- ¿Con qué instrumento?
- Me había llevado el saxo y estudié; pero más estudié alemán
que me resultó complicadísimo y después de un año
y medio regresé y me sentí... como cuando en la pileta te ponen
pesas para nadar y después te las sacan... aahhh, no podía creer
el esfuerzo que había hecho todo ese tiempo para poder entenderme con
la gente.
-¿Encontraste un ambiente más
distendido?
- Y sí; y también conseguí trabajo que era una de las cosas
que más me importaba porque vivía sola. Tuve un papel en la película
de Solanas -se refiere a Sur (1988), película del director argentino
Fernando "Pino" Solanas- y después en el programa de Badía -Badía & Compañía,
programa ómnibus de televisión de la misma época- de modo
que yo, que había venido como de vacaciones no volví más.
- ¿Y cómo surgió eso de hacer documentales
para el canal Films & Arts?
- Fue así: en el año 96 estaba tomando clases de bajo en el Sindicato
de Músicos y por otro lado estudiaba teatro, pero no tenía trabajo
y esa era una preocupación grande: conseguía cosas chicas que no
me alcanzaban para pagar alquiler, servicios y estudios. En una de esas hice
una cortina para un programa de televisión, para tener un poco de plata
y le gustó al gerente de programación de VCC. Y cuando me
contaron eso elaboré un proyecto pensando en lo que me gusta a mí,
que es toda la música; de modo que busqué hacer algo que no fuera
un músico tocando y nada más sino que hubiera investigación,
compromiso. La idea cayó muy bien y me financiaron el piloto que hice
entre junio y julio del '96: cinco notas de 10 minutos sobre La Chacarera, Duke
Ellington, El Laúd y La Guitarra Barroca y sobre las Voces Búlgaras,
con un coro de mujeres campesinas de ese país y algunas de origen turco,
que son famosas en todo el mundo, hasta ganaron un premio Grammy. Aquí por
supuesto nadie las fue a ver: había apenas 200 personas en el teatro Opera.
- ¿Con cuántas personas trabaja?
- Es muy difícil dar con las personas adecuadas: una vez me dieron una
productora que no sabía la diferencia entre acordeón y bandoneón.
Yo necesito una persona que sepa música, que me pueda reemplazar, que
pueda hacer una nota y que pueda editar por mí. Tampoco quiero terminar
trabajando para que otro aprenda. -Está medio sola, entonces...- Pero
re-sola (sic). Y más ahora. Lo que tuve fue un editor excelente para el
piloto y después tuve la suerte de seguir trabajando con él, porque
en general adjudican cada vez un editor distinto. Así, trabajando juntos
ganamos dos premios ATVC, que es el más importante para programas
de televisión por cable en Argentina.
- ¿Cuántos programas hizo?
- Arranqué con el programa al aire en diciembre del '96 hasta que se vendió VCC (Video
Cable Comunicación, señal de televisión por cable de Buenos
Aires, Argentina). El último programa salió en julio del '98. Hacía
un programa por semana, trabajaba muchísimo porque tenía que meterme
a fondo cada vez con dos temas bien distintos. Por ejemplo, la chacarera por
un lado y laúd y guitarra barroca por otro. Para la chacarera
conseguí imágenes de una fiesta que se hace todos los años
en La Telesita (provincia de Santiago del Estero, Argentina) -paisanos, campo,
instrumentos, bailes, un muñeco que se quema- y por otro lado imágenes
de pintura barroca, del Renacimiento, en apariencia era como si no tuviera nada
que ver una cosa con la otra, pero siempre subyacía un hilo conector.
- ¿Qué pasó cuando
se vendió VCC?
- La venta de VCC nos afectó mucho a todos: yo tenía un
contrato para producir y realizar el programa, con un sueldo, y la logística
me la aportaba el canal. De modo que "mudarme" a Films & Arts me afianzó en
la convicción de que es muy difícil hacer en este país un
programa bueno para cable: producción y marketing a la vez es imposible.
No se puede estar en la misa y en la procesión: hacer las copias en VHS,
ir a reuniones, hablar por teléfono. Yo no tengo presupuesto para montar
una productora.
- ¿Y cómo fue el arreglo con Films & Arts?
