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Ines Molina y los caminos de la música

| Ana Moya | 7.Noviembre.00 |
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- ¿Con qué instrumento?
- Me había llevado el saxo y estudié; pero más estudié alemán que me resultó complicadísimo y después de un año y medio regresé y me sentí... como cuando en la pileta te ponen pesas para nadar y después te las sacan... aahhh, no podía creer el esfuerzo que había hecho todo ese tiempo para poder entenderme con la gente.

-¿Encontraste un ambiente más distendido?
- Y sí; y también conseguí trabajo que era una de las cosas que más me importaba porque vivía sola. Tuve un papel en la película de Solanas -se refiere a Sur (1988), película del director argentino Fernando "Pino" Solanas- y después en el programa de Badía -Badía & Compañía, programa ómnibus de televisión de la misma época- de modo que yo, que había venido como de vacaciones no volví más.

- ¿Y cómo surgió eso de hacer documentales para el canal Films & Arts?
- Fue así: en el año 96 estaba tomando clases de bajo en el Sindicato de Músicos y por otro lado estudiaba teatro, pero no tenía trabajo y esa era una preocupación grande: conseguía cosas chicas que no me alcanzaban para pagar alquiler, servicios y estudios. En una de esas hice una cortina para un programa de televisión, para tener un poco de plata y le gustó al gerente de programación de VCC. Y cuando me contaron eso elaboré un proyecto pensando en lo que me gusta a mí, que es toda la música; de modo que busqué hacer algo que no fuera un músico tocando y nada más sino que hubiera investigación, compromiso. La idea cayó muy bien y me financiaron el piloto que hice entre junio y julio del '96: cinco notas de 10 minutos sobre La Chacarera, Duke Ellington, El Laúd y La Guitarra Barroca y sobre las Voces Búlgaras, con un coro de mujeres campesinas de ese país y algunas de origen turco, que son famosas en todo el mundo, hasta ganaron un premio Grammy. Aquí por supuesto nadie las fue a ver: había apenas 200 personas en el teatro Opera.

- ¿Con cuántas personas trabaja?

- Es muy difícil dar con las personas adecuadas: una vez me dieron una productora que no sabía la diferencia entre acordeón y bandoneón. Yo necesito una persona que sepa música, que me pueda reemplazar, que pueda hacer una nota y que pueda editar por mí. Tampoco quiero terminar trabajando para que otro aprenda. -Está medio sola, entonces...- Pero re-sola (sic). Y más ahora. Lo que tuve fue un editor excelente para el piloto y después tuve la suerte de seguir trabajando con él, porque en general adjudican cada vez un editor distinto. Así, trabajando juntos ganamos dos premios ATVC, que es el más importante para programas de televisión por cable en Argentina.

- ¿Cuántos programas hizo?

- Arranqué con el programa al aire en diciembre del '96 hasta que se vendió VCC (Video Cable Comunicación, señal de televisión por cable de Buenos Aires, Argentina). El último programa salió en julio del '98. Hacía un programa por semana, trabajaba muchísimo porque tenía que meterme a fondo cada vez con dos temas bien distintos. Por ejemplo, la chacarera por un lado y laúd y guitarra barroca por otro. Para la chacarera conseguí imágenes de una fiesta que se hace todos los años en La Telesita (provincia de Santiago del Estero, Argentina) -paisanos, campo, instrumentos, bailes, un muñeco que se quema- y por otro lado imágenes de pintura barroca, del Renacimiento, en apariencia era como si no tuviera nada que ver una cosa con la otra, pero siempre subyacía un hilo conector.

- ¿Qué pasó cuando se vendió VCC?
- La venta de VCC nos afectó mucho a todos: yo tenía un contrato para producir y realizar el programa, con un sueldo, y la logística me la aportaba el canal. De modo que "mudarme" a Films & Arts me afianzó en la convicción de que es muy difícil hacer en este país un programa bueno para cable: producción y marketing a la vez es imposible. No se puede estar en la misa y en la procesión: hacer las copias en VHS, ir a reuniones, hablar por teléfono. Yo no tengo presupuesto para montar una productora.

- ¿Y cómo fue el arreglo con  Films & Arts?

