando se crean palabras para definirla.

CAE: Da la impresión de que vamos encaminados hacia una mentalidad cada vez más liberada, cuando en realidad a medida que pasa el tiempo todo, incluido el feminismo, se va volviendo más restringido.

Cambios en el poder

Lynn Breedlove: Decir que el feminismo se ha acabado y que la llegada del postfeminismo significa que no hace falta luchar más por nuestros derechos porque ya todo está bien y ya somos todos iguales, es un error, porque no lo somos. El feminismo no se ha acabado y no podemos renunciar a él. Por supuesto que no se ha acabado. No hay nada que lo indique. La realidad es que no se considera a las mujeres tan importantes como a los hombres, en absoluto. Lo que digo no es nada revolucionario, pero puede considerarse una llamada a despertar. A nadie le importa un comino. Nadie sabe ni que existimos.

CAE: Es una forma de vida.

María Damon: Yo desde luego no creo que la necesidad de un feminismo a nivel básico del tipo 'por Dios, tenemos que ayudarnos a nosotras mismas' haya quedado obsoleta. Las continuas manifestaciones de desigualdad en el trabajo, la desigualdad económica a todos los niveles - entre los pobres del mundo, entre los sin hogar que viven en albergues en los EE.UU. sigue habiendo una cantidad desproporcionada de niños y mujeres- hacen esta necesidad patente. Aunque 'la mujer' ha logrado avances en algunas áreas de expresión artística y ha conseguido logros profesionales, es importante tener en cuenta la advertencia de Walter Benjamin de que dar a las 'masas' la oportunidad de expresarse sin otorgarles la igualdad económica y social correspondiente es una característica del fascismo. Esto se puede ver actualmente en los EE.UU., donde la fascinación cultural por la 'diversidad', que se manifiesta en las instituciones de orientación humanística y en el mundo de la moda, contrasta radicalmente con las medidas, cada vez más duras, que paralelamente se están tomando en el gobierno y en el mundo de los negocios con respecto a los llamados 'desposeídos', que suelen ser las mismas personas que esas instituciones humanísticas defienden a nivel de representación.

Por ello, en la medida en que 'feminista' es un término que describe la defensa de los marginados, la lucha 'feminista' no está ni mucho menos anticuada. Sin embargo, se debe acabar con el mito de la 'feminista', en la medida en que esta palabra refleja la lucha en un núcleo exclusivo de marginación. Para empezar, no existe una 'mujer' genérica (algunos dirían incluso que no existe la categoría de 'mujer', punto), aunque todas las 'mujeres' sufren el sexismo en algún grado. Además, afirmar que las mujeres sufren socialmente COMO mujeres más intensamente que por otros denominadores que las califican como socialmente 'inferiores' o amenazadoras, o que la lealtad o identidad fundamental de una debe ser la de mujer solidaria con otras mujeres me parece una idea que revela una

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