La historia de las cantantes de jazz podría dividirse en dos, y no precisamente por una cuestión temporal. En nuestro concepto, existen dos momentos perfectamente diferenciables: Ella Fitzgerald y el resto. Ella Fitzgerald pudo mantenerse a lo largo de las décadas --nació en 1917 y murió en 1996-- en lo más alto del Olimpo de las cantantes de jazz debido a un increíble profesionalismo y a un talento inigualable.
Billie Holiday, la otra gran dama del jazz, sobre la cual hablaremos en la segunda parte de la nota, tuvo muchos problemas personales que no le permitieron permanecer de la misma manera. Lo suyo era pura entraña.
Ella Fitzgerald, como la mayoría de los negros en los EE.UU., durante muchos años y aún hoy en día, nació muy pobre. Este simple hecho bastaría para demostrar a las claras los méritos de Ella: nació pobre, negra... y mujer, el 25 de abril de 1917 en Newport News, Virginia, al sur de los EE.UU., un estado bastante inclinado al esclavismo.
Más tarde se mudó a Yonkers, con su padrastro y su madre.
Muy poco en realidad se conoce de su infancia pero la biografía
que más la idealiza sostiene que, después de la muerte
de su madre, Ella escapó de su padrastro, quien abusaba de
ella.
Así fue como empezó a hacer algún dinero en el
Harlem: cantando y bailando en las veredas, y avisando a las prostitutas
cuando se acercaba la policía.
Mientras la música de las Boswell Sisters suena en la radio, Ella se presenta, a raíz de una apuesta con otras dos amigas, en un concurso para jóvenes talentos de la Meca de la música negra. Se anota para bailar vestida con botas de cowboy. Ella quería ser bailarina. Pero es en ese preciso momento en que el destino, Dios, Alá, los planetas o vaya a saber qué, se hizo presente de forma mucho más que concreta en la vida de este jovencita de 17 años que fue, según sus propias palabras, prácticamente obligada a cantar a último momento. "Salí al escenario y al ver a toda esa gente tuve un ataque de nervios", dijo. "Bueno, estás ahí para hacer algo", replicó un hombre. "Entonces traté de cantar", recordará más tarde Ella.
Sólo conocía algunas canciones pero con un soplo de
inspiración divina comenzó con "Judy" y "The Object
of my Affection". Así comenzó su carrera, en forma vertiginosa
y ascendente.
Los efectos de esa noche no sólo la consagraron como una nueva
y brillante vocalista, sino que marcaron al Apollo como un verdadero
"hacedor" de estrellas negras.
Al año siguiente, Chick Webb le ofrece cantar en su orquesta. La orquesta de Chick Webb era lo más top de los tops de ese momento. "Al principio, Chick tenía un hombre como cantante y no quería una mujer". Entonces me dijo "Mañana tocamos en Yale, tomate un autobús hasta ahí y si les gustás, te quedás en la banda". Pero a pesar de que todo fue bien, Ella todavía tenía que audicionar para el manager de la banda, Moe Gale. En la audición Chick le dijo a Gale: "No la mires, sólo escuchá su voz". Ella irradiaba belleza, física, mental y espiritual. Después de escucharla cantar, Gale se quedó sin palabras y la contrató para su primer trabajo profesional. Chick se convirtió en su padre espiritual y su mentor.
Cantando canciones de enfermeras Ella ya había ganado cierta popularidad antes de grabar "A Tisket a Tasket", en 1938. Feldman creó esa canción para ella, aunque la idea original le pertenecía a Ella. Era perfecta para su edad y para su estilo y fue su canción más popular por varios años, y la número uno para el repertorio de Chick. Fue el éxito más grande del Hit Parade por casi un año. Es una gran canción pero cantada en forma demasiado seria para ser una canción de enfermeras. El original es nada comparado con las versiones más tardías, que superaban a las primeras. A los 20 años de edad, Ella ya era una leyenda en Harlem y su voz sonaba al sur de la calle 125 también, algo que hasta ese momento sólo podían hacer algunos hombres famosos como Cab Calloway y Duke Ellington.
Ella Fitzgerald