- Ellos  simplemente te pagan la conversión a NTSC que hacen en Miami, porque el programa se trasmite desde allá a toda Latinoamérica. El canal es Bravo, está en Nueva York y la programación se subtitula en castellano y se pasa a Latinoamérica desde Miami, adonde yo tengo la obligación de remitir los materiales con tiempo para que ellos hagan la conversión. Pero es matador trabajar así, contra reloj.

- ¿Eso significa que se está replanteando, por lo menos, cuestiones operativas?
- Tengo que encontrar la forma de financiar los documentales y tener más tiempo para producir y para editar. No quiero hacerlo más como un programa semanal, porque es un documental... y cuando veo las cosas que se esponsorean acá... me dan ganas de irme a otro país. Porque a mí me dan siempre el argumento de que "es muy cultural, que interesan más las cosas deportivas, o no se qué" (su modo de arrastrar las últimas sílabas de las palabras les pone una carga de parodia irresistible). Se pone seria y sigue: De modo que se me hace muy difícil conseguir auspiciantes; además tener que reunir una serie de requisitos administrativos: presentar facturas y ese tipo de cosas... después te pagan con muchísimo retraso. Y si te pagan seis meses después tenés que estar financiando de tu bolsillo.

-¿Y cómo sería una producción ideal?
- En este caso se me complica porque los americanos no te permiten inserts: yo no puedo agregar fragmentos de películas, por ejemplo; solamente puedo usar imágenes de archivos fotográficos o de pinturas. Y a mí me gustaría tener otra relación con el trabajo: horarios más normales (a veces citan a dos personas de distintos programas al mismo horario para editar y una se tiene que ir), con tiempo para pulir las cosas como a mí me gusta, trabajando con gente capaz Y que alguien se haga cargo de las cuestiones financieras y operativas básica.

La programación de julio se inició con Franz Liszt , uno de los compositores más fascinantes de la historia de la música, con la participación de los especialistas László Kurucz y Rafael Ferreyra que señalan con acierto aspectos de la vida y obra del compositor de modo que su imagen cobra relieve desde los negros y los sepias del documento. Así el espectador se entera de que Liszt inaugura la idea de que al pianista hay que verlo y las anécdotas dan cuenta de que «era un piropeador consuetudinario', que «no pudo casarse con la mujer que amaba' y que «había mujeres que juntaban las colillas de los cigarrillos que él fumaba en sus conciertos para terminarlas después'. Y a modo de separadores de lujo, intérpretes de distintos países ejecutaron su música: Shih Fen Chen, «Estudio para piano Nro. 3; Angel Di Piero, «Rapsodia Húngara nº 8»; Claudio Arrau, “Prelude”.Y mientras los datos de color no distraen de valoraciones técnicas -llevó el juego de las octavas al grado de máxima dificultad: dos dedos que tocan dos notas contiguas, mostrados con acierto en primeros planos- una pregunta queda flotando:

- ¿Cómo tuvo tiempo ese hombre para escribir 765 obras?

- La UNESCO declaró a seis iglesias misionales patrimonio cultural de la humanidad -aclaremos que esto no significa apoyo financiero de ningún tipo- y a raiz de los hallazgos de material musical se hizo un festival en 1998 y fui, cuenta Molina. «Volví con treinta tapes que después no edité porque mi regreso de Bolivia coincidió con el cierre de VCC, agrega; pero ese rico material se constituyó en el nudo central de la programación de Films & Arts durante junio del 2000.

En ese encuentro se interpretaron las partituras que se mantuvieron a través de los siglos como forma de cultura viva de los indios chiquitanos que fueron los habitantes de las misiones jesuíticas del oeste boliviano. Los jesuitas estimularon el desarrollo en esas comunidades de una aptitud musical que hoy despierta el interés de musicólogos y antropólogos. Allí está el repertorio misional o catedralicio más grande de Latinoamérica, pondera. También cuenta que los indígenas conservaron durante siglos -los jesuitas fueron expulsados en 1767- una importante iconografía religiosa y escrituras musicales: Es común ver a un viejito tocando un instrumento, frente a un atril con partituras y a un niño dando vuelta las páginas pentagramadas, como si el hombre leyera la música.

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Fuente: Tuxys

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