- Ellos simplemente te pagan la conversión a NTSC que hacen en Miami,
porque el programa se trasmite desde allá a toda Latinoamérica.
El canal es Bravo, está en Nueva York y la programación
se subtitula en castellano y se pasa a Latinoamérica desde Miami, adonde
yo tengo la obligación de remitir los materiales con tiempo para que ellos
hagan la conversión. Pero es matador trabajar así, contra reloj.
- ¿Eso significa que se está replanteando,
por lo menos, cuestiones operativas?
- Tengo que encontrar la forma de financiar los documentales y tener más
tiempo para producir y para editar. No quiero hacerlo más como un programa
semanal, porque es un documental... y cuando veo las cosas que se esponsorean
acá... me dan ganas de irme a otro país. Porque a mí me
dan siempre el argumento de que "es muy cultural, que interesan más las
cosas deportivas, o no se qué" (su modo de arrastrar las últimas
sílabas de las palabras les pone una carga de parodia irresistible). Se
pone seria y sigue: De modo que se me hace muy difícil conseguir auspiciantes;
además tener que reunir una serie de requisitos administrativos: presentar
facturas y ese tipo de cosas... después te pagan con muchísimo
retraso. Y si te pagan seis meses después tenés que estar financiando
de tu bolsillo.
-¿Y cómo sería una producción
ideal?
- En este caso se me complica porque los americanos no te permiten inserts: yo
no puedo agregar fragmentos de películas, por ejemplo; solamente puedo
usar imágenes de archivos fotográficos o de pinturas. Y a mí me
gustaría tener otra relación con el trabajo: horarios más
normales (a veces citan a dos personas de distintos programas al mismo horario
para editar y una se tiene que ir), con tiempo para pulir las cosas como a mí me
gusta, trabajando con gente capaz Y que alguien se haga cargo de las cuestiones
financieras y operativas básica.
La programación de julio se inició con Franz
Liszt ,
uno de los compositores más fascinantes de la historia de la música,
con la participación de los especialistas László Kurucz y Rafael
Ferreyra que señalan con acierto aspectos de la vida y obra del compositor
de modo que su imagen cobra relieve desde los negros y los sepias del documento.
Así el espectador se entera de que Liszt inaugura la idea de que al pianista
hay que verlo y las anécdotas dan cuenta de que «era un piropeador
consuetudinario', que «no pudo casarse con la mujer que amaba' y que «había
mujeres que juntaban las colillas de los cigarrillos que él fumaba en
sus conciertos para terminarlas después'. Y a modo de separadores de lujo,
intérpretes de distintos países ejecutaron su música: Shih
Fen Chen, «Estudio para piano Nro. 3; Angel Di Piero, «Rapsodia Húngara
nº 8»; Claudio Arrau, Prelude.Y mientras los datos de
color no distraen de valoraciones técnicas -llevó el juego de las
octavas al grado de máxima dificultad: dos dedos que tocan dos notas contiguas,
mostrados con acierto en primeros planos- una pregunta queda flotando:
- ¿Cómo tuvo tiempo ese hombre para escribir 765
obras?
- La UNESCO declaró a seis iglesias misionales patrimonio cultural de
la humanidad -aclaremos que esto no significa apoyo financiero de ningún
tipo- y a raiz de los hallazgos de material musical se hizo un festival en 1998
y fui, cuenta Molina. «Volví con treinta tapes que después
no edité porque mi regreso de Bolivia coincidió con el cierre de VCC,
agrega; pero ese rico material se constituyó en el nudo central de la
programación de Films & Arts durante junio del 2000.
En ese encuentro se interpretaron las partituras que se mantuvieron a través
de los siglos como forma de cultura viva de los indios chiquitanos que fueron
los habitantes de las misiones jesuíticas del oeste
boliviano. Los jesuitas estimularon el desarrollo en esas comunidades de
una aptitud musical que hoy despierta el interés de musicólogos
y antropólogos. Allí está el repertorio misional o catedralicio
más grande de Latinoamérica, pondera. También cuenta que
los indígenas conservaron durante siglos -los jesuitas fueron expulsados
en 1767- una importante iconografía religiosa y escrituras musicales:
Es común ver a un viejito tocando un instrumento, frente a un atril con
partituras y a un niño dando vuelta las páginas pentagramadas,
como si el hombre leyera la música.
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