Las obras de Luis Grosclaude representan el espacio y el tiempo del juego. Sus imágenes provocan sonrisas, sorpresa y ternura porque nos remiten al país de la infancia. Ya sea en cuadros o en objetos escultóricos, Grosclaude crea formas que juegan a ser animalitos, vehículos, artefactos, tótem, todos resueltos de manera tenazmente visual, aparentemente simple y sobre todo en un clima grato y muy refinado. "No soy un realista puro, ni tampoco un abstracto; lo cierto es que tengo una figuración medio escondida.
En mis obras se pueden encontrar elementos morfológicamente ligados al mundo cotidiano -por ejemplo pájaros, peces, vehículos-, porque creo que el vínculo con la naturaleza es saludable, es un cable a tierra que permite identificar la imagen. Tuve momentos anteriores en que manejé una abstracción más cerrada, pero abandoné esa línea porque no quise quedarme en un estilo excluyente, demasiado intelectual. No quise que el espectador se quedara sin comprenderme."
Grosclaude
pinta desde hace unos 30 años, en una línea de permanente
exploración y evolución estética. No
se permitió nunca el conformismo ni la facilidad de repetirse.
Su quimera continúa siendo llegar a la imagen pura, sin connotaciones
sentimentales ni ornamentales ni literarias. Sus logros evidentes: una palpable
corriente de simpatía entre la obra y el contemplador, gracias a una propuesta
plástica antisolemne basada en formas y colores en deliciosa armonía.
A lo que hay que sumar una buena dosis de ingenio y fantasía que se afianzan
según aumenta la sabiduría y madura el dominio técnico.
El estilo, en consecuencia, se torna más y más diáfano,
libre, lírico. En sus inicios, Grosclaude trabajó en un lenguaje
realista con fuerte inclinación social y con indudable influencia de Antonio
Berni.
Elaboró una serie de lienzos inmensos
y tristísimos, una verdadera saga sobre los amores y
las desventuras de una pareja muy joven y muy pobre que simbolizaban
a los habitantes de una villa miseria. Pocos años
después Grosclaude abandonó el estilo naturalista
y de protesta. "Me di cuenta de que esa estética,
convertida casi en una apelación política,
me estaba situando en una actitud contestaria fuera de la
plástica, que no me daba libertad expresiva. Empecé a
considerar otros lenguajes más sofisticados, y me
entusiasmé sobre todo con el estilo de Ferdinand Léger." Surgieron óleos
en los que predominaban los contornos negros muy ostensibles
-al estilo Léger- y con fuerte cargazón en
los empastes y en la composición -aportes propios-. "Llegó un
momento en que sentí que el borde negro molestaba
demasiado la imagen, de manera que intenté otras soluciones.
Mi convicción, hasta hoy, es que hay que sensibilizarse
con los recursos propios del lenguaje plástico: básicamente
el dibujo y el color.
Aprendí duramente a dibujar en la Escuela de Bellas Artes y aunque protesté cuando
era muy joven, actualmente creo que mis maestros tenían razón.
Hoy, yo sigo dibujando por compromiso estético, por disciplina y por prolijidad.
Pienso en Matisse, que llegó a unas síntesis maravillosas
con el dibujo." Las obras de estos últimos años son geometrizaciones
de la naturaleza, mucho más sugerentes que obvias, y que piden al espectador
una cierta complicidad para el pleno disfrute. Los cuadros presentan en la zona
central de la tela, como eje temático, un objeto conformado por muchos
planos pequeños yuxtapuestos, pintados en colores netos -rojo, amarillo,
azul y verde- combinados de tal manera que el espectador los percibe de manera
unificada, y destacado de la superficie plana y en color contrastante.
Estos objetos evocan una galería sorprendente de peces tremebundos, tímidos
pájaros, embellecidas hienas, gallitos pendencieros, ómnibus repletos
de arlequines, artefactos bastante estrafalarios.
Las obras de Grosclaude son, en realidad, construcciones
muy elaboradas que nacen de una intencionalidad claramente
artística, trascendente. El disparador puede ser,
un "objeto trouvé" -un tosco pedazo
de madera, jirones de tela, una imagen fugaz entrevista en
la calle-. La elaboración, la transformación
de esos elementos vulgares en obras de categoría artística,
es un desafío emprendido por muchos artistas contemporáneos.

Los resultados son tan desconcertantes que no hay palabras en el vocabulario del arte para describir estos nuevos productos de la creación. Los objetos escultóricos realizados con materiales de descarte y con un enfoque primitivo, se encuentran a una distancia sideral de las esculturas tradicionales hechas en mármol, bronce y maderas nobles. Por eso se los llama sencillamente "bricolages" y no se sabe muy bien dónde ubicarlos. Pero es arte mayor sin duda, y se espera que los aficionados al arte vayan acostumbrando sus ojos a estas formas antisolemnes, novedosas, traviesas, que enriquecen el panorama del arte. "Mis objetos escultóricos son ensambles realizados con mucha paciencia y dedicación. Por su forma, aluden a un tótem, o a una cosa animal.

Estoy tratando de producir bichitos -yacarés, sapos, aves-, lo que me permite construir la obra apoyándome en alguna referencia objetiva: tiene cuatro patas, o tiene dos, o tiene aletas, o alitas... Todo esto me divierte, me hace sentir unido a la naturaleza..."Recorremos el taller de Luis Grosclaude, en una antigua casa del viejo Palermo porteño. Nos saludan un cocodrilo hecho en papel misionero que trata vanamente de amedrentarnos, y un águila nos sonríe con simpatía mientras algunos parientes suyos toman sol en la terraza. Un poco alejado, un tero de rara elegancia, las patas blancas y el cuerpo multicolor, contempla recostado contra una pared: es un dandy. Un albatros sobrevuela literalmente el ambiente, en tanto que la mitad semidestruida de un inmenso disco de madera que alguna vez sirvió para enrollar cables -"he aquí un verdadero "objet trouve"!- se ha transmutado en una poética gaviota roja que invita a fantasear.Toda la obra de Grosclaude, sean cuadros, relieves o esculturas, se caracterizan por el perfecto balance entre figura y fondo, entre formas y colores, entre colores y materiales.
Una conducta profesional férrea, un sistema sólido de conocimientos sustenta cada obra. "Para lograr mi objetivo artístico, entiendo que los elementos plásticos no pueden ser excesivos. Yo no soy obsesivamente riguroso, pero siempre trato de encontrar el equilibrio en las obras que realizo."Traviesas y refinadas, las obras de Luis Grosclaude iluminan el más solemne rincón en que se ubiquen, y al más taciturno rostro que las contemplen. Están dotadas de cierta irreverencia y construidas con sutileza y honestidad, por alguien que toma el humor como algo muy importante. Más aún, interrogado el artista sobre el sentido profundo de su ser y hacer, concluye que "la pintura es una necesidad sentida, una inevitable exteriorización emotiva."
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