Poco tiempo después, el Phonofilm fue adquirido por la empresa Cinematográfica Valle. El director de la compañía, Federico Valle, decidió rodar cortometrajes que complementaran el programa de los cines como una forma de obtener nuevos ingresos. Eduardo Morera -un galán del cine mudo devenido en realizador del noticiero Film Revista Valle- fue el encargado de filmar los primeros cortos. La idea inicial fue realizar musicales con los ídolos populares del momento. Y el primero en ser convocado fue Carlos Gardel.
En principio -tal vez por el mal recuerdo de Flor de durazno- el Zorzal no estuvo de acuerdo con el proyecto. Con alrededor de 110 kilos de peso, se veía muy gordo para la pantalla. Su aceptación llegó después de una reunión con Razzano -entonces su representante-, su amigo el jockey Irineo Leguizamo y Morera. Tras esta charla, primó la apuesta por la intuición y el riesgo que lo caracterizó en otros momentos decisivos de su carrera[xi]. Decidió ponerse en forma y para ello se transformó en un asiduo concurrente al gimnasio de la Asociación Cristiana de Jóvenes.
Si bien el entrenamiento dio sus frutos, Gardel no terminó de entusiasmarse con las filmaciones hasta ver los primeros resultados. Una prevención lógica si se tienen en cuenta las condiciones rudimentarias de rodaje.
Entre octubre y noviembre de 1930 se realizaron los quince cortos que contenían temas cantados por Gardel. Los estudios -ubicados en un galpón en México 832, entre Tacuarí y Piedras- tuvieron que ser acondicionados para la nueva experiencia. Debido a que se trabajaba con grabación de sonido directo se tomaron algunas precauciones para asegurar el aislamiento sonoro, aunque las soluciones elegidas fueron bastante primitivas.
Morera adquirió un género utilizado para trapo de piso y lo recubrió con una sustancia que los bomberos usaban para sortear la acción del fuego. El resultado de este sencillo procedimiento debió haber sido alentador ya que después se lo aplicó en los estudios de Radio Belgrano y en los Río de la Plata, de Francisco Canaro.
Para tapar el sonido de la cámara Bell & Howell que se utilizó en el rodaje, se recurrió a un simple almohadón, prestado por una vecina del estudio. La precariedad de la producción también afectó el proceso de revelado, donde se perdieron cuatro cortos[xii]. Los temas cantados por el Zorzal criollo, que todavía pueden apreciarse en esta suerte de anticipo del videoclip, son: Viejo smoking; Rosas de otoño; Yira yira; Mano a Mano; Tengo miedo; Añoranzas; Canchero; Enfundá la mandolina; Padrino Pelao; El carretero y El quinielero[xiii].
En los primeros, dos el acompañamiento es de la orquesta de Francisco Canaro, y en los otros el cantante es secundado por sus guitarristas. Constituyen una pequeña muestra de la amplitud del repertorio gardeliano, ya que hay valses, tangos, canciones camperas y hasta tangos humorísticos como Enfundá...
En algunos casos, la interpretación es precedida por un diálogo o una situación. En este sentido, el más elaborado de todos es Viejo smoking, donde tiene lugar un paso de comedia, la primera obra de ficción del cine sonoro argentino en sistema óptico[xiv]. Una joven gallega (Inés Murray), enviada por la dueña de la pensión, reclama al personaje de Gardel los alquileres atrasados. este se queja por la angustiosa situación económica que atraviesa hasta que llega un amigo (César Fiaschi) que le propone -agotados todos los recursos- empeñar el smoking guardado en el ropero. El deudor se niega a deshacerse de la prenda y la situación da pie a la interpretación de Viejo smoking, en una versión adaptada a la pantalla. Gardel recita algunos versos de la canción que en el disco son cantados y hasta elimina unas estrofas.
