8 de Marzo: Balance de la Situación

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Cada año, el 8 de Marzo para las mujeres en todo el mundo llega el día del balance, para ver si “el paraíso”, en el cual las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres de vivir una vida digna, ha finalmente llegado.

Y cada año la respuesta es la misma: “No, no hemos llegado todavía al paraíso“.

Los políticos, humillados por la brutalidad de los datos estadísticos, se dedican rápidamente a calmar los ánimos y hacer nuevas profecías sobre la llegada del paraíso.

Bueno, un nuevo año ha transcurrido y otro 8 de Marzo llegó, sin que las cosas hayan cambiado sustancialmente…

Algunos índices que permiten hacer una evaluación global

Los últimos datos sobre la disparidad salarial en América Latina y el Caribe son reveladores. Según estadísticas de la CEPAL, todavía hay una diferencia de 21,4 % (diferencia que, en los países del MERCOSUR, es del 26 %) en contra de las mujeres. No son raros los casos de mujeres en posiciones de liderazgo que ganan menos que sus subalternos masculinos, aun en países desarrollados.

En la revista Gestión de enero-febrero de 2003, Margaret Hefferman, CEO de CMGI, comenta: “Durante años fui la única mujer CEO (presidente ejecutivo) en la empresa. Pero tuve que leer un informe a los accionistas para descubrir que mi salario era el 50% del de mis contrapartes hombres”.

Una análisis hecho por Daniel M. Jiménez bajo el título “Género, previsión y ciudadanía social en América Latina”, publicado en el junio pasado en la serie “Mujer y Desarrollo” también de la CEPAL, llega a la conclusión de que, aún en las sociedades desarrolladas, la mujer se hace cargo del cuidado de los mayores, lo que determina, o bien su exclusión del mercado laboral o la necesidad de enfrentar mayores dificultades que los hombres para conciliar roles productivos y reproductivos.

Al mismo tiempo la autora Silke Staab, en otra publicación de la misma serie (“En búsqueda de trabajo. Migración internacional de las mujeres latinoamericanas y caribeñas”, Octubre 2003) destaca que en las últimas décadas, la gran emigración hacia países con mayor desarrollo económico que ha experimentado la región, se caracterizó, a partir del decenio de 1980, por un creciente predominio femenino.

Entre los rasgos e implicaciones particulares que distinguen la migración femenina de la masculina, se destacan su segregación ocupacional en empleos precarios y con alto riesgo de explotación, así como su mayor vulnerabilidad durante el proceso de traslado, particularmente si se trata de tráfico de personas.

Algunas lecturas sobre el estado actual de la igualdad de oportunidades son contradictorias. Mientras que Antoinette Rüegg, presidenta internacional de BPW (Business and Professional Women), comentó en una entrevista previa con “Mujeresdeempresa.com” que en América Latina “c uando hay una crisis económica, la lucha empieza de nuevo, con el resultado que muchas mujeres regresen a sus familias porque la competencia es muy fuerte.” Conversando con empresarios en la región se escucha muchas veces (“dicho entre nosotros, solamente”) que es más rentable contratar mujeres en épocas de crisis porque “no hay que pagarles tanto como a los hombres”.

En ambos casos la consecuencia es la misma: Discriminación estructural, que ocurre todos los días a pesar de los pequeños pasos ya dados y las iniciativas tan importantes como, por ejemplo, el proyecto “Gobernabilidad Democrática e Igualdad de Género en América Latina y el Caribe”.

El objetivo de dicho proyecto es “desarrollar y apoyar iniciativas destinadas a eliminar los obstáculos políticos y electorales que limitan la plena participación de la mujer en el proceso de adopción de decisiones; apoyar y mejorar las iniciativas destinadas a satisfacer la necesidad de las instituciones sensibles al género a escala local, en el contexto de los procesos de descentralización, y desarrollar y mejorar la capacidad de promoción y formulación de políticas de los mecanismos nacionales en el marco de la reforma del Estado y del sistema de gobierno de ciertos países seleccionados.”

A pesar de la gran cantidad de iniciativas importantes, como la anteriormente mencionada, no se ha dado ningún gran paso y parece que no fuera a darse pronto. Según estimaciones realizadas por la ONU a principios de los a ñ os 1990, el equilibrio entre mujeres y hombres es un asunto que tomará unos 500 a ñ os más, ya que el fondo patriarcal de nuestras sociedades funciona casi como un discurso básico inherente, impreso en nuestras mentalidades y los modos de percibir y “pensar” nuestro mundo. Este pronostico bastante pesimista frente a los partidarios del lema “Speed kills” causa dudas sobre la idea de cada generación de considerarse la más desarrollada y capacitada para resolver los problemas de las anteriores.

Pero lo paradójico reside en la siguiente ironía: En el mundo del siglo 21 somos capaces de identificar las estructuras celulares hasta límites insospechados, podemos – por lo menos en teoría – hacer clones de cada mujer y hombre del globo otorgándoles las cualidades físicas que querramos pero, lamentablemente, no sabemos cómo hacer para coexistir de forma balanceada y en concordancia con ese nivel de civilización, que implícitamente ya consideramos logrado cuando hablamos sobre el avance de nuestras sociedades.

Es decir que a pesar de todos los desarrollos en las áreas científicas y tecnológicas, que dan una pauta del estado cultural de las sociedades que las originan, continúan imperando conductas de la edad de piedra.

Según un estudio recién de la WHO (World Health Organization) de la ONU mueren actualmente más mujeres a causa de la violencia doméstica que a causa de guerras, choques de tránsito, cáncer y malaria juntos (!). La organización de derechos humanos “Amnesty International” considera el tema de la violencia contra las mujeres el “escándalo contra los derechos humanos de nuestra época”. Entonces, definitivamente ni siquiera nos acercamos al paraíso ¿estaremos todavía en el purgatorio? (¿durante 500 años?)…

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Markus Leiter es un periodista austríaco realizando una pasantía en Mujeres de Empresa. En Viena se desempeña en la Agencia Austríaca de Prensa (APA).