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El diseño de los objetos cotidianos o lo que podemos aprender de una lavadora

Alberto Cairo | 18.Noviembre.06 |
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TDOET propone algunas bases para un buen diseño que se resumen en las dos máximas resaltadas en la última parte del libro: "asegúrate de que el usuario pueda averiguar qué hacer y de que se percate de lo que está sucediendo".

Es decir: haz visible lo importante, proporciona feedback y procura que de forma natural sea posible hacerse una idea de para qué sirve y cómo se usa tu dispositivo (Norman habla de "modelos conceptuales").

Visibilidad implica que todo aquello que sea importante para la interacción con el dispositivo esté a mano a primera vista. O, según la definición más técnica de TDOET, es el factor que vincula "las acciones previstas con las operaciones realizadas". El feedback -"enviar información sobre qué acción ha sido realizada y cuál ha sido su resultado"-, por su parte, también es fundamental para que el usuario no se pierda y toma formas muy diferentes, desde señales acústicas hasta sensaciones táctiles.

Norman dedica mucho espacio a explicar de manera muy básica cómo funcionan el razonamiento y la memoria en nuestra relación con los objetos cotidianos y cuáles son los factores que nos conducen a cometer errores con ellos. Y propone muchas soluciones de diseño para impedirlos.

Las restricciones, por ejemplo, resultan esenciales. Mi lavadora dispone de una muy inteligente: cuando se pulsa el botón de "encendido y apagado", uno debe esperar un par de minutos para abrir el tanque y sacar la ropa. ¿Qué ocurriría con alguien como yo de no existir esta restricción? Que con seguridad inundaría la cocina todas las semanas. Otro ejemplo expuesto en TDOET es el de los cajeros automáticos, que obligan a retirar la tarjeta antes de que recojas tu dinero para evitar que la olvides.

A pesar de que el libro se ha quedado viejo y pide a gritos una reescritura (han pasado muchas cosas en 16 años), sus principios están vigentes. Norman nos habla de lavadoras, puertas imposibles, teteras para masoquistas y máquinas de escribir, pero sus conclusiones son aplicables a cualquier cosa que deba ser manipulada por un usuario para conseguir un objetivo, desde un ordenador hasta una infografía interactiva, pasando por una página web o incluso el panel de control de una central nuclear: que sea fácil de usar. Y es que el diseño basado en el sentido común es universal.

Lidiando con las emociones

Muchos años después de que The Design of Everyday Things se haya convertido en un best-seller, Donald A. Norman lanza al mercado su continuación, Emotional Design, en la que matiza muchas de las conclusiones del clásico.

Confiesa que, influenciado por los rápidos avances de las neurociencias y la psicología cognitiva, ha "cambiado" porque percibe la enorme importancia que las emociones tienen en nuestro día a día, hecho que no contempló en su libro más conocido.

Somos seres racionales pero no todas nuestras acciones están guiadas por la porción lógica de nuestro cerebro. De hecho, son sólo una pequeña parte de las que emprendemos. Como todavía estoy en proceso de lectura ahí va la tesis principal del libro: los objetos atractivos son más fáciles de usar precisamente porque son atractivos. La discusión sobre estética vs. funcionalidad muerta para siempre. Por fin.

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